El sacrificio de Odín

Ernust

Cuentan las antiguas crónicas que Odín estuvo colgado del Fresno del mundo Yggdrasil durante nueve días y nueve noches, en un sacrificio iniciático a Sí mismo desde Sí mismo, un sacrificio por el que murió para alcanzar la vida.

Según las fuentes que disponemos este sacrificio se llevó a cabo la noche de Walpurgis, la noche del 30 de abril al primero de mayo, en COE a nivel interno siempre lo hemos llevado a cabo, cada hermano ha realizado su proceso de transformación interna, ha vivido esos 9 días y esas nuevas noches mágicas.

Y he aquí que propongo  un pequeño ejercicio para quien se atreva, voy a ponerme en la piel del rey Ostrogodo Ermanreiks a quien le tocó la primera defensa de occidente contra los Hunos, aquél que poseyó un reino tan vasto como el imperio romano, que llegaba desde Finlandia hasta las mismas raíces de las montañas de Cáucaso.

A Jörmunrekkr (Hermanarico) se le ha asignado su permanencia dentro del paganismo así como la de entre otros,  los pueblos  godos de Atanarico o Radagasio. Entendemos que también Ermanarico debió de hacerlo, lo cual pudo influir en su ingreso a la tradición oral de impronta precristiana; además, al permanecer en Escitia, fuera del imperio, no habría tenido ninguna razón para renunciar a la religión de sus ancestros.

Así que Empezaremos inmediatamente.

Reino de Aujum

21 de abril de 375

Cherniakhiv (Kiev), Capital del reino ostrogodo, Los hunos en su avance han llegado hasta las riberas orientales del Dniéper tanto al norte como al sur de la capital. En el este la capital solo se defiende siguiendo la línea boscosa cercana a la misma. Los caballos no se atreven a entrar dentro de él. Se ha dado la orden de evacuar las riberas y situarse dentro del enclave entre ríos, dos fuertes empalizadas protegen el corazón del reino.

Jörmunrekkr, descendiente directo de Gaut, a través de Odín, resiste junto con la élite de sus fuerzas: “La Guardia de Gaut”.

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Reconstruyendo Ásatrú

Jenny Farrell

Reconstruir la cosmovisión germánica y el sentido de las relaciones es un proyecto que está siendo puesto en buena marcha por un gran número de individuos y un considerable número de grupos. A veces, estas gentes serán clasificadas por nuestros enemigos monoteístas  como `fundamentalistas’ pero ellos continúan creciendo en número. Pero revitalizar la espiritualidad germánica es lo que Ásatrú comenzó a hacer y está ahora, al menos parcialmente, de vuelta en el rastro de la agenda original. A partir de que la cultura y el contexto son las primeras cosas que un niño aprende en su vida, sería prudente que estos también fueran las primeras recomendaciones a los nuevos conversos.

Como se ha establecido, en la mayoría de los grupos u organizaciones, aprender cómo conducir apropiadamente un blót o un Symbel es de la más alta prioridad y muy poca atención es dada al desarrollo de la cultura. Si este fuera el caso, Ásatrú ya no estaría sujeto a préstamos como se discutió al principio de este ensayo, y la mayoría de aquellos préstamos traídos al principio habrían desaparecido. Como fue establecido más arriba, si la ceremonia religiosa es la expresión de una cultura dentro de un contexto, la espiritualidad es un poco más que la acción propia dentro de la misma, así parece razonable entonces que la comprensión de la cultura debe venir primero.
Espiritualmente, entonces, será la determinadora de los “adornos” de la religión. Mediante la interacción con la comunidad y las familias, además adquirirá significado y son estos aspectos entonces los que contendrán el enfoque central durante su expresión. Trazar un círculo mágico wicca al inicio de un blót no tiene otro significado para nuestra cultura que el de una copia extranjera.

Por el contrario, somos conscientes de que un seiðman que practica una forma de sanación que utiliza un lazo el cual fue encontrado en una jornada de recolección de hierbas, sostiene que el lazo es para mantener protegida el alma del paciente mientras la sanación está tomando lugar. El ambiente de la comunidad está en el suroeste norteamericano donde todavía son puestas cuerdas en la tierra alrededor de una persona mientras duerme para mantener las serpientes de cascabel lejos. La cuerda a través del camino vino a entrar en posesión del seiðman y entonces ha adquirido así un significado más extenso y ha llegado ser parte de esta expresión del individuo. Es totalmente concebible que el Ásatrú en Hawái o Florida puede “adquirir” una cierta palma o fruta o parte animal o pez en una forma similar.

¿Cuál es la diferencia entre “copiar” y “adquirir”, entonces? Una de las defensas frecuentemente empleadas por los conversos new age cuando acusan al Ásatrú de comprometerse en una aproximación facilista es “Bien, Ásatrú ha sobrevivido continuamente durante siglos, ha evolucionado y se ha adaptado a los nuevos desarrollos”
El problema con el argumento debiera ser obvio, sin embargo. El contenido religioso es cargado con un significado transferido desde un mundo antiguo e instalado intacto en un segundo moderno. Las palabras claves han “evolucionado” y “adaptado”. Con ambas palabras, la implicación es que el significado fue generado por interacción entre el objeto y el seguidor de Ásatrú. Al levantar una ceremonia, cerrarla, abastecerla, enriquecerla y ponerla en un contexto Ásatrú desvía la evolución completamente (aunque su “uso” pueda requerir alguna adaptación); la imitación no es mucho mejor. La cultura, en una situación copiada, está siendo forzada a expresarse a sí misma según el capricho y el fundamento religioso del que controla y ningún caso tiene avanzar más allá de un (nombre de religión de origen) coloreada “nórdicamente”. La reconstrucción se detiene en este punto y el proceso de homogeneización se hace cargo.

