La Spania Bizantina

La historia de la España bizantina es el tema de esta entrada en Desde las Blaquernas. Setenta y cinco años de una historia poco conocida, el último episodio del titánico empeño del emperador Justiniano por recuperar los territorios perdidos por el Imperio. Después de la conquista de África a los vándalos y mientras todavía se combatía en Italia a los ostrogodos, una pequeña fuerza expedicionaria desembarca en las costas meridionales de Hispania. De su historia probable e improbable trata esta entrada dedicada al granadino de pro Enrique López Aparicio alias Lopekan. Espero que tú también la encuentres interesante…

La España bizantina (552-625)

Consideraciones previas

La conquista de la Hispania meridional es la última empresa en Occidente de Justiniano I (527-565) dentro de su grandioso programa de la Renovatio Imperii y la menos conocida. A ello no poco ha contribuido la casi nula información contenida en las fuentes históricas contemporáneas. Procopio de Cesarea no hace ninguna referencia en su Historia de las guerras Jordanes sólo cita brevemente a Liberio para señalarlo como el comandante de la expedición que estaba siendo preparada en el momento de composición de la obra.

Ante la falta de informaciones precisas debemos movernos en el terreno de las hipótesis, espigando datos que nos permitan conocer el alcance de la conquista. Dos puntos seguros son Carthago Spartaria (Cartagena) y Malaca(Málaga). Además de esas ciudades Asidona (Medina Sidonia) también fue conquistada, ya que sabemos que Leovigildo la recuperó en 572. La plaza de Sagontia (Gisgonza/Gigonza), al norte de Asidona en la calzada romana hacia Sevilla, también estaba en manos bizantinas, porque los generales de Witerico (603-610) la tomaron durante su reinado. De acuerdo con estos escasos datos puede concluirse que la conquista abarcó la provincia de la Bética al sur de la línea que une Málaga con la desembocadura del Guadalete.

Carthago Spartaria

Reconstrucción de Carthago Spartaria antes de la conquista

En la provincia Cartaginense, además de la capital Carthago Spartaria (Cartagena) fue tomada el lugar de Basti (Baza). Según el testimonio de Juan de Bíclaro, durante la campaña de 570 emprendida por el rey Leovigildo de 570 este saqueó los territorios de Baza y Málaga y rechazó a los soldados bizantinos, aunque sin conquistarlas. Es probable que Baza se perdiese en algún momento entre esa fecha y 589, porque durante el III Concilio de Toledo uno de los asistentes es Teodoro de Baza.

No hay constancia de que Córdoba o Sevilla llegasen alguna vez a estar en manos de los bizantinos, a pesar del estado de rebelión de ambas durante esos años. El tratamiento de los sublevados en las fuentes los califica de rebeldes mientras que los imperiales son siempre denominados milites.

Y ahora comenzamos desde el principio…

Los antecedentes: La conquista de Septem

Durante la rápida campaña en África del Norte que devolvió al Imperio sus posesiones perdidas más de un siglo atrás y que supuso el fin del reino vándalo, Belisario tomó sus medidas para organizar el gobierno de los nuevos territorios. Tras apoderarse del tesoro del rey vándalo Gelimer cuando iba a ser embarcado con destino a Hispania, el general en jefe bizantino envió a sus hombres a ocupar posiciones claves en el Mediterráneo Occidental,  siendo Septem (Ceuta) una de ellas. Esto supuso entrar en conflicto con otro poder político, el de los visigodos, que estaban establecidos en la plaza, una posición de valor estratégico indudable que Belisario se apresuró a asegurar:

Y a otro Juan, uno de los oficiales de su guardia personal, Belisario lo envió al estrecho de Cádiz a una de las dos Columnas de Heracles, para tomar posesión de la plaza fuerte a la que llaman Septo [Ceuta].Procopio de CesareaGuerra Vándala, II, v, 30

La presencia visigoda en Septem puede explicarse por el temor del rey Teudis (531-548) a la agresiva política de Justiniano y al colapso del dominio vándalo. La posibilidad de que el emperador planease una invasión de Hispania no es descartable, a tenor de la reacción de Teudis al conocer por unos mercaderes la noticia de lo que estaba ocurriendo en Cartago:

Gelimer envió embajadores a Hispania, entre los cuales se encontraban Goteo y Fuscias, con el fin de persuadir a Teudis, el soberano de los visigodos, de que concluyese una alianza militar con los vándalos. Tras desembarcar aquellos en el continente después de cruzar el estrecho de Cádiz, encontraron a Teudis en un lugar situado lejos del mar. Después de marchar ellos al interior del país para entrevistarse con él, Teudis los recibió con una disposición amistosa, los agasajó cordialmente y, durante un banquete, como se puede suponer fácilmente, trataba de averiguar cómo iban los asuntos de Gelimer y los vándalos. Pero como los emisarios habían viajado hasta él con bastante lentitud, se daba la circunstancia de que Teudis ya estaba enterado de cuanto les había sucedido a los vándalos, pues un barco de carga que navegaba con fines comerciales, en el mismo día aquel en que nuestro ejército entró en Cartago, se había hecho a la mar desde allí y, encontrando viento favorable, había llegado a Hispania. Y por los tripulantes del barco se enteró Teudis de cuánto había acontecido en Libia y les prohibió a los mercaderes contárselo a nadie más, para evitar que esas noticias llegaran a conocerse por todas partes.Procopio de CesareaGuerra Vándala, III, xxiv, 7-12

La fecha de la conquista de Septem y las Baleares (en la que seguramente estaba apostado un destacamento de la flota vándala) puede datarse entre septiembre de 533 (fecha de la conquista de Cartago) y abril de 534 (constitución de la organización militar de África) y la ocupación por los visigodos de Teudis del año anterior, probablemente como medida preventiva ante las operaciones bizantinas en la región. No es probable que el dominio vándalo llegase más al oeste de Cesarea.

Una vez ocupada la fortaleza sus nuevos dueños tomaron las medidas oportunas para consolidar su dominio, como nos informa Procopio en su De los edificios:

Y en Gadira [Cádiz], al otro lado de las Columnas de Hércules, que se encuentra a la derecha del estrecho, en la costa de Libia, hubo una fortaleza, de nombre Septo [Septem/Ceuta], que edificaron en tiempo pasado los romanos, y el tiempo arruinó, al no ocuparse de ella los vándalos. Y nuestro emperador Justiniano la hizo fuerte por su muralla y sólida por su guarnición. También levantó allí un estimable templo a la Madre de Dios, vinculando a ella el umbral del Imperio y haciendo inexpugnable esta fortaleza para todo el género humano.Procopio de CesareaDe los Edificios, VI, vii, 16
Del mismo modo a la atención de Belisario, generalísimo de Oriente, así pues ordenamos que en el Estrecho que está junto a Hispania, al lugar que llaman Septem, proveas según consideres un tribuno con sus tropas, que sea hombre prudente, responsable y devoto del Estado para que vigile el Estrecho y atienda a lo que ocurre en tierras de Hispania y la Galia y que informe al duque para que este te lo comunique, y que del mismo modo haya en el Estrecho dromones, en la cantidad que estimes conveniente.Código, I, xxvii, 2, 2

Según se establece en la normativa publicada en abril de 534 el tribuno al mando en Septem, calificada en algún momento como el umbral del Imperio, tendría bajo sus órdenes un contingente de tropas o numerus, (entre 200 y 400 soldados) y un destacamento de barcos (dromones) de cuantía a criterio del Magister Militum per Orientem Belisariocon la misión fundamental de vigilar el Estrecho (Fretum Gaditanum) y enviar informes de los espías sobre los acontecimientos en Hispania y Francia a su superior inmediato, el duque de Mauritania, que a su vez los enviaría a las autoridades competentes. En opinión de Vallejo este interés formaba parte de una política a medio plazo por parte del emperador para intervenir en Hispania en el momento en que la coyuntura fuese favorable. De ser así la ocupación de Septem (frente a las costas gaditanas) y Baleares (frente a las levantinas) serían el punto de partida para un ataque múltiple a la península.

Ruinas Ceuta romana y bizantina

Ruinas de Ceuta romana y bizantina

De acuerdo con lo establecido en la legislación justinianea la administración de los nuevos territorios africanos quedaba dividida en dos ámbitos:

  • En la esfera de lo militar Septem estaba bajo las órdenes del Magister Militum Africae, del que dependían las provincias de Tripolitania, Numidia, Bizacena, Cerdeña y Mauritania, todas ellas mandadas por duces. Por la proximidad geográfica es el duque de Mauritania el superior inmediato al que debe reportar el tribuno apostado en Septem.
  • En la administración civil se crea la Prefectura del Pretorio que engloba siete provincias: Proconsular o Zeugitana, Bizacena, Tripolitania, Numidia, Cerdeña, Mauritania I y Mauritania II. Es esta última, también llamada Cesariense de la que parece depender Septem.

Durante los años cuarenta el Imperio experimentó una serie de reveses de gravedad: la peste de 542 que afectó a todo el Mediterráneo y la renovación de la guerra persa entre 543 y 545 se sumaron a los problemas causados en las provincias africanas por el recrudecimiento de los ataques de las tribus moras de Antalas y Cutzinas. Estos en 544 derrotaron en Cillium al Magister Militum Salomón, que murió en la batalla. La rebelión en esos años de Estotzas y Gontaris no hizo sino agravar la situación.

Guerreros vándalos y bizantinos

Guerreros vándalos

Bucelario bizantino

La necesidad de emplear todos los recursos en la defensa del corazón de la provincia por parte del nuevo Magister Militum Juan Troglita (cuyas gestas canta Coripo en su Juánide) y el envío de cualquier posible refuerzo a Italia donde arreciaba la guerra contra Totila es probable que provocasen una reducción del contingente apostado en Septem. La oportunidad fue aprovechada por el rey Teudis alrededor del año 548 para recuperar Septem. Una flota cruzó entonces el Estrecho y ocupó la fortaleza con facilidad.

La respuesta bizantina no se hizo esperar. Isidoro de Sevilla nos ha dejado el testimonio de lo que ocurrió:

Después del éxito de tan feliz victoria [sobre los francos] los godos tuvieron una actuación falta de previsión al otro lado del Estrecho. En efecto, habiéndolo atravesado para ir contra los soldados [bizantinos] que, después de rechazar a los godos habían invadido la ciudad de Septem, cuando estaban  al asalto de dicha fortaleza y en lo más alto del combate, depusieron las armas al llegar el domingo para no profanar el día sagrado con la guerra. Aprovechando por tanto los soldados esta ocasión, se lanzaron en un repentino ataque contra el ejército asaltante y, cercándolo por todas partes, causaron en él tal destrozo que ni uno sobrevivió que escapara al desastre de tal derrota.Isidoro de SevillaHistoria Gothorum, 42

Tras esta derrota y la muerte violenta poco después del propio Teudis cesaron los intentos desde la península por intervenir en África.

