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Brujas en la España Germánica:
Identidad, poderes y narraciones en un “pueblo de brujas” de España

Cuando el Odinismo está en plena reivindicación Je la población– reminiscencias de la creencia que generaciones pasadas tenían sobre la existencia real de la brujería. Se guarda una casuística de brujas muy generosa; pero, al igual que en otras comarcas o regiones españolas, para muchas personas esta creencia es síntoma de incultura y subdesarrollo. Hay quienes temen hoy reconocer estas creencias por considerarlas heredad de la ignorancia, sin saber que en realidad son un elemento más de la cultura no material trascendente y arquetípica de nuestro pueblo.

En la actualidad, se llevan a cabo numerosos proyectos y programas para preservar y dar a conocer la cultura tradicional en lo relativo a la indumentaria típica, al folklore musical o a la artesanía; sin embargo, el tema de la magia y las supersticiones ha sido desprestigiado. Dado que el pensamiento mágico sobrevive aún en el medio rural español, se deben promocionar y financiar, desde las diferentes instituciones nacionales y regionales, los estudios relativos a la investigación sobre las creencias y prácticas supersticiosas. Se han de llevar a cabo estudios encaminados a analizar el pensamiento mágico de las comunidades rurales.

En España aún existen comarcas en las que es posible encontrar manifestaciones de la creencia en la existencia real de las brujas. En la comarca conocida como “Arribes del Duero” (oeste de las provincias de Salamanca y Zamora), una zona apartada y muy aislada hasta mediado el siglo pasado, las brujas constituyen el tema más recurrente de las historias que se cuentan y contaron. Historias “reales” de brujas y zánganos (nombre que reciben los brujos o asistentes de la bruja), de aquelarres y de metamorfosis para adoptar diferentes formas (ver Panero (2005), pp. 114–120 o Blanco (2009), p. 50).

De entre las localidades de este territorio fronterizo, destaca el pueblo salmantino de Villarino de los Aires (41º16’12’’N – 6º28’05’’O), reconocido en siglos pasados como un importante “pueblo de brujas” (Blanco (1992), p. 100) y del que existen referencias bibliográficas que parecen convertirlo en el más representativo a mediados del siglo pasado.

El padre agustino César Morán, miembro, entre otras, de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria, en su obra Reseña histórico-artística de la provincia de Salamanca (Morán (1946), p. 138), aunque sin alusiones directas a la brujería, decía:

“Hasta mediados del siglo XIX podrían relatarse sucedidos como los siguientes: Alguna vecina viuda, cuando se ve atribulada por una contradicción de la vida, va al cementerio, pica a la puerta y, aunque el marido no conteste, le va diciendo a voces todo lo que le pasa, como si el otro la oyese. O también, sin ir a la puerta del cementerio, aprovechan el viaje que va a hacer uno que acaba de expirar, y le encomiendan que diga tales y cuales cosas a otra persona querida que lleva ya varios años en el otro mundo. … en Villarino, muy aislado hasta el siglo XX, todo se estaciona, las modas, los modos y los sentimientos”.

Por su parte, el Párroco de Villarino –D. Juan Manuel Hernández– a mediados del siglo pasado (Hernández (1952)) refrendaba la creencia en las brujas, e informaba así de sus afanes por luchar contra una tradición más fuerte que la coherencia doctrinal:

“Hay en este pueblo una creencia tan aferrada a la existencia de las brujas, que por mucho que trabaje es difícil desarraigarla. ¡Y cuidado que en el Catecismo de adultos la combato con todas mis fuerzas!, y lo mismo en las conversaciones particulares, etc…”.

En ese mismo texto, después de exponer una serie de ejemplos acerca del poder que atribuían a las brujas aquellas gentes, “que cualquier contratiempo y hasta enfermedades podían causar”, termina diciendo:

“…procuraremos trabajar todo lo posible para que desaparezca”.

Posteriormente (Hernández (1953)), presentó un listado de creencias de los habitantes del pueblo como respuesta a diferentes preguntas relativas a la brujería, tales como: ¿cómo se conoce a una bruja? o ¿en qué lugar se reúnen? En esos mismos años, Luis L. Cortés y Vázquez (1955, p. 16) escribió sobre la posibilidad de que sus habitantes, si no sabían dónde se metían y no andaban prevenidos, fuesen víctimas casi seguras de un aojamiento (nombre que muchas personas de la zona dan al mal de ojo), y que se trataba de un pueblo en el que aún ocurrían cosas extraordinarias sólo imputables a las brujas, pues precisamente era en esta localidad donde todas las de la comarca de Las Arribes (Salamanca) y de la vecina comarca de Sayago (Zamora) celebraban sus aquelarres, exactamente en el Valle de Zarapayas (Cortés y Vázquez (1955), p. 13). Desde aquellos textos, en más de 50 años no se ha escrito al respecto. Apenas Luis Falcón en su Viaje a Villarino incluye un apartado relativo al aquelarre en Zarapayas la noche de San Juan, claramente relacionado con dichos autores y textos (Falcón (2001), p. 85–91). No obstante, aún hoy en día son patentes ciertos hábitos de los habitantes de mayor edad relacionados con la creencia en la existencia real de brujas.