Si Ásatrú continúa su recorrido como una religión reconstruida más que siendo absorbido por el movimiento wiccano siempre creciente, los adherentes necesitarán mantener muy claras las fronteras acerca de  quién es Ásatrú y quién no lo es. Los juicios necesariamente serán  hechos, y, como en el pasado, las percepciones serán desarrolladas.
Los seguidores, como los nativos americanos han hecho, necesitarán comenzar denegando la entrada a aquellos que llegan desde el exterior deseando sólo imitar más que comprender, pero también necesitarán comenzar a fiscalizarse a sí mismos, trayendo a cuestionamiento aquellas cosas, comportamientos, creencias o acciones que pueden haber sido copiadas, tirando fuera aquellas que claramente lo son.

 1) Aceptar que Ásatrú como cosmovisión está totalmente completa (pero no plenamente interpretada) y puede conducirse por sus propios medios.

2) Aceptar que Ásatrú como una religión es la expresión de la cultura subyacente.

3) La espiritualidad Ásatrú está basada en la interacción con el mundo real en un camino que sostiene el bienestar de la familia y la comunidad.

4) ” Las Recompensas finales” para los germánicos están en correlación directamente con la memoria dejada tras la muerte de uno mismo.

5) La familia es la más pequeña unidad reconocible en Ásatrú; el individuo no es sino una parte de la familia. “Feroz individualismo” es por tanto un concepto tan extranjero como moderno.

6) La comunidad geográfica es el última línea de defensa para una familia, e incluso a través de ella puede ser `defendida’, lo que debiera siempre ser manejado con respeto.

7) La tierra sobre la cual una comunidad geográfica está construida y sustentada es sagrada.

8) La comunidad está naturalmente dividida en tres clases (la trifuncionalidad Dumeziliana); cada una de ellas está supuestamente preparada para rendir culto apropiadamente –los individuos orando directamente a los dioses fue tomado del cristianismo hace un milenio–. Ancestros, espíritus de la tierra y espíritus del hogar deben ser correctamente reinstalados.

9) Desarrollar nuevos “adornos” que deban ser:
a) localmente significativos
b) no copiados
c) consistentes con la cosmovisión germánica.

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DESENREDANDO EL CONCEPTO FOLKISH

Por Manu Garzón

http://escritorioescaldo.blogspot.com.es/2016/03/

El espíritu de Wikukind sigue vivo

El artículo que publico hoy aquí trata de un tema sobre el que debía haber escrito hace tiempo. Al tratarse de un asunto complejo y espinoso, he estado remoloneando para no escribirlo de forma precipitada, pero ya ha pasado demasiado tiempo desde que publiqué aquí por última vez, y creo que es importante que deje mi postura bien clara al respecto, dado que, de un tiempo a esta parte, se han sucedido en mi entorno interesantes debates sobre mi posicionamiento en referencia al Odinismo. Así que trataré, como siempre hago, de explicar esa forma de vivir mi fe que muchos tachan de intolerante sectaria.
Estoy hablando de la corriente Folkish.
Todos los pueblos de este mundo tienen una religión que se interrelaciona con otros aspectos de su identidad, como la lengua o la cultura, que es propia de sus gentes y que, podríamos considerar, es el cauce más natural para la expresión de su espiritualidad. Por desgracia, y desde hace varios siglos, estas religiones nativas han sido desplazadas, asimiladas o, en el peor de los casos, directamente eliminadas por otras creencias espiritualmente “imperialistas”, foráneas en aquellos territorios donde se practicaba otro sistema de creencias que diese a un pueblo ese matiz de independencia y autodeterminación que tan molesto resulta para quien trata de dominar y controlar. Sin embargo, mientras la identidad étnica de un pueblo se mantenga, aunque sea de un modo leve, siempre existe la posibilidad de un renacer de su propia corriente ética.
El cristianismo, seamos claros, no es más que una cubierta artificial en nuestra sociedad. Posiblemente, a causa de ello, el mundo entero sufre hoy una profunda crisis de valores. Cunde el desánimo entre la población, que ya no considera la religión (da igual la que sea, hablo de modo genérico del sentimiento religioso) como algo útil para su desarrollo personal, aferrándose a ese feroz materialismo que pretende taponar con cosas la hemorragia de su alma.
El Odinismo de la corriente Folkish dice simplemente: regresa a la fe de tus ancestros. Sólo eso. No hay supremacismo, no hay revancha ni tampoco odio. Regresa a la fe de tus ancestros, seas de donde seas, pertenezcas al pueblo que pertenezcas. Retornando a la senda ancestral, el individuo simplemente está volviendo a un modus vivendi que funcionó para su pueblo durante miles de años antes de la llegada de esa cubierta artificial que conocemos como cristianismo. No se trata de adoptar un culto exótico que nunca ha sido practicado por tu cultura, como lo fue el cristianismo en su momento. La vuelta a las creencias de nuestros antepasados Odinistas, para el pueblo que dio origen a este modo de entender la vida, es como retornar al hogar materno tras años de ausencia. Es como poder mirar en nuestro interior, y ver nuestro corazón.
Pero para retomar esa senda, es perentorio rechazar otras formas de pensamiento que, aunque exóticas y a menudo interesantes, no nos pertenecen en modo alguno, y de este modo restablecer nuestra propia senda. Porque el Odinismo es la religión de nuestro pueblo. Eso quiere decir que el Odinismo es particular de este pueblo, de este grupo étnico (que lo somos, como cualquier otro, le pese a quien le pese), de todas las tribus germánicas que dieron origen a nuestra cultura: suevos, vándalos y godos en la Península Ibérica, y sajones, jutos, anglos, lombardos, escandinavos, y tantas otras que no enumeraré por no extenderme de modo innecesario. En primer lugar y de un modo preeminente, hay que profundizar en las sendas de nuestros antepasados, largamente olvidadas, aprender (o recordar) su sabiduría y su visión del mundo, y seguir su ejemplo. De nuevo, observamos que hacer lo que ya se ha hecho antes es algo que nos beneficia como cultura o como pueblo (y, de hecho, es la base de nuestro ordenamiento jurídico hoy día: Lo correcto es lo que ya se ha hecho antes). En un plano netamente espiritual, un individuo sólo debería hacer lo que es correcto. Apreciar lo propio no es despreciar lo ajeno, pero para discernir qué es eso que denominamos propio hay que desprenderse de lo que no lo sea. Nos enseñaron que aglutinar era lo correcto, porque quien enseñaba era un aglutinador nato: nuevamente me refiero al cristianismo.
El psicólogo Carl Jung, en su ensayo titulado Wotan, nos da un claro ejemplo del modo en que nuestros dioses permanecen en la sociedad aún hoy día, y cómo pueden volverse más presentes:
Los arquetipos son como cauces que se secan cuando el agua desaparece, pero que pueden hallarse nuevamente en cualquier momento. Un arquetipo es como una vieja corriente de agua por donde el agua de la vida ha fluido durante siglos, excavando un profundo canal para sí misma. Cuanto más haya fluido por ese canal, más fácil es que, antes o después, el agua vuelva a su propio cauce.