La intervención en Hispania

La ocasión para la intervención en Hispania surgió a raíz de la rebelión de Atanagildo contra el rey Agila I (549-555) en 551, aprovechando la derrota de éste el año anterior en Córdoba en una sublevación interna en la que perdió a su hijo y el tesoro real. Las razones pudieron ser de oposición interna (Agila era de origen ostrogodo) y la pérdida de prestigio del rey por la pérdida de su monetario:

Agila es elegido rey y reina cinco años. Este, como llevase la guerra contra la ciudad de Córdoba y por desprecio a la religión católica profanase la iglesia del beatísimo mártir Acisclo y manchase como sacrílego el lugar sagrado de su sepulcro con el horror de sus tropas enemigas y de sus caballos, en el combate que se entabló contra los ciudadanos de Córdoba pagó el castigo merecido con que le castigaron los santos, pues víctima de la venganza de aquella guerra no sólo perdió a su hijo, muerto allí con gran cantidad de tropas, sino también todo el tesoro real, junto con importantes riquezas. El propio Agila, vencido y entregado a la fuga, preso de lamentable miedo se refugió en Mérida. Pasado algún tiempo Atanagildo, que ambicionaba el reino, le usurpó el poder y con su valor militar aniquiló al ejército que Agila envió contra él a Sevilla. Viendo los godos que se destruían en mutua devastación y más temerosos ya de que los soldados [bizantinos] invadieran Hispania con ocasión de una ayuda militar, asesinan a Agila en Mérida y se entregan al gobierno de Atanagildo. […] Asesinado Agila, Atanagildo ocupó el trono, que había invadido, durante catorce años. Este, que deseaba desde hacía tiempo privar a Agila del reino que ya había usurpado, había pedido al emperador Justiniano tropas en su ayuda, que después no pudo echar de sus fronteras, a pesar de sus intentos.Isidoro de SevillaHistoria Gothorum, 45-47

Es probable que el rebelde, radicado en Hispalis/Sevilla, el gran núcleo visigótico en la Bética, subestimase las fuerzas de su rival y muy pronto se vio obligado a recurrir a aliados externos. En el otoño de ese mismo año 551 o el invierno a lo sumo envió una petición de ayuda al emperador Justiniano, posiblemente a través del tribuno apostado en Septem.

Era tiempo. En 552 la iniciativa ya no pertenecía a Atanagildo. El rey Agila envió desde Mérida un ejército para atacar al rebelde en Sevilla. En la primavera de 552 Justiniano envió un ejército a la península, un ejército que debió desembarcar en junio o julio a más tardar. Es muy probable que el recurso al emperador fuese para Atanagildo una medmoneda de Atanagildo con nombre Justinianoida desesperada. Sin duda el rebelde era consciente de las consecuencias que habían traído en el pasado intervenciones similares en África e Italia.

Es muy probable también que la iniciativa no fuese del emperador, que en ese momento necesitaba emplear sus recursos en la guerra ostrogoda. 552 fue el año en que Narsés fue enviado a Italia con un gran ejército para combatir a Totila. Es poco razonable pensar que Justiniano desease desviar tropas de ese gran esfuerzo bélico para dedicarlas a otra empresa a menos que una emergencia de primer orden obligase a ello. La desesperada situación de Atanagildo no permitía demorar la campaña un año o dos a riesgo de asistir a su derrota definitiva. Podemos concluir que fue la desesperada situación del rebelde visigodo la que condujo al envío de una pequeña fuerza expedicionaria en el verano de 552 a las costas de Hispania.

Jordanes en su Getica anuncia así la empresa:

Tras él subió al trono Teodegisclo, que no reinó mucho tiempo, porque fue asesinado por los suyos. Le sucedió Agila, que continúa reinando ahora. Contra él se sublevó Atanagildo, que llamó e su ayuda a las tropas del Imperio Romano y por eso fue enviado allí el patricio Liberio con un ejército.JordanesGetica, LVIII, 303

Tal como relata Jordanes al final de su Historia un civil de ochenta años, el patricio Pedro Marcelino Félix Liberio (c. 465-c.554), fue puesto al mando de la expedición. Liberio era un italorromano colaborador de Teodorico (474-526)que había buscado refugio en Constantinopla tras la muerte de Amalasunta, en vísperas de la invasión de Italia por Belisario. Durante el tiempo de servicio entre los ostrogodos Liberio había desempeñado cargos de gran importancia: prefecto del pretorio de Italia, prefecto augustal de Alejandría y prefecto del pretorio de Galia entre los años 511-534. Fue durante ese periodo cuando fue gravemente herido por unos visigodos en Arlés, opuestos a la dominación de Teodorico. Por el largo tiempo al mando de un territorio anteriormente visigodo Liberio seguramente tenía un conocimiento de primera mano de su idiosincrasia. Aunque un hombre fundamentalmente de formación civil y administrativa, no había dejado de ejercer responsabilidades militares como comandante supremo de las tropas ostrogodas en Galia bajo Amalasunta. Previamente a su nombramiento para esa expedición el emperador le había escogido para combatir contra Totila en Sicilia, aunque pronto fue sustituido por el armenio Artabanes en razón de su ancianidad e inexperiencia. Parece evidente que primó la razón política sobre la militar en su nombramiento:

Cuando el emperador escuchó la noticia [la pérdida de Regio] reunió una flota y embarcó en las naves un ejército considerable formado por varios regimientos de infantería. Nombró comandante de estas fuerzas a Liberio y le ordenó navegar velozmente hacia Sicilia y salvar la isla a toda costa. Pero nada más designar a Liberio comandante de la flota se arrepintió, porque era un hombre extremadamente viejo y falto de práctica en asuntos bélicos. Así que absolvió a Artabanes de los cargos que había contra él y lo envió de inmediato a Sicilia con un ejército no muy grande a su disposición, pero con orden de hacerse con la flota mandada por Liberio, cuya presencia, al mismo tiempo, reclamaba él en Bizancio.Procopio de CesareaGuerra Gótica, VII, xxxix, 6-9

Es necesario advertir que hay desacuerdo entre los especialistas sobre si Liberio efectivamente tuvo el mando de la expedición. Según autores como Stroheker, Liberio participó en la campaña pero fue relevado a los pocos meses ya que se le encuentra en Constantinopla en mayo de 553 durante la celebración del V Concilio. Otros como O’Donnell creen que Liberio nunca llegó a participar en la expedición y que la mención hecha por Jordanes sólo refleja un rumor de la corte. El cotejo de los movimientos de Liberio en esos años parece apoyar esta última tesis. De ser así la identidad de los comandantes bizantinos en Hispania es desconocida hasta llegar a Comenciolo en 589.

En cuanto a la procedencia de las tropas, Procopio  indica en ese año el siguiente hecho:

Por su parte Totila estaba ya ansioso por conquistar las islas que pertenecen a Libia. Y así reunió de inmediato una flota, embarcó un ejército considerable y marchó hacia Córcega y Sardo [Sardinia/Cerdeña]. Primero hicieron rumbo a Córcega y como nadie la defendía ocuparon la isla; y luego se apoderaron también de Sardo. A ambas islas Totila las dejó sujetas al pago de un tributo. Al enterarse Juan [Troglita, Magister Militum Africae en aquel entonces], el que mandaba el ejército de Libia, envió una flota con una gran cantidad de soldados a Cerdeña. Cuanto estuvieron muy cerca de la ciudad de Caranalis [moderna Cagliari] acamparon y planearon ponerle cerco. Y es que no se creían capaces de asaltar la muralla, porque los godos tenían allí una guarnición bastante numerosa. En cuanto los bárbaros lo supieron efectuaron una salida de la ciudad y cayendo de improviso sobre los enemigos, los pusieron en fuga y mataron a muchos de ellos sin esfuerzo. Los demás se salvaron refugiándose al instante en los barcos, pero poco después zarparon de allí y llegaron a Cartago con toda la flota. Allí permanecieron durante el invierno, para dirigir al comienzo de la primavera una expedición contra Córcega y Sardo con mayores preparativos. Esta isla de Sardo se llama ahora Sardinia.Procopio de CesareaGuerra Gótica, VIII, xxiv, 31-38

Según Diehl es probable que fueran también tropas africanas las escogidas para participar en la expedición a Hispania en ayuda de Atanagildo. La rapidez del envío y la cercanía de ambas zonas parecen apoyar esta tesis.

Así pues, en junio o julio de 552 las tropas imperiales desembarcaron en Hispania, unieron sus fuerzas a los partidarios de Atanagildo y derrotaron al ejército de Agila. El lugar escogido para el desembarco no es claro, pero teniendo en cuenta que Atanagildo se encontraba en Sevilla y las tropas reales en Emerita Augusta (Mérida), parece que la elección de un puerto con fácil acceso a una calzada que condujese a Hispalis sería lo más apropiado. Es altamente probable que la flota bizantina recalase previamente en Septem para reunir información de primera mano, lo que situaría como puerto de desembarco uno de los situados en el entorno del estrecho de Gibraltar, de modo muy similar a lo hecho por Tarik ibn Ziyad en 711. Esa probabilidad parece mucho más apropiada que la elección de la Cartaginense, mucho más alejada del principal teatro de operaciones.

En el momento del desembarco el ejército imperial supo que Agila había enviado un ejército a Hispalis para atacar al rebelde. De inmediato las fuerzas bizantinas avanzaron hasta Sevilla, se unieron a las tropas de Atanagildo y derrotaron al ejército real en algún momento entre agosto y septiembre de 552. Agila, sin embargo, no fue derrotado definitivamente y siguió resistiendo.

Durante los años 553 y 554 ninguna de las partes obtuvo una ventaja decisiva. La intervención de los imperiales en la contienda civil parece haberse limitado a una actitud pasiva que procuraba favorecer la debilidad de ambos bandos.

Caballería en la España bizantina

Caballería visigoda

Caballería bizantina

La situación dio un giro drástico en 555. Los visigodos reconocieron que el estado de guerra civil beneficiaba los intereses del Imperio. En marzo de ese año los partidarios de Agila lo asesinaron en Mérida y proclamaron como sucesor a Atanagildo (555-567). Unidos por fin los visigodos se volvieron contra los imperiales.

Es debatible el porqué se escogió ese momento y no otro para invertir las alianzas. Para intentar conocer las razones debemos recordar que los medios del ejército de invasión habían sido muy modestos. Sin embargo entre tanto la situación en Italia había mejorado en 555 tras la invasión de francos y alamanes dos años atrás. Es probable que lo suficiente como para permitir el envío de refuerzos a Hispania, probablemente otra vez originarios de África.