Por todo ello, los objetivos del presente estudio son:

(1) caracterizar la identidad que se guarda de las brujas en la memoria colectiva en la actualidad,

(2) definir los diferentes poderes que se les atribuyen, y

(3) recopilar por escrito aquellas narraciones más representativas.

  1. METODOLOGÍA Siguiendo la metodología propuesta por Blanco (1985,pp. 45–53), en 2009 se realizó una encuesta con el objetivo de obtener una aproximación al imaginario colectivo de las gentes de Villarino de los Aires en relación con las brujas y sus poderes. Se entregó un cuestionario, para rellenar de forma anónima y unipersonal, con las siguientes preguntas referentes a la creencia en brujas, su identidad y poderes atribuidos:

 – ¿Existen o han existido las brujas?
– ¿Cómo son, o cómo eran, las brujas?
– ¿Qué hacen o hacían las brujas?
– ¿Qué se hace o hacía para saber si cierta persona es o era bruja?
– ¿Se pueden transformar las brujas? ¿En qué y con qué finalidad?
– ¿Dónde y cuándo se reúnen o reunían las brujas?
– ¿Cómo, cuándo y a quién transmiten o transmitían sus poderes las brujas?

Todas las personas encuestadas (84, aproximadamente un 10 % de la población censada con mayoría de edad) son nacidas y residentes en la localidad de estudio, de diferentes edades, de ambos sexos y diferente nivel educativo. Asimismo, de forma complementaria se ha entrevistado a cinco informantes con un gran nivel de conocimiento relativo al patrimonio natural y cultural de Villarino de los Aires. Mediante 10 entrevistas semiestructuradas se han confirmado los datos aportados por los encuestados, y se ha buscado explicación a ellos.

  1. RESULTADOS Y DISCUSIÓN

2.1. Caracterización de las brujas
La bruja de Arribes del Duero fue descrita por Cortés y Vázquez (1955, p. 13) como sigue:

“Es una bruja de campo. …No ve concurrida su casa, porque ni echa las cartas, ni la quieren sus convecinas. Acude puntualmente a sus aquelarres y obra en consecuencia malingrando bestias o personas, colándose de rondón en las bodegas, convenientemente transformada en perro o gato, y lo más que suelen alcanzar son algunos palos que, recibidos por ellas cuando están transformadas en animal, se acusan luego en su persona humana, coincidiendo la parte herida con la que bajo la forma animalesca recibiera el vapuleo”.

Aunque algunos informantes afirman que las brujas son “espíritus malignos” (según lo revelado” por el párroco ya citado), en Villarino de los Aires son identificadas, y lo han sido tradicionalmente, como simples y pobres viejas del pueblo, encorvadas, feas, vestidas siempre de negro y con el pelo blanco. Asimismo, son caracterizadas por una conducta asocial y ser envidiosas y vengativas. A estas mujeres, algunas de las cuales contaban con la colaboración de “zánganos” o ayudantes, no se les permitía besar a los niños ni la entrada en casa o dependencias del ganado, evitando así su maléfico influjo y el temido mal de ojo.

Por otro lado, en relación al reconocimiento de una determinada mujer como bruja, la información recogida apunta hacia la subjetividad colectiva. Se han recogido frases como: “a las brujas siempre se las marcaba por razones sociales”; “se decía que una mujer era bruja, y lo era hasta que se moría”; “no había pruebas, se decía que la tía Fulana era bruja y punto”; “se decía que la tía Tal o la tía Cual era bruja por sospecha y por su comportamiento con los demás”; “por intuición o por que otra persona te lo dice” o “tienen una mirada especial”. Asimismo, algunos informantes han aportado la existencia en el pasado de “métodos de reconocimiento”; así, se podía saber si determinadas mujeres eran brujas en la iglesia. Cuando el cura echaba la bendición o levantaba el cáliz desaparecían, y, en cierta ocasión, el cura olvidó cerrar el misal y dos mujeres con “fama brujeril” no podían salir de la iglesia. Por su parte, un informante de 76 años describe el siguiente método: “se colocaba un cedazo de canto, se clavaban unas tijeras en el aro de madera y dos personas lo sostenían metiendo cada una de ellas su dedo corazón por un ojo de la tijera. Si la persona de la que se sospechaba era bruja «bailaba» el cedazo”.