Y así es como los dioses de nuestros ancestros han estado siempre con nosotros, y lo sencillo que resulta el hecho de que vuelvan. Son como una especie de código inscrito en cada fibra de nuestro ser: otros pueblos tienen otros códigos, eso es innegable, y éste es el nuestro. Nuestro código es beneficioso para nosotros, por la sencilla razón de que es exclusivamente nuestro -valga la redundancia -. De algún modo, en un contexto religioso, se trata de seguir nuestros patrones internos, en lugar de seguir sendas antinaturales para el individuo, por las que sólo puede uno abrirse camino siguiendo un dogma dictado desde fuentes externas.

En resumen, el Odinismo de la corriente Folkish enseña a tomar lo cercano para buscar lo sagrado que hay en ello. Debemos ser lo suficientemente sabios para darnos cuenta de que aquello que nos han vendido como “nuestra herencia” no es más que un culto oriental a la muerte, y hasta que no prescindamos de esas anteojeras, no podremos entender con plenitud lo que nos quiere decir el corazón. Nuestro rechazo no va contra una religión, ni contra una cultura, sino contra el sincretismo. Tenemos la noción de que somos un pueblo, formado por multitud de tribus, en un mundo formado por muchos pueblos, cada uno con su cultura y su fe autóctonas, y queremos reivindicarlo, del mismo modo que hoy día lo hacen el pueblo cherokee, o los mapuches, los inuit o los ainu. Eso suena coherente, ¿verdad? Pues cambiad el término cherokee por “francos”, cambiad mapuches por “alamanes”, inuit por “hérulos” y ainu por “turingios”. ¿Qué tal os suena ahora? Cuidado con la respuesta, no os vayan a tomar por folkish.
¡Os veo en el próximo artículo!
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¿Podemos cambiar de forma como los Dioses?

La noción de que los poderosos dioses, otros seres de naturaleza mágica y algunos hechiceros poseían la asombrosa capacidad para cambiar de forma a voluntad viene manifestándose en las diferentes mitologías y culturas que existen por todo el mundo desde que el hombre comenzó a contar historias.

Normalmente en los relatos aparece que estas metamorfosis se llevan a cabo según la voluntad de los propios ostentadores de tales habilidades y acostumbran a ser, en la mayoría de las ocasiones, en formas animales mostrando un marcado teriomorfismo en alarde de sus poderes.

Los mitos sobre estas asombrosas capacidades se extienden por cualquier mitología del planeta dejando ejemplos en cualquier cultura. Uno de los ejemplos más representativos es el caso de nuestra religión

Odin, y sus cambios de forma

Citando a nuestro hermano Manu Garzón;

“        –Lík. No es ni más ni menos que el cuerpo físico del individuo. Es tan necesario como el resto de partes, y la prueba es que, sin Lík, el ser humano no existe; y al contrario, un Lík sin el resto de partes espirituales tan solo es un cadáver, simple materia.