Puede apuntarse la hipótesis de que los imperiales comenzasen a ocupar territorios en Hispania más allá de lo acordado, quizá en los puertos béticos del Estrecho y el área de Málaga. Gregorio de Tours alude en su obra a que los soldados del emperador se apoderaron de ciudades en Hispania de modo injusto, lo que puede suponer que excedieron los límites de ese tratado. A partir de ese momento la contienda entre el reino visigodo y las fuerzas imperiales conocerá la alternancia entre periodos de operaciones bélicas con iniciativas de pactos. Aproximadamente en el año 559 Agatías cita en su Historia la amplitud de frentes a los que tenía que atender el reducido ejército imperial:

El ejército romano no había mantenido el tamaño que había logrado al principio con los antiguos emperadores, sino que se había reducido a una pequeña parte, que ya no bastaba para la magnitud del Imperio. Pues era necesario desplegar una fuerza de unos seiscientos cuarenta y cinco mil hombres en total y se había reducido en ese tiempo a unos escasos ciento cincuenta mil. Además, de estos, unos se encontraban acantonados en Italia, otros en Libia, otros en Hispania, otros con los colcos [el reino de Lázica en el Cáucaso] y otros en Alejandría y en Tebas en Egipto; unos pocos más se encontraban junto a la frontera oriental con Persia: allí no se necesitaba más, a causa de los tratados y de la firmeza de la tregua. Así que el ejército se fue reduciendo cada vez más, recortado por la negligencia de los gobernantes.Agatías de MirinaHistorias, V, 13, 7-8

En la costa bética la calzada litoral que discurría por localidades como MalacaMurgi (El Ejido), o Baesippo (Barbate) permitía un acceso rápido al interior. Desde Malaca por Anticaria/Antequera se podía llegar a Hispalis y Corduba. Desde Murgi una calzada penetra en la actual provincia de Granada y llega a Acci (Guadix) y de allí se ramifica en dirección a Asti y Carthago Spartaria. Desde el Estrecho otra calzada penetraba en el valle del Guadalquivir entre Hispalis y Asidona, población que posteriormente fue recuperada por Leovigildo de manos de los imperiales.

Según la hipótesis de Thompson, la fase de conquista efectiva  por parte del Imperio comienza alrededor de marzo de 555 cuando tropas imperiales desembarcan en Carthago Spartaria, ocupan la ciudad y avanzan por el interior hasta tomar Basti (Baza) y contactar con las tropas destacadas en el sur de la Bética.

En apoyo de esta hipótesis se pueden argumentar varias razones:

  • La excelente situación de Carthago Spartaria y su puerto.
  • La posibilidad de buenas comunicaciones marítimas con las Baleares y la región de Cesarea.
  • El testimonio de Leandro e Isidoro de Sevilla, cuyo padre, Severiano, era originario de Carthago Spartaria.

A partir de su base en Carthago Spartaria, y siguiendo la calzada litoral que avanza hacia el sur por BariaPortus Magnus y Murgi los imperiales avanzaron hacia el Estrecho. Por el interior otra vía seguía por Eliocroca (Lorca) hasta Basti y Acci, plazas documentalmente ocupadas por los bizantinos en un momento dado de la historia de la provincia. En dirección a Valencia núcleos como Illici/Elche y Dianium/Denia permanecieron bajo control bizantino hasta los últimos años de su presencia en Hispania. A diferencia de estas plazas, en el estado actual de las investigaciones no se puede afirmar que Corduba e Hispalis fuesen en algún momento ocupadas por las tropas imperiales.

Para los visigodos los aliados de antaño se habían convertido en unos molestos invitados. Atanagildo intentó expulsarlos, los combatió y consiguió vencer en algunas ocasiones pero no pudo desalojarlos de todas sus conquistas aunque al menos parece que pudo detener su avance y evitar que las ciudades al oeste de BastiAcciIliberris (Elvira) y Astigi (Écija) fuesen tomadas por los imperiales.Moneda de Leovigildo

La falta de información se prolonga hasta la muerte de Atanagildo en 567 (de muerte natural, algo juzgado excepcional por los contemporáneos). Tras cinco meses de interregno Liuva, duque de Septimania fue proclamado rey por sus partidarios. De inmediato asoció al trono a su hermano Leovigildo. Para afirmar su posición este tomó en matrimonio a Gosvinta, la viuda de Atanagildo.

Durante el tiempo de mandato conjunto Liuva tomó a su cargo la defensa de los territorios al norte de los Pirineos de las ambiciones de los reinos merovingios mientras Leovigildo se ocupó fundamentalmente de guerrear contra los bizantinos y contra Córdoba, la sempiterna rebelde.

En el año 570 Leovigildo atacó dos regiones controladas por los imperiales: Bastetania y Malaca. Al año siguiente le tocó el turno a Asidona. No puede ser casual la oportunidad de estas ofensivas que coinciden en el tiempo con graves dificultades del Imperio en diversos frentes:

  • Hostilidad constante de los ávaros en los Balcanes que obliga a una campaña dirigida personalmente por Tiberio, gobernante de facto del Imperio por la incapacidad de Justino II.
  • La invasión lombarda de Italia desde 568 y la extensión de la amenaza a zonas vitales como Roma y Rávena.
  • Nuevas revueltas de las tribus moras en África que causan la muerte en combate entre 569 y 571 de Teodoro, prefecto de África y los Magistri Militum Teoctisto y Amable.

La elección de Bastetania, la región de Basti (Baza), para la campaña de 570 se debe probablemente a su condición de zona de comunicación entre las zonas levantina y bética gobernadas por los bizantinos. Con ello se pretendía interrumpir la conexión entre ambas regiones por vía terrestre. La continuación de la ofensiva hacia el sur muestra la intención del rey de controlar la Bética, estratégicamente mucho más importante para el reino visigodo. Es probable que en esa primera ofensiva fuese capturada también Acci, plaza situada al norte y en el camino hacia Basti. Se discute si en esta campaña Basti fue conquistada o sólo saqueado su territorio. En cualquier caso en 589 con ocasión del III Concilio de Toledo dos de los obispos presentes son Teodoro de Baza y Liliolo de Acci, lo que es testimonio patente de que esas ciudades estaban en posesión de los visigodos en ese momento.

La ofensiva sobre Malaca ese mismo año debió partir de las recién conquistadas Basti y Acci. No parece que como resultado de ese ataque fuese ocupada la misma ciudad, sino que su territorio fue devastado. La presencia militar visigoda está atestiguada por la hoy perdida inscripción del duque Zerezindo, fechada hacia 578, y encontrada en Villamartín, al norte de la provincia malacitana. Malaca continuaría siendo bizantina durante décadas y sólo en 619 se puede atestiguar con seguridad su control en manos visigodas (el obispo Teodulfo está presente ese año en el II Concilio de Sevilla). El balance de la campaña fue la constitución de un limes apoyado en las fortalezas de Iliberris, AcciBasti.

En el año 571 la actividad de Leovigildo está marcada por la ofensiva sobre la fortissima civitas de Asidona, clave para el control de la región del Estrecho por su situación sobre la calzada que conducía desde allí a Hispalis.

Juan de Bíclaro relata lo siguiente al respecto:

El rey Leovigildo toma de noche la fortísima ciudad de Asidona gracias a la traición de un cierto Framidaneo, y muertos sus defensores vuelve esa ciudad al señorío de los godos.Juan de BíclaroCrónica, a. 571

El caso de Asidona es el único conocido de la conquista de una plaza en manos de los imperiales por colaboración interna, en este caso con la mediación de un individuo cuyo nombre denota raíces germánicas (según Fernández Guerra, de estirpe vándala o un noble godo aliado al Imperio, en opinión de García Moreno). Al final de la campaña la calzada que conducía a Hispalis estaba en manos de Leovigildo, aunque el cercano núcleo urbano de Sagontia(Gigonza), a 15 km. al norte de Asidona, permaneció en manos bizantinas hasta la época de Witerico. La propia Asidona volvió a manos imperiales en algún momento posterior, porque su obispo está ausente en 589 durante la celebración del III Concilio de Toledo. En su cercanía Iulia Transducta (Algeciras) y Carteia, aunque no documentadas literariamente como posesiones imperiales, han revelado a través de campañas arqueológicas abundantes hallazgos numismáticos bizantinos y materiales litúrgicos que evidencian su prosperidad en esos años.

Leovigildo somete a los vascones

El rey Leovigildo somete a los cántabros

En los años siguientes la atención del rey Leovigildo, ya reinando en solitario tras la muerte de su hermano en 572/573, se trasladó al norte contra suevos y cántabros. Por su parte el Imperio se vio sometido a grandes presiones por la renovación de la guerra persa, el avance lombardo en Italia, el progreso de la invasión ávara en los Balcanes y la sofocación de las revueltas moras en África. En este territorio las tribus sólo pudieron ser sometidas en 578 tras la victoria de GenadioMagister Militum per Africam, sobre Garmul, el caudillo que había vencido a los tres duques anteriores. Ante esta difícil coyuntura es entendible que el Imperio se mantuviese a la defensiva en los territorios de Spania todavía en su  poder.

La siguiente aparición de Leovigildo en la zona meridional peninsular tiene lugar en 577 cuando somete la Oróspeda, comarca situada en las fuentes del Guadalquivir, en la zona oriental de Sierra Morena. En ese movimiento puede traslucirse la preparación para un ataque a las posesiones levantinas del Imperio, en el hinterland de Carthago Spartaria. Al año siguiente la fundación de la ciudad de Recópolis (situada en Zorita de los Canes, actual provincia de Guadalajara) y próxima por tanto al Levante tiene un valor simbólico de afirmación ideológica del poder real que no se puede soslayar. En el terreno práctico también la creación de una base de operaciones para futuras expediciones contra los dominios en el sureste de Hispania parecen estar presentes en la decisión.

Cualesquiera que fuesen los planes del rey Leovigildo estos fueron bruscamente interrumpidos cuando en el año 579 su hijo mayor Hermenegildo se declaró en rebelión. Ese mismo año se había celebrado el matrimonio entre Hermenegildo e Ingunda, hija de Brunegilda, reina viuda de Austrasia, y nieta de Gosvinta, segunda esposa de Leovigildo. El debate historiográfico se ha dividido entre aquellos que aducen motivos puramente políticos (el recelo de Hermenegildo por verse postergado en favor de su hermano menor Recaredo, al que el rey había dedicado la nueva ciudad de Recópolis) y los religiosos (la conversión de Hermenegildo al catolicismo frente a la confesión arriana tradicional en la monarquía). En la actualidad se otorga un papel fundamental en la rebelión a la actuación de la reina madre Gosvinta y su deseo de perpetuar en el poder la facción que la apoyaba a través del matrimonio de su nieta con el primogénito de su esposo. Además estaba en juego la tradicional concepción de la transmisión del trono por elección frente a la patente preferencia del rey por su hijo menor.

Sea como fuese el rey concedió a su hijo Hermenegildo la gobernación de Hispalis y su territorio y allí fue donde el príncipe se convirtió al catolicismo, se declaró en rebeldía en ese año 579 y se proclamó rey.

Una de las primeras acciones de Hermenegildo fue contactar con el patricio que gobernaba los territorios imperiales de Spania para intentar contar con apoyo militar en el inevitable conflicto que le habría de enfrentar a su padre. Todo parece indicar que la respuesta fue positiva, aunque las necesidades en otros frentes, particularmente el persa, absorbían todos los recursos militares del Imperio. Se puede pensar entonces en un apoyo tibio, lo que explicaría las gestiones de Hermenegildo ante el rey suevo Mirón y los reinos merovingios con cuyos reyes Chilperico de Neustria y Gontran de Borgoña estaba emparentado a través de su mujer Ingunda.