En cuanto a la localización de sus reuniones y aquelarres, la mayoría de los informantes (69 %) indican que se reunían en el Valle de Zarapayas (situado a unos dos kilómetros al norte del pueblo). Asimismo, tres de ellos informan acerca de la existencia del siguiente dicho: “En Zarapayas, por debajo de nogales y por encima de zarzales”.

2.2. Poderes atribuidos a las brujas

Al igual que en pueblos vecinos (Blanco (1992), pp. 59-77; Panero (2005), p. 113), en Villarino de los Aires se reconoce a las brujas la popular capacidad de transformación a voluntad en animales, empleada con el único fin de inmiscuirse en la vida de los demás (“pretenden enterarse de todo lo que hacen los vecinos”; “pueden hacerte todo el daño que quieran, pero no pueden robarte nada”). Fundamentalmente se transforman en gatos, en especial negros. La gran mayoría de las personas que han participado en el estudio informan sobre ello, generalmente en alusión a sus padres y abuelos. Pero también se ha reportado la transformación en otros animales, tales como perros (5 informantes), gallinas (4), gallos (2), polillas (2) o pollitos (1).

Asimismo, además de formas animales, y como han recogido otros autores en diferentes zonas de Arribes del Duero (Blanco (1992), p. 75; Panero (2005), p. 133), una metamorfosis frecuentemente citada es la de remolinos de polvo o polvaredas. Conocidos localmente como “puta ciega”, para alejarlos lo más común era hacer una cruz con los dedos de la mano o dibujar una en el suelo y pronunciar el siguiente conjuro: “Puta ciega no vengas aquí, que tengo la cruz de San Agustín”.

Pero el poder atribuido a las brujas más temido es el mal de ojo, citado de forma directa por hasta un 35 % de los informantes. En especial por envidia, echan el mal de ojo a personas, animales o determinadas posesiones. Estropean la matanza o el queso e, incluso, se achaca a ellas que un trabajo o proyecto fracase. Una mujer de 69 años informa: “recuerdo que cuando era pequeña y se hacía queso en casa, algunas veces venía mi padre con la leche y le decía a mi madre: «– Pues, me ha visto la tía Fulana con la leche … ¡coñe!». Aquel día se llegaba el mediodía y la leche estaba tal cual, no había cuajado. Otras veces, mi abuela se preocupaba porque la había visto la tía Fulana echar la flor de cardo y el cuajo de cordero. Aquellos días no cuajaba a su tiempo la leche y se achacaba a la bruja”.

Por último, en cuanto a la transmisión de esos poderes, el conocimiento tradicional de 23 informantes (44 %) indica que la supuesta bruja lo hace en su lecho de muerte, concretamente cede sus poderes a la persona que le coja la mano izquierda en el momento de morir. Numerosos informantes aseguran que “cuando se muere una bruja no se le puede dar la mano”, o que “cuando estaba muriéndose no te podías arrimar a la bruja, y mucho menos darle la mano porque te pasaba los poderes”. Existen discrepancias entre los informantes en referencia a qué mano no debe ser dada a la bruja; 19 informantes no especifican, dos citan la mano izquierda y otros dos la derecha. El informante más anciano (98 años) comenta: “se transmiten si le das la mano derecha a la bruja cuando se está muriendo. Si le das la izquierda, le baila un mazo del mortero en la mano”. Por su parte, una mujer de 71 años recuerda una anécdota: “en cierta ocasión, una persona que no quería agarrarle la mano le dio una escoba, en vez de la mano, y se puso a bailar el mango de la escoba”.

En relación a qué personas reciben dichos poderes (la “herencia” como refieren varios informantes), algunos informantes advierten que cualquier persona presente en el momento de la muerte puede recibirlos. Solamente seis informantes hacen referencia directa a los familiares de la bruja, en especial a las hijas de ésta.

2.3. Historias de brujas que se cuentan y contaron

Muchas son las historias de brujas que se han contado en Villarino de los Aires en su pasado reciente. Unas se conservan escritas en unos pocos libros o artículos (e.g. Cortés y Vázquez (1955), pp. 13–14; Blanco (1992), p. 73) y otras se guardan, aún hoy en día, en la memoria colectiva de sus gentes. De entre las narraciones relatadas por los informantes, merecen ser recogidas por escrito, como más representativas, una serie de ellas.