     –Hamr. El cuerpo espiritual del individuo. Algunos odinistas creen que tiene un aspecto adulto desde el nacimiento, y que el Lík crece siguiendo las directrices del Hamr. Asimismo, se cree que puede moldearse con nuestra fuerza de voluntad (v. gr.: un niño de constitución endeble se propone convertirse en un atleta, y se obliga a ejercitar su cuerpo, a llevar una dieta específica y a disciplinar su mente, con lo que cambia su Hamr, tras lo que su Lík va transformándose también).

     –Önd. El aliento vital del individuo, su motor, lo que hace que el resto de partes puedan cumplir con su cometido. El Önd es concedido por el propio Odín a todos los seres humanos. Algunos estudiosos odinistas rechazan este término por encontrarse en numerosos textos cristianos altomedievales, que lo usaban para referirse a su propio concepto de alma o ánima.

     –Odhr. Se trata de la parte del alma encargada de los sentidos y de la comunicación humana. Se la supone auspiciada por Hoenir, y situada entre la cabeza y el pecho.

     –. Con este término designo algo tan difuso como es la vitalidad del individuo, parecida a la “sangre” del espíritu. Es el conducto de poder usado por todas las partes del individuo, y debido a esa cualidad “cinética” y cambiante se le atribuye el auspicio de Lóki.

     –Hugr. Así definimos el pensamiento, y con él la parte consciente del alma, que trabaja en correlación con otra parte a la que denominaremos Minni.

     –Minni. La parte encargada de la memoria y de los recuerdos del individuo.

     –Sálfr. Más que una parte, es una cualidad de cada alma, y que abarca al resto de partes para que el individuo sea único, aunque su alma sea igual al resto de almas humanas. Esta parte del alma es la que viaja al otro mundo tras la muerte, pues retiene el Hugr, el Minni, el Önd, el Odhr y el Lá.

     –Sál. Con este nombre, que en islandés moderno significa “alma” o “bolsa”, se define como el contenedor espiritual que mantiene cada parte del alma en su lugar y trabajando en sincronía…”

Cabe destacar que en la cultura nórdica precristiana existían varios conceptos para diferenciar el cuerpo, el alma, la mente, las emociones y los sentimientos. Para referirse al cuerpo utilizaban dos conceptos diferenciados: el ‘’Lík’’, que designaba el cuerpo biológico que todo ser humano poseía y se encargaba de llevar a cabo las funciones vitales y, en oposición, se hallaba el concepto ‘’Hamr’’ cuyo significado literal era ‘’piel’’ o ‘’forma’’ y es el doble físico. Este término se refería a la apariencia en la que los demás podían percibir el cuerpo de uno mismo y curiosamente no se consideraba invariable, todo lo contrario, el Hamr podía cambiar. De hecho, el cambio de forma o del Hamr era contemplado en aquella sociedad definiendo la cualidad para poder llevar a cabo las metamorfosis como ‘’hamramr’’ o ‘’de fuerte hamr’’.

El dios Odín, como líder del panteón de la religión pagana nórdica, poseía esta habilidad según los relatos. Era considerado el dios de la guerra, la magia, la sabiduría y la poesía, si bien tuvo que ganarse algunas de estas cualidades. Un mito cuenta como utilizó la habilidad del cambio de forma para hacerse con la poción de la sabiduría y del don de la poesía. Según esta leyenda Kvasir fue el ser más sabio que jamás hubo existido pero los enanos le dieron muerte creando una poción a partir de su sangre mezclada con miel. Odín quiso hacerse con este elemento, fuente de sabiduría, pero no era una tarea fácil ya que un gigante había escondido el elixir en el corazón de una montaña y había designado a su hija Gunnlod para custodiar el tesoro.

Odin y Gunnlod

Odín primero se convirtió en una serpiente y con esta forma pudo introducirse por pequeños recovecos del terreno sin ser visto hasta llegar al profundo lugar donde se hallaba la pócima. Después de esto, tomó la forma de un joven gigante y embaucó a la fémina de esta raza engañándole para obtener su permiso y conseguir beber del preciado líquido. Así llegaron a un acuerdo por el que el dios disfrazado debería de pasar tres noches con Gunnlod y a cambio podría beber tres sorbos de la poción. Cuando lo hubo conseguido, en lugar de beber tres sorbos bebió la suficiente cantidad como para llenar tres tinajas enteras, se transformó en un águila y voló a Asgard donde vomitó la poción en tres tinajas sagradas.

Este dios era conocido por poder cambiar su aspecto a voluntad y frecuentemente vagaba por el mundo con la forma de un anciano tuerto, de larga barba grisácea y vistiendo un abrigo azul oscuro con un sombrero de ala ancha. En esta forma se acercaba a los héroes para aconsejarles.

En otra ocasión Odín se hizo pasar por otro hombre y retó a Heidek —un  rey godo mítico— a un duelo de adivinanzas en el que una de las reglas era que aquel que realizaba una pregunta debía, a su vez, conocer la respuesta. Ambos duelistas contestaban las preguntas sin dificultad hasta que el dios disfrazado le preguntó al rey por las palabras que le había dicho el dios Odín a su hijo en la pira funeraria, respuesta que únicamente conocía el propio dios. Dándose cuenta del engaño, el rey montó en cólera y quiso atacar al recién descubierto dios con su espada. Momento en el que Odín se transformó en un halcón para poder escapar.