Para conseguir un apoyo más decisivo a su favor por parte del Imperio Hermenegildo envió a Leandro de Sevilla a Constantinopla como su embajador en fechas que los estudiosos sitúan antes del inicio de las hostilidades (582) y la muerte de Leovigildo (586). En ese tiempo sabemos que Leandro coincidió en Constantinopla con Gregorio, el futuro papa, entonces apocrisiario del papa Pelagio II (579-590)en la capital imperial entre los años 579 y 586.

El embajador del rebelde encontró poco propicio al emperador Tiberio. No se le negó a Hermenegildo el apoyo militar ofrecido ya por el Magister Militum Spaniae, pero tampoco se le ofrecieron más tropas. La muerte de Tiberio en 582 y el acceso al poder de Mauricio (582-602) prolongó la estancia de Leandro en la capital en la esperanza de poder obtener mejores condiciones del nuevo emperador. Entre tanto Leovigildo había comenzado la ofensiva para someter a su hijo rebelde.

En el año 582 las tropas del rey atacaron y capturaron Emerita Augusta. Desde allí se dirigieron a Hispalis, la región en la que se concentraban los partidarios más decididos de Hermenegildo. Se sucedieron dos enfrentamientos armados favorables a Leovigildo, uno entre padre e hijo en el castro Osser, y otro del rey contra el suevo Mirón que había acudido en ayuda de su aliado. En este último el rey suevo encontró la muerte. Durante los años 583 y 584 Leovigildo estableció un severo asedio de la ciudad en el que, según el testimonio de Juan de Bíclaro, el rey llegó a cortar la navegación del río para impedir la llegada de suministros a los sitiados y reconstruyó los muros de la antigua ciudad de Italica para reforzar la presión sobre Hispalis.

En el año 584 Hermenegildo huyó de la ciudad y se refugió en Corduba. La petición de ayuda al patricio bizantino de Spania hecha por el rebelde fue neutralizada por Leovigildo mediante el pago de 30.000 monedas de oro a cambio de su neutralidad. Enfrentado a este último fracaso Hermenegildo perdió sus esperanzas y se refugió en una Iglesia invocando el derecho de asilo. Su mujer Ingunda y su hijo Atanagildo cayeron en manos de los soldados imperiales mientras escapaban hacia la Galia, pero el propio Hermenegildo fue capturado por las tropas de su padre, desposeído de su corona y enviado al destierro a Valencia.

Durante el viaje a Constantinopla la reina Ingunda falleció (en Sicilia o África, difieren las fuentes). El joven Atanagildo fue retenido en la capital imperial como una baza para futuras maniobras políticas y los estudiosos especulan también con la posibilidad de que la retirada bizantina de la alianza con Hermenegildo implicase algunas cesiones territoriales, que en este caso habrían supuesto la recuperación de Asidona y Sagontia (emplazada en la calzada que unía Asidona con Hispalis). La política conservadora de Mauricio con respecto a Spania parece primar la conservación de lo poseído antes que el aumento de territorios.

A la muerte de Leovigildo su hijo Recaredo (586-601) le sustituyó pacíficamente. Al año siguiente se convirtió al catolicismo, siguiendo la tendencia consumada en buena parte de la población peninsular. La reacción del sector arriano no se hizo esperar y en los cuatro primeros años del reinado se conocen hasta cuatro rebeliones llevadas a cabo por elementos destacados de la aristocracia y el clero arriano: el obispo Sunna y Sega en Emerita  a lo largo del año 588, el obispo Athaloc en la Narbonense, el obispo Uldila y la reina Gosvinta en Toledo y finalmente el duque Argimundo, gobernante de una provincia no identificada, poco después del III Concilio de Toledo de 589 que ratificó el triunfo de la causa católica en la Península con la conversión pública, política e institucional del  nuevo rey.

Moneda de Recaredo

El nuevo monarca, que admiraba al Imperio, como muestra su adopción de partes del ceremonial cortesano bizantino, fue considerado por sus contemporáneos como un rey pacífico, muy distinto al espíritu belicoso de su padre Leovigildo. Sin embargo, Recaredo, a decir de Isidoro de Sevilla dirigió sus fuerzas también muchas veces contra los abusos de los romanos. Esas palabras pueden hacer referencia a algunos movimientos de carácter agresivo por parte de los imperiales aprovechando el cambio de reinado. Una zona de probable actividad es la comarca de Oróspeda, gozne entre la Bética y Levante y por tanto clave en las comunicaciones entre ambos enclaves imperiales.

Una intervención bizantina en la región para restablecer las comunicaciones entre sus territorios podría explicar la actividad bélica de Recaredo en esta región fronteriza. Las excavaciones en Begastri (Cabezo de Moenas en Cehegín) y Ello (El Tolmo de Minateda, en las cercanías de Hellín) han revelado áreas fortificadas datadas a finales del siglo VI. Es probable que una contraofensiva visigoda permitiese la recuperación de esos territorios bajo Recaredo. La aparición pocos años después de dos obispos en la zona puede entenderse como la estrategia del reino visigodo para ofrecer a los habitantes de la región la posibilidad de eludir la autoridad de los obispos bajo control bizantino en Carthago Spartaria e Illici. En 610 sus obispos Vicente y Sanable forman parte de los congregados en la reunión de los prelados de la Cartaginense.

Mapa España bizantina

Los indicios, pues, apuntan a tareas de consolidación de los territorios imperiales, particularmente en el núcleo alrededor de Carthago Spartaria que fueron contestados con Recaredo con la fortificación de plazas en el limesfronterizo. En esta misma época, alrededor de 594, un noble visigodo llamado Godiliuva erige una iglesia dedicada a San Vicente dentro del recinto fortificado de Nativola, en Iliberris, siguiendo la práctica habitual de levantar edificios religiosos dentro de fortalezas. Es muy probable que el gobierno de Recaredo considerase la región en peligro por su cercanía al territorio bizantino.

Sabemos también que en esta época se acometen obras de mejora de las fortificaciones en el territorio de Spania, sin duda ante la inquietud del gobierno imperial por las implicaciones estratégicas causadas por el cambio ideológico de su adversario.

La más conocida es la de la restauración de las puertas de Carthago Spartaria, conocida gracias al hallazgo de una inscripción fechada entre el 1 de septiembre de 589 y el 13 de agosto de 590. Este importantísimo descubrimiento, además, nos permite conocer por primera vez la identidad de un Magister Militum SpaniaeComenciolo o Comitiolo:

Quien quiera que seas el que admiras la descomunal altura de las torres y el vestíbulo de entrada a la ciudad protegido por dos puertas y coronado por una cúpula sostenida por dos arcos levantados a derecha e izquierda, [conoce que] esto así lo ordenó edificar el gobernador Comitiolo, enviado por el emperador Mauricio contra el salvaje enemigo, valeroso comandante de las tropas de Hispania. Así Hispania recuerde siempre tan magnífico gobernante mientras giren los cielos y el Sol circunde la Tierra. En el octavo año del emperador Mauricio, en la indicción octava.

Inscripción del Magister Militum Spaniae Comitiolo

Los términos empleados en la inscripción parecen aludir a una actitud ofensiva por parte de la política imperial, confiada a un militar que había servido en los años inmediatamente anteriores contra los ávaros, si es que podemos identificar al Comitiolo de la inscripción con el Comenciolo que aparece en la obra de Teofilacto Simocatés. Ese Comenciolo fue un general de la confianza del emperador Mauricio que ocupó elevados cargos durante las guerras contra persas y ávaros. Sabemos que en 584 fue nombrado Comes Rei Militaris y en 585 obtuvo la dignidad de patricio. Durante el año 587 estuvo destinado en los Balcanes luchando contra los ávaros y en otoño de 589 recibe el nombramiento de Magister Militum per Orientem. Depuesto en el verano de 590 continúa en la región como segundo del nuevo general Narsés. En 598 es nombrado de nuevo para el puesto que había ocupado anteriormente. También sabemos que el fiel Comenciolo compartió la suerte de su señor y fue ejecutado por Focas (602-610)en 602. De acuerdo con estos datos no está claro en qué periodo pudo estar en la Península Comenciolo, en el caso de que fuese éste el general citado en la inscripción y no otro.

Por esa época se produjo el intercambio de cartas entre Recaredo y el papa Gregorio en las que el rey visigodo pide al papa que escriba al emperador Mauricio para pedirle una copia del tratado sobre la frontera para revisar los límites legítimos. La respuesta del papa, datada en agosto de 599, varios años después de la carta de Recaredo nos informa de que el archivo imperial, el cartofilacium, había sufrido un grave incendio poco antes de la muerte de Justiniano (según Malalas entre 561 y 564 se produjeron varios incendios en la capital fruto de la lucha entre las facciones del circo), pero que si se encontrase el documento habría perjudicado los intereses de la corona visigótica. Le recomendaba, pues, que dejase las cosas como estaban. Todo hace pensar en pérdidas recientes de territorio a favor de los imperiales.

En el corto período de un año, de 601 a 602 los dos protagonistas fallecieron, Recaredo por muerte natural y Mauricio asesinado por su sucesor Focas tras la rebelión de las tropas de servicio en los Balcanes. Nuevos actores entran por tanto en escena al comienzo del siglo VII en un período de gran inestabilidad política.

En el reino visigodo el gobierno de Liuva II, el hijo de Recaredo, fue interrumpido antes del verano de 603 por la rebelión de Witerico, probablemente coMoneda de Witericomo una reacción de la aristocracia goda ante la política filorromana de su padre. Para impedir definitivamente el retorno al trono del joven rey, Witerico ordenó que le amputasen la mano y posteriormente le hizo asesinar, en lo que parecía la reactivación del morbo gothorum, la tendencia de los godos a la conspiración.

La actividad militar durante el reinado de Witerico (603-610) fue dirigida exclusivamente contra los milites romani, los contingentes bizantinos asentados en Hispania. Según el testimonio de Isidoro la actividad militar del rey no le reportó grandes éxitos.

Conocemos que el único éxito de Witerico fue en Sagontia, que ya había sido ocupada y recuperada anteriormente por ambos bandos. En esta ocasión los soldados imperiales de la guarnición fueron capturados. Los estudiosos datan la conquista de la plaza en 609/610:

Fue hombre [Witerico] valiente en el arte de las armas, pero desconoció la victoria; pues aunque realizó algunos intentos con la guerra contra los soldados imperiales, no consiguió ningún resultado lo bastante glorioso, si se exceptúa haberse apoderado de algunos soldados en Sagontia por medio de sus generales.Isidoro de SevillaHistoria Gothorum, 58

También se detecta una actuación en Iliberris, en el mismo lugar de Nativola en el que en tiempos de Recaredo se había erigido una iglesia dedicada a San Vicente. En este caso es San Esteban el protomártir, el santo. En esa misma zona Witerico manda acuñar moneda.

En opinión de Vallejo la acumulación de éxitos modestos por parte de Witerico en los últimos años de su reinado pueden tener relación con la situación política por la que atravesaba el Imperio. La rebelión abierta del exarca de Cartago, Heraclio el Mayor desde 608, iniciada con la suspensión del aprovisionamiento de trigo a Constantinopla ese mismo año y la emisión de moneda con su imagen y la de su hijo, culminaría en el otoño de 610 con el envío de una fuerza expedicionaria compuesta por africanos y moros, al mando de su hijo Heraclio mientras su sobrino Nicetas tomaba la ruta de tierra por Egipto. El hallazgo en Constantinopla de un epígrafe funerario de la época que alude a Teodoro, soldado mauritano, y a un prefecto de la tribu tripolitana de los Zarakionoi, muestran fehacientemente la participación de africanos y mauritanos en la expedición de Heraclio.