2.3.1. De transformación en animales

Como se ha comentado, entre los habitantes de Villarino de los Aires se reconoce a las brujas la capacidad de transformación en diferentes animales, fundamentalmente en gatos negros.

  1. A un panadero, todas las noches cuando tenía la masa preparada para meterla en el horno, le rascaban en el sobrao y se la llenaban de tierra. Un día, harto de ver estropeado su trabajo, esperó arriba 186 y vio meterse a un gato. Le cascó bien cascao con un garrote y al día siguiente apareció la “bruja” toda jodida y con un brazo vendado. Le preguntó a ésta qué le pasaba en el brazo y ella le contestó: “Mejor sabes tú lo que me pasa que yo”. La misma noche del golpe, pasó un vecino por la puerta y la vio quejándose en el portal, se acercó y le preguntó: “¿Qué le pasa tía Fulana?”, le contestó el marido desde la cama: “Déjala, que si hubiera estado donde tenía que estar, no le habría pasado lo que le ha pasado”. Decían que ella farfullaba: “Al que más pronto le haga yo el cuento, más pronto lo jodo”.
  2. Estaba una noche de verano una familia cenando unos peces en la calle. Un gato se acercaba sigilosamente y les roba un pez; así dos o tres veces, hasta que unos de los hijos le clavo un tenedor en una pata delantera. Al día siguiente la tía Mengana, la “bruja”, apareció con un brazo vendado. Le preguntaron qué le había sucedido, y ella respondió: “Vosotros lo sabéis mejor que yo”.
  3. Una noche, estando una señora en la cocina sentada a la lumbre, llegó una polilla que no hacía más que andarle dando vueltas alrededor de la cara; la espantaba, pero no se retiraba. Cansada, se levantó para coger ciertas hierbas de las que tenía en lo alto de la chimenea y con ellas tirarla al suelo; le decía: “Zorra de los demonios, espérate”. La polilla pilló la chimenea arriba y no la volvió a ver.

2.3.2. De maltrato a animales

  1. Un señor tenía cerdos pequeños para vender y un día fue a verlos alguien para comprarlos, que luego no los compró. Pero un cerdo al que tocó se quedó igual que estaba de pequeño, no engordó. El señor decía: “Aquel hombre que vino…, ése es brujo, seguro”.
  2. A un señor le apareció una mañana la mula con las cuatro patas metidas en la pila de comer los cerdos, y, en otra ocasión, con una pata encajada en un agujero de la pared (bien encanteada que el pobre animal no la podía sacar el solo).
  3. En otra ocasión, iba una familia por un camino a vender uvas y las caballerías no caminaban; estaban apeás. Las soltaron y, al rato, otra vez lo mismo. Era culpa de las brujas.

2.3.3. De maltrato a personas

  1. En cierta ocasión, un señor estaba enfermo y cuando le hacía falta ayuda llamaba a su mujer, pero ella no le contestaba (él la oía desde la cama). El marido le decía: “Ah, bruja de mil demonios, ¿dónde estarás tú?”.
  2. Un viejecito cuenta que su madre le decía: “Hijo mío, por las noches, cuando estoy en la cama, me empieza a subir por los pies un peso que, cuando llega a la garganta, me ahoga”. El hijo se fue a dormir a casa de su madre y le pasó lo mismo; tenía un cuchillo, pero por miedo a clavarse a sí mismo no lo utilizó. Cuando volvió a casa, su mujer le dijo: “Tú allí no vuelves”.
  3. A un señor le ataron la muchacha (su hija) a la puerta y su señora contaba que por las noches “le andaban” las brujas en casa y le tiraban las cosas por la escalera abajo (se levantaba, pero no veía nada ni a nadie).

2.3.4. Una historia relativa al robo y maltrato de un bebé

Por último, ocho informantes (de ambos sexos y mayores de 65 años) relatan una historia, ya recogida en parte por Hernández (1953), que relaciona directamente a las brujas de esta zona del centrooccidente español con la figura de la bruja de la Edad Moderna española (ver Campagne (2008), passim).

A una vecina las brujas le robaron una noche su bebé de la cuna, se lo llevaron consigo hasta el valle de Zarapayas y jugaron con él lanzándolo de unos brazos a otros. Decían cantando:

Tíralo para acá,
tómalo para allá,
que la puta de su madre
bien dormida está.

 

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