Berseker

La diosa Freya era otra de las divinidades nórdicas que dominaba las habilidades de los cambios de forma. En una ocasión convirtió a su sirviente Ottar en un jabalí para ocultarlo. Asimismo posee una capa de plumas de halcón que permite a cualquiera que se la ponga transformarse en tal animal.

Loki, maestro de las transformaciones, le pide prestada a Freya esta capa en una ocasión para poder rescatar a Idún, esposa de Bragi y guardiana de las manzanas que otorgaban la eterna juventud a los dioses, que había sido raptada por uno de los gigantes de hielo. Los dioses, preocupados, comenzaban a envejecer sin remedio e instaron a Loki para que fuera en su busca. Disfrazado de halcón consiguió rescatar a Idún a la que trajo de regreso convertida en una nuez mientras el gigante les perseguía en forma de águila. El resto de los dioses encendieron una pira que hizo arder las alas del águila, otrora gigante, deshaciéndose así de su enemigo.

Pero no solo los dioses tenían la habilidad de cambiar de forma según su voluntad y en los mitos se advierten otras criaturas con las que comparten este poder. Un ejemplo de ello es el enano Andvari poseedor del anillo mágico Andvaranaut que otorgaba riquezas a su poseedor. Esta pequeña criatura vivía bajo una cascada y era capaz de transformarse en pez si así lo deseaba.

En la Edda prosaica aparecen otros dos enanos manifestando cambios de forma. El enano Ótr, del que se decía podía cambiar de aspecto a voluntad y que gustaba de pasar sus días en la forma de una nutria cazando peces en los ríos y su hermano Fafnir que víctima de una maldición acabó convertido en un dragón.

Los ejemplos en la religión nórdica y en cualquier otro conjunto de mitos sobre seres que utilizaban poderes mágicos para metamorfosearse son profusos y detallados. En el caso de los mitos escandinavos aparecen manifestaciones de cambios, no sólo a formas de animales sino también cambios de género o de raza, como dioses transformándose en gigantes. Unas transformaciones tan impresionantes que dejaron a la antigua humanidad fascinada con sus relatos, código de valores y cosmovisión.

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La cara real de Jesús

Yeshúa (en hebreo יֵשׁוּעַ)- Jesús de Nazaret

Desde la primera vez que los niños cristianos se asientan en las aulas de la escuela dominical, una imagen de Jesucristo queda grabada en sus mentes. En América del Norte a menudo se lo representa más alto que sus discípulos, delgado, con cabello largo, marrón claro, piel clara y ojos claros. Aunque esta imagen sea familiar, es inherentemente defectuosa. Una persona con estas características y porte físico se habría visto muy diferente de todos los demás en la región donde Jesús vivió y ministró. Seguramente los autores de la Biblia habrían mencionado un contraste tan marcado.

El Jesús que fue adorado en Europa nada tenía que ver con el personaje histórico que vivió y murió en Palestina.

El Jesús Eslavo

La imagen que cada pueblo asigna sus Dioses es su misma proyección fisico-espiritual-racial.

El Jesús mediterráneo del sur de Europa

El Jesús germánico

Por el contrario, según el Evangelio de Mateo, cuando Jesús fue arrestado en el jardín de Getsemaní antes de la Crucifixión, Judas Iscariote tuvo que indicar a los soldados quién era Jesús porque no podían distinguirlo de sus discípulos. Aún más nublando la pregunta de cómo era Jesús, es el simple hecho de que en ninguna parte del Nuevo Testamento se describe a Jesús, ni se han descubierto sus dibujos.

Existe el problema adicional de no tener ni un esqueleto ni otros restos corporales para explorar el ADN. A falta de evidencia, nuestras imágenes de Jesús han sido dejadas a la imaginación de los artistas. Las influencias de las culturas y tradiciones de los artistas pueden ser profundas, observa Carlos F. Cardoza-Orlandi, profesor asociado de Cristiandad mundial en el Seminario Teológico de Columbia en Atlanta. “Si bien las imágenes occidentales son dominantes, en otras partes del mundo a menudo se muestra como negro, árabe o hispano”. Y así queda la pregunta fundamental: ¿Cómo era Jesús?

Una respuesta ha surgido de un nuevo y emocionante campo de la ciencia: la antropología forense. Utilizando métodos similares a los que la policía ha desarrollado para resolver crímenes, científicos británicos, asistidos por arqueólogos israelíes, han recreado lo que creen que es la imagen más precisa de la cara más famosa de la historia humana.

El verdadero rostro de Jesús

El cuerpo como evidencia

Una consecuencia de la antropología física, la antropología forense utiliza datos culturales y arqueológicos, así como las ciencias físicas y biológicas para estudiar diferentes grupos de personas, explica A. Midori Albert, un profesor que enseña antropología forense en la Universidad de Carolina del Norte en Wilmington. Los expertos en este campo altamente especializado requieren un conocimiento práctico de la genética y el crecimiento y desarrollo humanos. En su investigación también extraen de los campos de la primatología, la paleoantropología (el estudio de la evolución de primates y humanos) y la osteología humana (el estudio del esqueleto). Incluso campos aparentemente distantes como la nutrición, la odontología y la adaptación climática juegan un papel en este tipo de investigación.