En este año, el 4 de octubre, un lunes en la decimocuarta indicción, Heraclio llegó de África con barcos fortificados que tenían en los mástiles reliquias e iconos de la Madre de Dios, como cuenta Jorge el Pisidio, y un ejército numeroso de África y Mauritania y del mismo modo Nicetas, el hijo del patricio Gregorio, llegó desde Alejandría y la Pentápolis con un gran ejército de infantería.Teófanes el ConfesorCronografía, AM 6102, AD 610, 298
En ese año [610] el 3 de octubre de acuerdo a los romanos, en la decimocuarta indicción, un sábado, una flota apareció en el puerto circular y en ellos viajaba Heraclio, el hijo de Heraclio. Y entonces ese día hacia la tarde Focas llegó desde el palacio suburbano del Hebdomon y fue a caballo hasta el Palacio en la ciudad. […] Y en el 6 del mismo mes, mientras amanecía el lunes, Focio, el curator del palacio de Placidia y Probo el patricio se apoderaron de Focas y lo llevaron desnudo desde el Arcángel del Palacio a través del puerto en dirección a la mansión de Sofía. Después de arrojarlo a un bote lo mostraron a los barcos y entonces se lo llevaron a Heraclio. Y su brazo derecho fue cortado de su hombro, al igual que su cabeza, su mano fue empalada en una espada y entonces fue paseada por la Mese saliendo desde el Foro. El resto de su cuerpo fue arrastrado en dirección a la Calcé del Hipódromo […] Cortaron su cabeza [la de Leoncio el sirio, antiguo sacelario de Focas] y luego su cuerpo y el de Focas fueron llevados al [Foro del] Buey donde fueron quemados.Cronicón Pascual, AD 610

En su Descriptio Orbis Romani Jorge de Chipre vincula las posesiones de Spania con la Eparquía Mauritana II, de ahí se puede encontrar un argumento para sospechar que parte de las tropas acantonadas en Spania pudiesen haber participado en la expedición de Heraclio. Como dato añadido en la crónica Pseudo Isidoriana se encuentra el siguiente testimonio que debe ser tomado con precaución:

Luego [Heraclio] reunió todos los dromones y galeras que había encontrado en África, en tierra árabe y en la de los hispanos,y en total fueron mil treinta naves, con las que se dirigió a Constantinopla.Chronica Gothorum Pseudo Isidoriana, § 17

Witerico murió de forma violenta en 610 y fue sucedido por Gundemaro (610-612), que se mantuvo en el trono durante dos años. Isidoro consigna sólo una actuación militar contra los bizantinos por parte del rey, un sitio del que no se conocen consecuencias. Por lo demás la situación parece haber sido de un mantenimiento del estado de las cosas por ambos bandos sin mayores incidencias. Se sabe que Gundemaro acuñó moneda en Mentesa e Illiberris y fue el primero en hacerlo en la ceca de Sagunto, quizá en relación con la organización del sistema defensivo frente a las posesiones bizantinas en Levante.

Otra posible victoria, aunque no demostrada, sería la obtenida en Barbi (la antigua Singilia Barba cerca de Bobadilla en Antequera), por la acuñación realizada en la ciudad con el cuño Victor Barbi por obra del sucesor de Gundemaro, Sisebuto. Los estudiosos se inclinan a pensar en una victoria de Gundemaro que su sucesor celebraría con la emisión de moneda.

En materia religiosa Gundemaro está detrás del documento denominado Decreto de Gundemaro  por el que se ordena que la denominación oficial de la provincia cartaginense no fuese la de Carpetania, sino que mantuviese su nombre original siendo su metropolitano el obispo de Toledo en detrimento del obispo de Carthago Spartaria, que la detentaba al menos desde 516.

Tesoro guarrazar 1

tesoro guarrazar 2

Coronas visigodas del tesoro de Guarrazar

Esta resolución unida a la Constitución de los obispos de la Cartaginense supuso una merma muy importante de la influencia imperial sobre la Iglesia en la zona. Los obispos de la Cartaginense en territorios pertenecientes al reino visigodo que hasta entonces habían acudido al arbitrio del obispo de Cartagena fueron conminados a someterse al prelado toledano, expresión de la voluntad de unificación del territorio peninsular bajo la monarquía visigótica.

El fin de la provincia de Spania

Con la llegada al trono de Sisebuto (612-621) comienza el último periodo del enfrentamiento del reino visigodo con Bizancio que finalmente acabará con la presencia bizantina en Hispania. Tras realizar en los años 612-613 campañas en el norte para someter a vascones, cántabros y rucones a través de sus duques Requila y Suintila, es a partir de ese año 613 cuando el rey visigodo inicia una ofensiva contra los territorios imperiales en Hispania que culmina en 615/616. En esos momentos el Imperio padece los efectos del ataque persa sobre Cilicia y Siria, lo que aunado a la falta de efectivos humanos y la escasez de recursos económicos dificultó decisivamente la posibilidad de enviar refuerzos a Occidente.

Los cronistas de la época hablan de dos campañas realizadas por Sisebuto, en el transcurso de las cuales varias ciudades y fortalezas fueron arrebatadas a los bizantinos. El área de acción se concentra en los dos núcleos retenidos por los imperiales en la península: Carthago Spartaria y Malaca:

Por dos veces, dirigiendo él la campaña, triunfó felizmente sobre los romanos y sometió con la guerra algunas de sus ciudades. Se mostró tan clemente después de su victoria que pagó un precio para dejar en libertad a muchos que habían sido hechos prisioneros por su ejército y reducidos a la esclavitud como botín de guerra, llegando incluso su tesoro a servir de rescate de cautivos […] Suintila […] en el reinado de Sisebuto había alcanzado el cargo de general, había sometido totalmente las plazas fuertes de los romanos […]Isidoro de Sevillapassim
Luchó bravamente contra el Imperio Romano […] Sisebuto capturó muchas ciudades del Imperio que estaban en la costa y las destruyó hasta los cimientos. La muerte de soldados romanos a manos de sus hombres hizo que el piadoso Sisebuto exclamara: “¡Ay de mi! Porque mi reino ha sido testigo de tan gran derramamiento de sangre”. Salvó a todos los que pudo de la muerte. El reino de los godos en Hispania se extendió desde el mar hasta los Pirineos.Pseudo Fredegario, IV, 31

Para apoyar esto contamos con las siguientes evidencias:

  • Está documentada la asistencia de los obispos de Asidona y Malaca al II Concilio de Sevilla de 619, señal innegable de que en ese momento esas plazas habían pasado ya a dominio visigodo.
  • La práctica visigoda de los cuños de viaje, acuñaciones de campaña para pagar soldadas en periodo de campaña en lugares cercanos a la frontera, proporciona más información. En el reinado de Sisebuto se conocen acuñaciones de este tipo en Mentesa y Acci en la Cartaginense y Barbi, Corduba, Iliberris, Hispalis y Tucci en la Bética.
  • En paralelo a estas acuñaciones el rey dicta órdenes a las autoridades civiles y religiosas sobre la manumisión de esclavos cristianos en manos de amos judíos en un área en la que se comprenden las siguientes poblaciones: Corduba, Mentesa (La Guardia), Tucci (Martos), Barbi, Sturgi, Iliturgi, Beatia, Tutugi, Egabro y Epagro. Los expertos consideran estas medidas como parte de los preparativos de la ofensiva de Sisebuto contra los territorios bizantinos vecinos.

En opinión de Vallejo el ataque de Sisebuto se realizó en tres direcciones:

  • La ruta seguida por Leovigildo: Mentesa, Acci, Iliberris y Anticaria.
  • Un ataque siguiendo la línea Hispalis-Barbi-Anticaria.
  • Un ataque desde Corduba confluyendo también en Anticaria.

Como resultado de esa ofensiva se produjo la toma de Malaca en 615, fecha de la consagración de su obispo Teodulfo. Puede considerarse como factor la posible ausencia de la flota de dromones del Estrecho, que había partido al Este con Heraclio y podría estar comprometida allí todavía habida cuenta de la gravedad de la situación.

Sisebuto evita una masacre

El rey Sisebuto detiene la matanza de soldados imperiales

Tras esa fase bélica sorprendentemente se produce un parón en las hostilidades. El patricio bizantino Cesario toma la iniciativa de escribir al rey Sisebuto con el propósito de buscar la paz después de que se hubiesen perdido ciudades y tomado muchos prisioneros a los imperiales. De ese intercambio de cartas se han conservado cuatro datables a partir de 615 y antes de 617, pues la respuesta dada por Heraclio a los enviados tuvo que serlo antes de que el emperador se ausentase de la capital, cosa que hizo en ese año. En la primera carta Cesario se refiere a Sisebuto como clementísimo y eminentísimo e invoca la común fe católica de ambos bandos para lograr la paz. Como prueba de buena voluntad se ofrece la liberación del obispo Cecilio de Mentesa, capturado por los bizantinos. Finalmente Cesario garantiza que lo tratado entre él y Sisebuto será comunicado al emperador.

Resultado de las conversaciones entre Sisebuto y Cesario por la mediación de un tal Ansemundo, hombre de confianza para ambos, fue la decisión de enviar una misión conjunta a Constantinopla encabezada por Teodorico y el presbítero Amelio. A su regreso fueron recibidos por Cesario que tras escuchar a los embajadores los envió a reunirse con Sisebuto.

Las conclusiones son desconocidas por cuanto el emperador decidió transmitirlas de palabra a Teodorico y Amelio, pero podemos suponer la sanción de las conquistas de Sisebuto y el reconocimiento de la soberanía bizantina sobre el territorio que conservaba, el núcleo alrededor de Carthago Spartaria. El patricio solicitó al rey que dictase una ley para plasmar y poner en práctica los acuerdos.

Teatro romano de Cartagena

Teatro romano de Cartagena

No sabemos si propuesta de paz partió del propio Cesario o fue obra del emperador, pero a la vista de la situación parece comprensible que el gobierno imperial intentase conservar lo poco que les quedaba de Spania. Respecto a la disposición de Sisebuto a aceptar la paz cuando se encontraba en una situación tan favorable se alude a su piedad (se conservan sus lamentaciones por los muertos de la guerra o su disposición a liberar a los prisioneros imperiales de su propio peculio).

Moneda de Sisebuto

Quedaría por determinar el cargo ocupado por Cesario ya que hay división de opiniones entre los que lo creen exarca en Cartago (como Diehl, Gelzer, Guilland o García Moreno) o gobernador de la Spania bizantina en calidad de duque como correspondería al tratamiento gloria vestra, formulación que se encuentra en las cartas intercambiadas con el rey visigodo.

Sisebuto muere en circunstancias sospechosas en 621 y rápidamente el hombre fuerte del reino, el duque Suintila (621-631), se hace con el poder tras el corto reinado del sucesor de Sisebuto, Recaredo II. Durante su reinado se produce la extinción final de la presencia bizantina en territorio hispano.