Mientras que la antropología forense se usa generalmente para resolver crímenes, Richard Neave, un artista médico retirado de la Universidad de Manchester en Inglaterra, se dio cuenta de que también podía arrojar luz sobre la apariencia de Jesús. El coautor de Making Faces: Using Forensic And Archaeological Evidence, Neave se había aventurado en áreas controvertidas antes. Durante las últimas dos décadas, había reconstruido docenas de caras famosas, incluyendo a Felipe II de Macedonia, el padre de Alejandro Magno y el rey Midas de Frigia. Si alguien pudiera crear un retrato preciso de Jesús, sería Neave.

Reconstruyendo a Jesús

La descripción de Mateo de los eventos en Getsemaní ofrece una pista obvia del rostro de Jesús. Está claro que sus rasgos eran típicos de los semitas galileos de su época. Y así el primer paso para Neave y su equipo de investigación fue adquirir cráneos de cerca de Jerusalén, la región donde Jesús vivió y predicó. Los cráneos semitas de este tipo habían sido encontrados previamente por expertos en arqueología israelí, que los compartieron con Neave.

Con tres especímenes bien conservados de la época de Jesús en la mano, Neave utilizó la tomografía computarizada para crear “cortes” de rayos X de las calaveras, revelando detalles minuciosos sobre la estructura de cada uno. Programas informáticos especiales luego evaluaron grandes cantidades de información sobre mediciones conocidas del grosor de los tejidos blandos en áreas clave de rostros humanos. Esto hizo posible volver a crear los músculos y la piel que recubren un cráneo semita representativo.

Todo el proceso se llevó a cabo utilizando un software que verificó los resultados con datos antropológicos. A partir de estos datos, los investigadores construyeron una reconstrucción 3D digital de la cara. Luego, crearon un molde del cráneo. Luego se aplicaron capas de arcilla que coinciden con el grosor de los tejidos faciales especificados por el programa informático, junto con la piel simulada. La nariz, los labios y los párpados se modelaron para seguir la forma determinada por los músculos subyacentes.

Una cuestión de estilo

Dos factores clave no pueden determinarse a partir del cráneo: el cabello y la coloración de Jesús. Para completar estas partes de la imagen, el equipo de Neave recurrió a los dibujos encontrados en varios sitios arqueológicos, que datan del siglo primero. Dibujados antes de que se compilara la Biblia, tenían claves cruciales que permitieron a los investigadores determinar que Jesús tenía ojos oscuros en lugar de claros. También señalaron que, de acuerdo con la tradición judía, también tenía barba.

Sin embargo, fue la Biblia la que resolvió la cuestión de la longitud del cabello de Jesús. Si bien la mayoría de los artistas religiosos han puesto el pelo largo a Cristo, la mayoría de los eruditos bíblicos creen que probablemente fue corto con rizos apretados. Esta suposición, sin embargo, contradijo lo que muchos creen que es la representación más auténtica: el rostro que se ve en la imagen del famoso, algunos dicen infame, el Sudario de Turín. Muchos creen que el sudario es el paño en el que el cuerpo de Jesús fue envuelto después de su muerte. Aunque existe una diferencia de opinión en cuanto a si el sudario es genuino, representa claramente a una figura con cabello largo. Entre los  que critican la legitimidad de la mortaja apuntan a Corintios 1, uno de los muchos libros del Nuevo Testamento que se le atribuye al apóstol Pablo su autoría. En uno de los capítulos, menciona haber visto a Jesús; luego, describe el pelo largo de un hombre como vergonzoso. ¿Habría Pablo escrito: “Si un hombre tiene el pelo largo, es una desgracia para él” si Jesucristo hubiera tenido el pelo largo? Para Neave y su equipo, esto resolvió el problema. Jesús, como describen los dibujos del primer siglo, habría tenido el pelo corto, apropiado para los hombres de la época.

El registro histórico también resolvió el problema de la estatura de Jesús. A partir de un análisis de restos esqueléticos, los arqueólogos habían establecido firmemente que la construcción promedio de un hombre semita en el momento de Jesús era de 5 pies 1 pulgada, con un peso promedio de alrededor de 110 libras. Dado que Jesús trabajó al aire libre como carpintero hasta que tenía alrededor de 30 años, es razonable suponer que era más musculoso y físicamente en forma que lo que sugieren los retratos occidentalizados. Su cara probablemente fue golpeada por el clima, lo que también lo habría hecho parecer más viejo.

Los modelos de computadora (izquierda) y la plastilina permiten a Neave (derecha) crear una reconstrucción facial forensemente aceptable. (Fotografías de Keith Kasnot / National Geographic Image Collection [izquierda] y The Unit of Art in Medicine / Universidad de Manchester, Reino Unido [derecha])

Un retrato preciso

Para aquellos acostumbrados a los retratos tradicionales de la escuela dominical de Jesús, la escultura del hombre oscuro y moreno del Medio Oriente que emerge del laboratorio de Neave es un recordatorio de las raíces de su fe. “El hecho de que probablemente se parecía mucho más a un semita de piel oscura que los occidentales está acostumbrado a verlo en la foto es un recordatorio de su universalidad”, dice Charles D. Hackett, director de estudios episcopales de la Escuela Candler de Teología en Atlanta. “Y [es] un recordatorio de nuestra tendencia a apropiarnos pecaminosamente de él al servicio de nuestros valores culturales”.

Neave enfatiza que su recreación es simplemente la de un hombre adulto que vivió en el mismo lugar y al mismo tiempo que Jesús. Como bien podría esperarse, no todos están de acuerdo.

Las representaciones forenses no son una ciencia exacta, advierte Alison Galloway, profesora de antropología en la Universidad de California en Santa Cruz. Los detalles en una cara siguen el tejido blando por encima del músculo, y es aquí donde los artistas forenses difieren ampliamente en la técnica. Galloway señala que algunos artistas prestan más atención a las diferencias sutiles en detalles tales como la distancia entre la parte inferior de la nariz y la boca. Y las características más reconocibles de la cara (los pliegues de los ojos, la estructura de la nariz y la forma de la boca) le quedan al artista. “En algunos casos, la semejanza entre la reconstrucción y el individuo real puede ser extraña”, dice Galloway. “Pero en otros puede haber más parecido con el otro trabajo del mismo artista”. A pesar de esta reserva, llega a una conclusión que es ineludible para casi todos los que alguna vez hayan visto a Jesús de Neave. “Esto es probablemente mucho más cercano a la verdad que el trabajo de muchos grandes maestros”.

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9 Nobles Virtudes: CORAJE

LUCHA EN LA NATURALEZA

Además de los otros dudosos regalos ofrecidos por el avasallamiento bi-milenario de las doctrinas del Próximo Oriente, el hombre europeo ha heredado también la representación forzosa de un país imaginario haciéndole creer en un mundo llamado “paraíso” que nunca ha existido ni nunca existirá. La insipidez y el reblandecimiento son los acordes mayores de este conjunto de “espejismos del desierto” que hablan del amor, de la indolencia propia de la debilidad y que hace codearse a feroces leones llenos de dulzura con un paciente asno.

Tales quimeras son la expresión de un carácter extraño y decadente. Nunca la inteligencia sana y viva de nuestros ancestros “paganos” habrían podido inventar tal absurdo pues ellos estaban todavía demasiado cerca de la naturaleza, tenían los dos pies en la tierra, en la lucha con -y en- la cruda realidad. Vivimos en una época en que igual que ellos hay que hacer definitivamente “tabla rasa” de esas doctrinas extrañas que encorsetan nuestra espiritualidad ancestral, y volver a encontrar la verdad emanada de nuestra alma.

En esta Tierra, todos los acontecimientos y todas las fuerzas de la naturaleza se basan en el pro y el contra. Cada acción encuentra una reacción opuesta, toda evolución exige una decadencia correspondiente. La vida de uno implica a menudo la muerte de otro. Siempre fue así y siempre será lo mismo, por lo menos mientras en la Tierra haya vida. A causa de esta ley natural, cada ser viviente debe constantemente luchar por su existencia, ya sea una planta, un animal o un hombre. Esta lucha puede variar mucho, lo mismo que las armas de ataque o de defensa. Podría casi decirse que existen tantos métodos de lucha como formas de vida y especies. Además, la lucha por la vida de una naturaleza evolucionada es más dura que la de una simple célula. Un hombre de valía tiene más adversarios que un ser insignificante. No hay hombre sin enemigo; en caso contrario, se trata de una nulidad. En consecuencia, cuanto más grande es una Comunidad, más numerosos son los que la envidian y, por tanto, sus enemigos.

La lucha natural se extiende a todas las fases de la vida. El primer instante de la vida de una criatura constituye ya una forma de lucha por el aire y la alimentación. La lucha por la alimentación se prolongará durante toda su vida hasta su último suspiro. Pero habrá todavía toda una serie de luchas que se expresen tanto por el ataque como por la defensa: el combate contra el entorno, contra la intemperie, el calor y el frío, contra la sequía y la inundación, la sombra y la luz, o para la luz. A esto se añade la lucha por el compañero sexual, por la reproducción, por el hijo, por el hogar, el territorio y finalmente contra el enemigo personal. Las formas de lucha pueden ser directas o indirectas. Pueden residir en la forma física y en la forma del cuerpo, el camuflaje, la rapidez, el tipo de movimiento, la resistencia, él tamaño o la pequeñez, el número de descendientes o en innumerables formas particulares, pero también en las facultades espirituales.

En el cuerpo de cada ser vivo, ya sea una ameba unicelular o una planta pluricelular, o que sea un animal o un hombre, se efectúa continuamente una asimilación del aire, del suelo o de la alimentación que es restituida bajo la forma de materia energética. Además, cada ser vivo está sometido a un proceso de evolución constante. No hay tiempos muertos. Crece desde su nacimiento para alcanzar su madurez, pero se transforma también continuamente, de manera retrógrada. Decae, envejece, las funciones se apagan una tras otra para finalmente no ofrecer ya nada a la fuerza motriz de la vida y apagarse.

Y así la Comunidad también se transforma continuamente, como el individuo. La única gran diferencia reside en el hecho de que la duración de la vida de la Comunidad es mucho más larga que la del individuo. Un pueblo, por ejemplo, es capaz de vivir milenios, incluso si sus miembros, los conciudadanos, sólo viven el tiempo de su breve existencia. Pero como son constantemente reemplazados por recién llegados, la estabilidad popular queda garantizada sobre un lapso de tiempo inmenso. La duración de vida de una generación, de una etnia o de un pueblo depende en primer lugar de circunstancias internas y externas que están ligadas, en buena parte, a los principios vitales. Un pueblo claramente consciente del lazo natural humano, que no abusa excesivamente de sus posibilidades de evolución civilizadora, no envejece ni se debilita jamás. Pero por la aplicación exacta de las leyes de la naturaleza, se renueva constantemente y es muy superior en valor y en duración de vida al pueblo que no cumple estas condiciones previas. En efecto, esta regla necesita una lucha perpetua que revela múltiples formas. Es ante todo la lucha por la conservación del clan, por el territorio y por la supervivencia.