La primera campaña del nuevo rey fue dirigida contra los vascones que atacaba por aquel entonces la Tarraconense. Tras el éxito de esta expedición Suintila volvió su atención hacia el Levante, donde los últimos territorios bizantinos se ofrecían como una presa apetecible, la estrecha franja litoral que se extendía desde Dianium hasta algo más al sur de Carthago Spartharia.

La decisión de Suintila de atacar a los bizantinos puede haberse basado en el convencimiento de la imposibilidad de que estos recibiesen refuerzos de otras partes del Imperio ante la apurada situación ante ávaros y persas o, como se ha sugerido, porque el belicoso Suintila, que había mandado victoriosamente en varias campañas el ejército de Sisebuto, no estuviese de acuerdo con la paz que había firmado su predecesor.

Entre 623 y 625/626 se desarrolló una rápida campaña. Partiendo desde Valencia, donde acuñó moneda, el rey atacó las posesiones bizantinas desde el norte tomando DianiumIllici y Saetabi:

Aumentó en aquella batalla la gloria de su valor por haberse apoderado de dos patricios, ganándose a uno con su prudencia y subyugando al otro con su valor.Isidoro de SevillaHistoria Gothorum, 62

Sin ejército que pudiese oponérsele Carthago Spartaria e Illici cayeron en manos de los visigodos. Poco después el rey ordenó la destrucción de las murallas de Carthago Spartaria y de la misma ciudad, bien por su valor como símbolo de la ocupación bizantina o por temor a un futuro ataque que la pudiese tomar de nuevo como base.

Carthago Spartaria ya había sido tomada en el tiempo en que Isidoro de Sevilla escribió sus Etimologías. Refiriéndose a ella Isidoro dice que ha sido destruida y reducida a desolación al igual que otras ciudades. La ruina de la ciudad la hizo desaparecer de la historia durante el resto del periodo visigodo.

Con el fin de la ocupación peninsular sólo quedaron en manos del Imperio Septem y las Baleares. Las referencias a Septem a lo largo del siglo VII son escasas. Se sabe que fue escogida como lugar de destierro de  importantes personajes como el tesorero imperial Filagrio, exiliado por orden de Heracleonas y su madre la emperatriz Martinaentre mayo y septiembre de 641 por su apoyo a Constantino III y a su hijo menor Constante:

En cuanto a Filagrio, ordenó que le tonsurasen y fue exiliado a una fortaleza llamada Septai [Ceuta] situada en los lugares donde se pone el sol, frente a las columnas de Hércules, más allá de Libia.NicéforoBreviario, 30

En la segunda mitad del siglo encontramos otras referencias:

  • En el año 682/683 el papa León II escribe al Conde Simplicio para informarle de lo acordado en el IV Concilio de Constantinopla y la condena del monotelismo, exhortándole a que difunda la noticia en los territorios sujetos a su gobierno. Dato muy significativo: la carta del pontífice acompañaba a otras similares dirigidas al rey Ervigio y a Quiricio, metropolitano de Toledo. Todas fueron transmitidas por el mismo oficial, el notario Pedro. Según Diehl y Duchesne Simplicio podría ser el gobernante bizantino de Septem, habida cuenta de la asimilación entre los títulos tribuno/conde en el siglo VII.
  • En el año 687 el emperador Justiniano II, preocupado por la posibilidad de que las Actas del Concilio hubiesen llegado falsificadas a Roma, envía una iussio al papa Juan V por la que confirma los acuerdos tomados en el Concilio y facilita una lista de los firmantes. En ella se encuentra una referencia directa a los septensiani. Puede considerarse en esta época a Septem como un mando militar y naval con independencia del resto de África para facilitar la defensa del territorio asignado. Puedes encontrar más información en la entrada sobre la biografía de Justiniano publicada en Desde las Blaquernas.

En los textos encontramos otras noticias que relacionan Hispania con Bizancio:

  • A mediados de siglo aparece en las crónicas una enigmática referencia a un tal Ardabasto, proveniente de Grecia en tiempos del rey Chindasvinto (642-653), expulsado por el emperador Constante, que habría enraizado en Hispania y procreado a Ervigio (680-687). Sobre esta noticia las hipótesis son varias y no probadas en ningún caso.
  • Durante el reinado conjunto de Egica y Witiza (694-702) la Continuatio Hispana menciona al magnate visigodo Teodomiro como vencedor de los bizantinos llegados desde el mar. Conocemos a un Teodomiro mencionado en 693 durante el XVI Concilio de Toledo como víctima en la conspiración tramada por el obispo de Toledo Sisberto contra el rey Egica. En 713 un godo llamado Teodomiro (Tudmir en las fuentes árabes) establece un pacto con Abd al-Aziz, hijo de Musa ibn Nusayr, por el que se le otorgan siete ciudades en Levante murciano para su gobierno a cambio de un tributo. La identidad de ambos con un solo personaje parece bastante factible.

Algunos estudiosos atribuyen la presencia de las naves bizantinas a una parte de la flota del patricio Juan, enviada al rescate de Cartago en 697. Tras su derrota al año siguiente la flota se vio obligada a evacuar la ciudad. Muchos de sus ciudadanos se refugiaron entonces en las Baleares, Cerdeña o Sicilia. Otra teoría sostiene que los agresores podrían ser un destacamento naval bizantino basado en Baleares, actuando de modo autónomo que buscaba bases en territorio hispano para apuntalar su defensa frente al enemigo islámico.

El enigmático conde Don Julián

Por último queda analizar la misteriosa figura de YlyanUrbano o el conde Don Julián como ha sido llamado tradicionalmente, el personaje al mando en la región del Estrecho ya en la época de la expedición occidental de Uqba ibn Nafi en 680 y al que se atribuye la colaboración para el tránsito del Estrecho a las tropas musulmanas. Diehl, Pringle, Goubert o Levy-Provençal lo consideran el último gobernador bizantino de Septem, aunque no falte quien lo considere godo (Torres López) o bereber (Codera o Sánchez Albornoz).

Las fuentes, latinas y musulmanas, coinciden en mencionar a un personaje en el ámbito africano colaborador de las tropas islámicas en su invasión de Hispania. La Continuatio Hispana califica a ese Urbano de nobilissimus vir y acompaña a Musa a Oriente después de su estancia en Hispania. En las fuentes musulmanas se trata de un cristiano enfrentado a Don Rodrigo por alguna cuestión el que facilita el tránsito a la Península. Este mismo personaje, que es llamado Ylyan, ya es mencionado treinta años antes en relación con la expedición de Uqba ibn Nafi a la costa noroccidental de África.

Los autores que mencionan su implicación en la expedición de 680 le llaman señor de Tanya/Tingitania (Ibn al-Athir, En-Nuwairi) y señor de Septem (Al-Bakri, Ibn Idari) y mencionan su sometimiento a Uqba. A la vista de las dificultades experimentadas por los árabes ante la resistencia bereber en esos años y la mención de Septem en 682 y 687 como fondeadero naval parece más apropiado considerar esa expedición como una simple campaña de saqueo y no una conquista propiamente dicha.

Para considerar en cambio su participación en los hechos de 711 debemos considerar los siguientes factores:

  • La desagregación acelerada del reino visigótico, con el enfrentamiento de los partidarios de la monarquía hereditaria con los de la electiva (integrada por los señores capaces de formar sus propios ejércitos con sus dependientes) en un clima de conspiración que le hace muy vulnerable a una amenaza externa.
  • El avance islámico, ya patente desde la conquista de Egipto en 645 y la ofensiva hacia el Oeste reforzada por la fundación de Kayruan en 670, se ven detenidos por la resistencia bereber acaudillada por la Kahina y en menor medida por la bizantina. Tras una primera ocupación de Cartago en 697, Hassan ben Uman la toma definitivamente en 698, expulsando a la flota imperial que había llegado desde Constantinopla para socorrerla. A comienzos del siglo VIII los árabes tienen el dominio naval en el Mediterráneo Occidental a pesar de la permanencia bizantina en algunos reductos como las Baleares.

Las fuentes islámicas presentan a Ylyan como un rum (romano/bizantino), gobernador de Septem y su región, con medios navales a su disposición y relacionado con la monarquía visigoda. Después de la caída de Cartago el gobierno bizantino sobre África se extingue y la posición aislada de Septem y la imposibilidad en la práctica de recibir refuerzos desde Sicilia o las Baleares probablemente le otorgó una situación de independencia de facto, bien fuese detentada de los oficiales presentes o, más probablemente, en beneficio de un miembro destacado de la población. Un prohombre de la ciudad, como podría ser Julián/Urbano, ante la falta de apoyos podría decidir establecer contacto con el rey visigodo Witiza (702-710) para buscar un aliado. Prueba de esta colaboración sería la mención en el Ajbar Machm’ua de un primer fracaso de Musa ante Septem gracias a la ayuda de Witiza. De acuerdo con esta interpretación se puede suponer que Septem dejó de ser territorio bizantino en la primera década del siglo VIII.

Las Baleares bizantinas

La historia de la dominación de las Baleares y las Pitiusas por Bizancio es el episodio más prolongado en el tiempo, ya que se extiende con seguridad hasta principios del siglo VIII y hay indicios para sospechar que durante buena parte de ese mismo siglo.

La dominación por parte de los vándalos de las Islas Baleares y la importancia estratégica de las mismas atrajo como era de esperar la atención de Belisario. Una de sus primeras medidas tras el triunfo a finales de 533 en la batalla de Tricamaro contra Gelimer, y precediendo al asalto de Cartago, fue enviar una fuerza escogida para hacerse con su control como medida preventiva contra las acciones de la flota vándala:

Y a las islas que se encuentran cerca de la entrada del océano, que, por parte de los nativos, reciben el nombre de Ibiza, Mallorca y Menorca, mandó a Apolinar, el cual era originario de Italia pero que, siendo todavía un jovenzuelo, había llegado a Libia. Y habiendo sido recompensado con grandes sumas de dinero por parte de Ilderico, que por aquel entonces gobernaba sobre los vándalos, una vez que éste fue relevado de su mando y mantenido en prisión como ha quedado dicho en la narración precedente, se presentó ante el emperador Justiniano con el resto de los libios que actuaban en interés de Ilderico, con la intención de ganarse su favor como suplicante. Y tras unirse a la expedición de los romanos contra Gelimer y los vándalos, se comportó bravamente en esta guerra y, sobre todo, en Tricamaro. Como recompensa por su actuación Belisario le confió estas islas.Procopio de CesareaGuerra Vándala, IV, v, 7-10

Tras la información proporcionada por Procopio las noticias sobre las Baleares desaparecen. Se considera que las islas, al igual que Córcega, dependerían del duque de Cerdeña durante el reinado de Justiniano como gobernador militar y un praeses en la administración civil. La isla de Córcega tendría al mando a un tribuno, dependiente de su superior, con atribuciones militares y civiles y el apoyo de los possesores de la isla. Es muy probable que la organización de las Baleares fuese similar a esa.

Los hallazgos arqueológicos evidencian para el siglo VI la reconstrucción de basílicas, la circulación de monedas bizantinas y aparición de ánforas como testimonio de una vida comercial activa. Además los estudios sobre las fortificaciones de la época aportan conclusiones de interés:

  • Además de los restos encontrados en el área del castillo de Palma, en Alaró y en Santueri, las excavaciones más prometedoras han sido las efectuadas en el foro de la antigua Pollentia (Pollensa), con una estructura defensiva que incluía una torre.
  • Restos similares en el recinto medieval de Ibiza de origen tardorromano reutilizados en época bizantina. En Formentera se han identificado vestigios de una fortificación de planta cuadrada con cuatro torres en Can Blai.

Las noticias sobre Baleares escasean en las fuentes literarias. Está documentada su consideración como lugar de destierro en el siglo VI. La información más importante es la relacionada con la estancia del obispo Víctor de Tununa, desterrado a las islas en 551 por su oposición a la política religiosa de Justiniano, particularmente a sus decisiones en materia de teología. El propio obispo, en su Crónica que llega hasta el año 566, relata su accidentada experiencia:

Víctor, obispo de la iglesia de Tununa, autor de esta obra, después de haber sufrido prisión y castigo durante su primer exilio en las islas Baleares, y también en el monasterio de Mandracio; después del segundo destierro a la isla Aegimuritana es enviado a un tercer exilio en Alejandría junto con Teodoro, obispo de la iglesia cebarsusitana, por haber defendido a los mencionados Tres Capítulos. Después de haber estado en la cárcel pretoria es encerrado en la prisión del castillo de Diocleciano.Victor de TununaCrónica, § 153

La correspondencia entre el obispo Liciniano de Cartagena con su colega Vicente de Ibiza a finales del siglo VI nos permite conocer una curiosa historia. Liciniano reprende con severidad al obispo ebusitano por haber leído en el altar una carta supuestamente caída del cielo escrita por Cristo. Liciniano atribuye a la influencia de la comunidad judía en las islas que pretendía extender al domingo la práctica del sabbath:

[…] Pero nos ha entristecido enormemente que, como dice la tuya, hayas dado crédito a la carta que también nos has hecho llegar y que la hayas leído en el altar. Yo, en cuanto he recibido la carta que acabas de enviarme y en cuanto he leído el principio de esa carta, en presencia del portador, no pudiendo aguantar ni seguir leyendo esas tonterías, inmediatamente la rompí y la arrojé al suelo, espantado de que hubieses creído todo eso […] Al comienzo de esa carta leemos que se ha de observar el domingo. ¿Qué cristiano hay que no tenga gran veneración por este día, no por él mism, sino por la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, porque en ese día resucitó de entre los muertos? Pero, por lo que veo, este nuevo predicador difunde todo esto para que judaicemos, es decir, que nadie prepare durante este día lo que es necesario para comer, o que nadie comience un viaje. Que esto es una cosa pésima que debe valorar tu santidad. ¡Tanto de bueno que el pueblo cristiano en ese día si no acudiese a la iglesia realice algún trabajo y no lo pasase bailando! Sería mejor que los hombres trabajasen en el huerto, que caminasen y que las mujeres se ocupasen de su labor y no, como parece, de bailar, danzar y retorcer de mala manera los miembros que Dios ha formado armoniosos y cantar canciones ligeras que excitan la lascivia […] Corrija, por lo tanto, tu santidad lo que has creído imprudentemente y si aún conservas la carta, rómpela públicamente, y que te duela haberla leído desde el altar.

La existencia atestiguada de un obispado en Menorca durante el siglo V, la mención de Vicente de Ibiza y la de un monasterio en la isla de Cabrera en 603 que necesariamente dependería de una autoridad superior llevan a pensar en que la estructura episcopal en las Baleares mantenía las tres sedes reconocidas en la Notitia Provinciarum et Civitatum Africae. Y la deferencia de Vicente hacia Liciniano apunta a que Carthago Spartaria era la sede metropolitana de las Baleares.

Entre las cartas escritas por Gregorio Magno se encuentra una dirigida al defensor ecclesiae Juan, encargado de solucionar cuestiones de disciplina eclesiástica. Fechada en el año 603, tiene por objeto corregir el comportamiento reprobable de los integrantes de un cenobio en la isla de Cabrera:

Porque ha llegado a nosotros la noticia de que los monjes del monasterio que se encuentra en la isla de Capria [Cabrera], que está situada cerca de Mallorca, que también es una isla, actúan de manera tan perversa y han cometido tales crímenes que parece que más que servir a Dios luchan, y lo decimos llorando, a favor del antiguo enemigo. Tú, con la autoridad que te dan estas palabras, dirígete al citado monasterio para informarte de la vida y costumbres de los que allí viven, haciendo una pormenorizada investigación. De este modo todo lo que encuentres que ha de ser castigado, tal y como lo exige la norma canónica, debes corregirlo imponiendo las penas correspondientes. Y has de procurar informar a los monjes del comportamiento que deben seguir.Gregorio MagnoEpistolas, XIII, 47

En la época de la intervención imperial en Hispania es muy probable que las Baleares fueran punto de paso de la flota que atacó Cartagena, ya que las corrientes marítimas en la zona dificultaban la navegación directa África-Levante y favorecían en cambio la subida hasta Ibiza para aprovechar la corriente descendente hacia el Levante.

Durante el siglo VII las islas, como hemos visto anteriormente, probablemente fueron la base de un destacamento naval bizantino destinado no sólo a proteger las Baleares sino a supervisar el control de la cuenca occidental del Mediterráneo, probablemente bajo el mando del oficial superior basado en Cerdeña desde el final de la presencia bizantina en Spania en 625.

Tras la caída de Cartago los gobernantes en las islas quedaron previsiblemente expuestos a valerse por sus propios medios. No se conservan testimonios anteriores a 707/708, con la llegada de Abd Allah, el hijo de Musa, después de una expedición de saqueo en Sicilia y Cerdeña. Según los autores islámicos Abd Allah consiguió abundante botín en las Baleares y capturó a los gobernantes (o notables locales, llamados muluk/reyes en las crónicas árabes) de Mallorca y Menorca que años después formarían parte del séquito de Musa en su viaje a Oriente.

Al igual que en el caso de Septem puede entenderse también en las Baleares una situación de independencia de factodesde principios del siglo VIII y una situación de acuerdo entre los árabes y los cristianos baleares, ya desligados de toda obediencia al Imperio. Pese a ello los contactos con el Imperio se mantienen, como lo muestran las monedas de oro de León III y Constantino V encontradas en Mallorca.

La relación con el poder árabe evolucionaría en el siglo IX a una dependencia política (recordemos, por ejemplo, que las fuentes citan alrededor de 848/849 un ataque de la flota califal cordobesa a Mallorca y Menorca para reducir la resistencia de los indígenas. Una fortaleza denominada Alaró, ocupada por rum, resistió durante ocho años antes de rendirse. Por rum debemos entender cristianos, no bizantinos en este contexto. Por el contrario Cerdeña y Sicilia siguieron siendo gobernadas directamente por Bizancio.

La administración bizantina en Hispania

Las posesiones de Hispania formaban parte, junto con las Baleares, de la provincia conocida como Spania. Septem, sin embargo, pertenecía a Mauritania II, según informa Jorge de Chipre en su Descriptio Orbis Romani, una lista de las ciudades del Imperio a finales del siglo VI.

Según lo establecido en el Código justinianeo el tribuno establecido en la población dependía del Magister Militum Africae a través del duque de Mauritania residente en Cesarea. En la esfera civil también fue constituida en 534 la Prefectura del Pretorio de África en la que Septem fue asignada a la provincia de Mauritania Cesariense.

Ante la falta de documentación previa a las reformas administrativas del reinado de Mauricio los expertos dudan de si los territorios bizantinos en Hispania en los años inmediatos a la conquista fueron independientes del alto mando africano o si estaban adscritos a la Eparquía Mauritana. Se ha avanzado la hipótesis de que durante los últimos años del reinGrafitti de dromon encontrado en Málagaado de Justiniano se creó lo que se ha dado en llamar particularismo hispano, la creación de una circunscripción hispana con amplia autonomía que abarcaba Septem, las Baleares y los territorios peninsulares en poder del Imperio desligada de la Mauritania Cesariense.

Durante el reinado de Mauricio se crea el régimen de los exarcados en los territorios occidentales del Imperio, caracterizados por la unión del mando militar al civil con primacía del primero para dar respuesta a la amenaza de lombardos y moros/bereberes. Al frente el exarca con plenos poderes y supeditado a él el prefecto del pretorio que se mantiene con atribuciones disminuidas. En el escalón inferior las eparquías al mando del duque, con atribuciones del magister militum que usurpa las del juez o praeses. Las sedes de los nuevos exarcados son Rávena (primera citación de un exarca con Esmaragdo en 584) y Cartago (Genadio en 591, anteriormente también Magister Militum Africae).

En la Descriptio de Jorge de Chipre se menciona expresamente los siguientes territorios hispanos bajo la Eparquía Mauritana II: SeptemSpania, Mesopotamios, Mallorca y Menorca. Según la hipótesis de Vallejo formaría parte teórica del exarcado africano pero con un alto grado de autonomía, lo que explicaría el elevado rango de su gobernador.

Red viaria en Mediodia Peninsular

Red viaria meridional en la Península

La explicación para el término mesopotamios/μεσοποταμενοι podría ser la referencia al origen de una unidad militar (García Moreno) o una región comprendida entre dos ríos (según varios autores entre el Guadalentín y el Segura, lo que incluye en su interior a Carthago Spartaria, basándose en la denominación al-Yazira, de valor equivalente, para esta región atestiguada en el siglo IX), pero nada es seguro habida cuenta de los errores e interpolaciones en el texto. Para Soto Chica y Berenjeno el término, sin embargo, se refiere a Algeciras basándose en el testimonio de la Crónicade Ananías de Shirak y la Notitiae Graecorum Episcopatuum.

Al frente de la provincia está el Magister Militum Spaniae, cargo mencionado en las fuentes por vez primera en el año 589-590. El Maestro de los Soldados de España ejerce simultáneamente el poder civil y militar en su circunscripción y depende sólo del gobierno central. En la inscripción de Cartago Spartharia se le denomina también rector (gobernador provincial) y tiene a su cargo, como lo muestra la propia inscripción, actividades edilicias.

Otra de las facetas de su actuación era la relacionada con los asuntos eclesiásticos. Conocemos por unas epístolas de Gregorio Magno fechadas en agosto de 603 que Comenciolo/Comitiolo, ya fallecido, hacia 595 había sacado de su iglesia al obispo Jenaro de Malaca, lo depuso y envió al exilio mientras que ordenó el juicio contra el obispo Esteban en la línea del intervencionismo administrativo en todas las áreas conocido en otras partes del Imperio. Una interpretación plausible de la motivación de Comitiolo para realizar estos hechos es una posible connivencia de los obispos con el enemigo visigodo, lo que les convertiría en culpables de traición y por tanto susceptibles de ser despojados de sus cargos.

Aunque no se conocen los grados intermedios de la oficialidad, si tenemos en cuenta la evolución paralela de territorios como Cerdeña en los que se documentan tribunos y primicerios, podemos pensar con fundamento que se encontrasen en la España bizantina oficiales con el mismo rango.

Cuando en 614 el patricio Cesario negocia con el rey Sisebuto un tratado de paz informa directamente al emperador Heraclio sin intervención previa de los exarcas italiano o africano y ello por las peculiares condiciones de Spania que exigían gran capacidad de decisión para el oficial al mando. Los patricios mencionados en las fuentes detentan la dignidad de patricio, probablemente con la categoría de glorioso, el más alto grado en la jerarquía bizantina.

Otros oficiales en la administración bizantina conocidos son los jueces, mencionados en una de las cartas de Cesario al rey Sisebuto durante las negociaciones de paz que mantuvieron ambos. Aunque el término puede tener diferentes connotaciones, en este caso la judicial parece ser la más acertada.

Se desconoce si la capital de la provincia estaba en Cartagena o Málaga. La inscripción encontrada en Cartagena registra que el Magister Comenciolo reparó las puertas de la ciudad, pero no es indicio suficiente para afirmar que la ciudad fuese capital. Tampoco se conoce con exactitud la localización de la ceca, que continuó fabricando moneda hasta los últimos tiempos de la provincia.

Plano Carthago Spartaria

Las excavaciones realizadas en la ciudad han localizado un barrio bizantino en el interior del teatro, una necrópolis de la época y otro enclave habitado en el Cerro del Molinete. En ese entorno han sido descubiertas restos de una coraza laminar, flechas de tipo ávaro y los restos de un fortín de finales del siglo VI con una zona de almacenaje y una capacidad para unos 500 hombres de guarnición.

 

Teatro romano de Cartagena

Reconstrucción del Teatro romano de Cartagena

La defensa del territorio de Spania estaba organizada a partir de una red de pequeñas fortificaciones denominadas en las fuentes castracastella o φρούρια, tras las que se encuentran las ciudades de mayor tamaño conectado a las calzadas que permitiesen buena comunicación entre ellas  como la Via Augusta (que enlazaba Illici, Carthago Spartaria, Basti y Acci). Si Carthago Spartaria y Asidona aparecen citadas en fuentes literarias debemos recurrir a las arqueológicas para el resto::

  • Malaca, con monedas bizantinas en su alcazaba.
  • Dianium/Denia, con fortificaciones reformadas poco antes de la llegada de los bizantinos.
  • Illici/Elche, con murallas de época bajo-imperial en uso en el siglo VI.
  • Aurariola/Orihuela, con fuertes murallas a principios del siglo VIII según se describe en el pacto de Tudmir, previsiblemente con origen anterior.
  • Baria/Cerro de Montroy en Villaricos (Almería), con un hábitat tardorromano con torres de defensa para vigilancia de la costa, a las que el reino visigodo respondió con fortalezas en Elo/Elda, Bigastri, Basti, Acci e  Illiberris.

En uno y otro bando las excavaciones realizadas en el levante y sur peninsulares apuntan a la existencia de pequeñas fortificaciones con necrópolis anexas sobre las calzadas controlando los puntos de acceso a las ciudades principales del territorio que debían defender.

Organización eclesiástica en la España bizantina

El papa Gregorio se ocupó con celo de los asuntos de la iglesia de Spania. Sabemos que en agosto de 603 intervino en el proceso de deposición de los obispos Jenaro y Esteban años atrás desautorizando la actuación del difunto patricio Comenciolo por ser contraria a los cánones eclesiásticos. Es probable que la causa que provocase la intervención del patricio fuese la inclinación de ambos obispos hacia los intereses visigodos en Malaca y, probablemente en el caso de Esteban, Asidona.

La oportunidad de una queja sobre un importante personaje ya fallecido sobre un suceso ocurrido seis o siete años atrás tiene su explicación en la animadversión personal del emperador Focas contra Comenciolo, con el que había servido en Tracia durante las guerras contra los ávaros. Ante esos precedentes era de esperar que Focas acogiese favorablemente la solicitud.

Se conoce también su intercambio con Liciniano de Cartagena, al que ordenó que no confiriese las órdenes sagradas a hombres ignorantes a lo que el obispo contestó que si lo hiciese así no habría obispos en la provincia.

Las evidencias sobre la red de iglesias y monasterios son abundantes pero desiguales:

  • En el caso de Septem sólo se tiene conocimiento de la construcción o remozamiento de la iglesia dedicada a la Madre de Dios citada por Procopio, pero la existencia de una población civil y de un obispo a finales del siglo IX llevan a pensar que pudo existir también en época bizantina.
  • Durante la Querella de los Tres Capítulos, en los años cuarenta y cincuenta del siglo VI,  provocada por el intento de imposición de Justiniano de un acercamiento a los monofisitas en contra del sentir general de la Iglesia, varios monjes y abades africanos se refugiaron en Hispania, evitando significativamente los territorios controlados por el Imperio para instalarse en Emerita (Nancto) o como Donato, que se traslada con setenta monjes y gran cantidad de libros y funda el monasterio Servitano cerca de la ciudad de Ercavica en la actual provincia de Cuenca.
  • En las Baleares se conoce a Vicente de Ibiza, al que Liciniano de Cartagena dirige una carta alrededor de 595. Se sabe también que Gregorio Magno envió en agosto de 603 a su defensor ecclesiae Juan [experto en asuntos legales] para que, de camino a la Península, hiciese un alto en la isla de Cabrera para poner orden en las costumbres de sus monjes. Con anterioridad el destierro del obispo Víctor de Tununa en 555 a Baleares por su discrepancia con el emperador Justiniano hace pensar en la existencia de algún otro monasterio como lugar de reclusión natural.
  • En Malaca el primer obispo conocido es Severo (circa 582-595), colega de Liciniano de Cartago. Su sucesor Jenaro fue depuesto hacia 595 por Comenciolo y vigorosamente defendido por Gregorio Magno.
  • La figura más sobresaliente del obispado metropolitano de Carthago Spartaria (el único con tal categoría en los territorios bizantinos) es la de Liciniano, también en el cargo durante el reinado de Mauricio, del que se conservan cartas intercambiadas con Gregorio Magno y un retrato de su vida escrito por Isidoro de Sevilla. En otra de sus cartas conocidas reprende al obispo de Ibiza Vicente cuando éste le comunica la lectura a su congregación de una carta caída del cielo y firmada por Cristo en la que se animaba al pueblo ebusitano a respetar el descanso dominical. La respuesta de Liciniano muestra su indignación por la ignorancia del obispo y el carácter judaizante de la misiva, señal de la influencia de esa comunidad presente en la isla. En otra carta dirigida al papa, Liciniano muestra su preocupación por la falta de formación de clero y lamenta que a causa de las difíciles circunstancias no se puede encontrar a nadie apto para el oficio sacerdotal. Su muerte por presunto envenenamiento mientras se encontraba en Constantinopla fue muy recordada por los contemporáneos.

La población de la España bizantina

En el siglo VI las evidencias epigráficas permiten documentar la presencia de una amplia colonia de sirios y orientales, también denominados en las fuentes como transmarini negotiatores, en lugares como Menorca, Illici, Carthago Spartaria, Malaca, Carteia o Mirtilis. Dedicados a la actividad comercial principalmente sobre productos de lujo a cambio de materias primas, se vieron muy favorecidos por la decisión del emperador Anastasio I (491-518) de eliminar la collatio auri lustralis, el impuesto aplicado a los comerciantes. Los hallazgos numismáticos se incrementan a partir de mediados del siglo VI con tesorillos en las Baleares, Cartagena, Iulia Transducta (Algeciras) o Málaga, testimonio de una actividad comercial en aumento.

En las obras de Procopio se relata la presencia de los comerciantes en África e Italia, determinante en su apoyo a la causa imperial como informadores, y es muy probable que su presencia en Hispania fuese de similar importancia aunque falten los testimonios literarios. También se constata la presencia de colonias judías, a pesar de la actitud negativa de la administración imperial hacia ellas.Reconstrucción barrio bizantino Carthago Spartaria

Para la población hispanorromana se desconocen documentos que muestren su actitud ante la ocupación bizantina. Los estudiosos se dividen entre los que se inclinan por su actitud positiva (por una afinidad natural ideológica y religiosa con el Imperio) y en contra (por el peligro que para su autonomía suponía la voluntad centralizadora del Imperio).

El único testimonio existente para este grupo social es el de la familia de Severo, cuyos tres hijos, Leandro, Isidoro y Fulgencio fueron obispos en el área bético-hispalense. En las epístolas que Leandro de Sevilla dirige a su hermana Florentina relata la huida de la familia de la Cartaginense por un motivo de fuerza mayor que, en esos años, no puede ser otro que la ocupación bizantina de Carthago Spartaria:

Me duelo, ¡desgraciado de mí! de haber enviado allí a nuestro hermano Fulgencio, porque estoy en un temor continuo por sus peligros; sin embargo estaré más seguro si tú, tranquila y ausente de allí como estás, rogares por él. De allí fuiste sacada en una edad en que ni te puedes acordar aunque naciste allí. Ningún recuerdo puede inducirte a la  nostalgia; y dichosa eres por ignorar lo que te causaría pena. Yo por mi parte te hablo por experiencia: aquella tierra nuestra de tal modo perdió su florecimiento y hermosura que no queda en ella persona libre, ni su suelo goza ya de su tradicional fertilidad. Y no sin el juicio de Dios, pues el país al que se le han arrebatado sus ciudadanos y donde se han metido extranjeros, al perder su honor, perdió su fertilidad. Mira, hermana mía Florentina, lo que debo avisarte con temor y pena, para que la serpiente no te arranque del paraíso y te traslade a una tierra que produce espinas y zarzas.Leandro de SevillaRegla, § 875-878

De la lectura de esos consejos, escritos alrededor de 585/590, se deduce que la ocupación de Carthago Spartaria por los imperiales no fue pacífica. Sabemos también que su propia madre no volvió a Cartagena y de todos estos testimonios podemos deducir que, incluso para los católicos, la ocupación bizantina fue gravosa y opresiva.

Conclusión

Las difíciles circunstancias que atravesó el Imperio durante el período de existencia de la Spania bizantina determinaron en repetidas ocasiones la imposibilidad de realizar un esfuerzo decisivo para mantener o reforzar esos lejanos territorios. Nada nos hace pensar que la administración imperial descuidase su gobierno y sí que en todo momento estuvo determinada a conservarlos bajo su control, pero ciertamente la sociedad constantinopolitana mostró escaso interés por los territorios en el extremo Occidente.

Son muy escasas las citaciones a España en los escritores del siglo VI salvo alguna mención aislada de Agatías o en la Therapeutica de Alejandro de Tralles. El hermano del Antemio arquitecto de Hagia Sofía, menciona un remedio curativo conocido durante un viaje a Hispania. La sociedad bizantina ni siquiera se hizo eco de la noticia de su pérdida definitiva, ahogada en medio de tantas otras calamidades. Son razones de tipo cultural, ideológico y práctico las que explican el nulo interés de los súbditos orientales por la suerte de Spania, a la que no sería ajeno también la inmensa lejanía geográfica.

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