La lucha por la reproducción forma el punto culminante del combate natural. Existe igualmente en el mundo de las plantas. La magnificencia de las flores es uno de sus elementos. Una flor supera a otra por la belleza de sus colores, su curiosa forma o su perfume para provocar la fecundación y asegurar así su multiplicación. La abigarrada familia de las mariposas, así como otros innumerables insectos, cumple con esta misión, ciertamente de una manera involuntaria, pero por instinto natural. En los trópicos, son también numerosos pájaros, especialmente esas pequeñas bolas de plumas que son los colibríes, los pájaros mosca de soberbios colores y muchos otros. También los mamíferos pueden ser embajadores entre las flores masculinas y femeninas.

No obstante la más bella forma de lucha amorosa tiene lugar en las épocas de celo o de alarde cuando se libran a menudo combates encarnizados. Tienen lugar tanto entre los mamíferos como entre los pájaros, los reptiles e incluso los insectos. Dos poderosos guerreros se enfrentan, llenos de fuerza y de experiencia miden sus fuerzas en un duelo caballeresco. La lucha es larga e indecisa, mientras la hembra se mantiene apartada mientras contempla la viril acción de sus pretendientes con sus sentidos aguzados. Finalmente, acaba el combate. El vencido se retira y abandona al vencedor el cumplimiento de su supremo deber. Pero esto no es todo, pues el natural femenino existe también. Al combate por la hembra sigue otro combate para ganar su docilidad. La vida de los animales se parece mucho a la de los seres humanos.

La supervivencia de la especie depende de la tasa de crecimiento. Cuanto más bajo es el número de descendientes, más está en peligro la existencia de la especie. Ésta es la razón por la cual las especies animales cuyas crías viven en condiciones particularmente peligrosas, procrean un gran número de descendientes. El hombre ha destruido toda clase de animales, no sólo por razones de conservación o de utilización, sino sobre todo por despreocupación. En estos tristes casos, la lucha por la vida ha sobrepasado su límite natural. Por otra parte el hombre se encuentra permanentemente enfrentado a su entorno vivo e inanimado. Pensamos, simplemente, en la lucha contra los seres dañinos. Pero la proliferación de dichos animales dañinos, sean ratones, ratas o insectos de todas las clases posibles, es consecuencia en casi todos los casos de una acción humana unilateral. La mayor parte de los insectos se multiplican y llegan a ser dañinos precisamente porque el hombre cultiva sus plantas nutritivas en campos cerrados de una manera antinatural. Y lo mismo sucede con el caso de otros animales como las ratas, etc.

Estos ejemplos nos muestran hasta qué punto la existencia depende de la lucha y que una vida sin lucha es absolutamente inconcebible.

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El Pelo como motivo religioso

En las tradiciones paganas de Europa, el pelo tenía una importancia simbólica considerable. Si se hace excepción de la tradición greco-Romana donde el pelo se llevaba de longitud variable, la moda en los paganos de Europa era de pelo largo. A diferencia de una idea falsa, entre los celtas, los germanos y los escandinavos, el cuidado del pelo era verdaderamente religioso. El salvaje del pelo peludo es una fábula del romanticismo del siglo 19 Estábamos cuidando de tener un pelo impecable, un cuidado que incluso estaba rodeado de algunos ritos que se remontan a la noche de los tiempos. Los muchos peines celtas o germano-Nórdicos que nos ha entregado la arqueología demuestran esta importancia mágico-religiosa del pelo. Era común dar como ofrenda al difunto las armas y utensilios necesarios para su viaje a otros mundos. La tradición germano-Nórdica nos ha entregado una gran cantidad de peines con una inscripción rúnico, lo que demuestra una vez más el aspecto sagrado que unía a la persona a su peine. Entonces es hora de preguntarse cuál es el simbolismo que se esconde detrás del pelo.

Más allá del aspecto personal y de la relación íntima con la identidad del individuo, el pelo simbolizan la fuerza vital. Estando situado en la parte celeste del cuerpo humano, el pelo está en conexión simbólica con las fuerzas de arriba y las fuerzas solares. Aquí también, la arqueología nos ha entregado muchas representaciones de épocas paganas, donde se puede constatar que el pelo forma una corona solar, el pelo que aparece así los rayos del sol. Para el hombre, el pelo es sinónimo de fuerza varonil, poder y poder. Volveremos a ello después. Para la mujer, el pelo brilla por su fuerza vital que se expresa a través del poder de seducción. Este aspecto femenino del simbolismo solar de la seducción ha sobrevivido ampliamente hasta nuestros días, ya que los cuentos y los mitos regionales nos hablan a menudo de hadas que, sentadas cerca de un punto de agua, se pintan sensualmente su largo pelo rubio con un peine . Siempre es a la vista de este tipo de espectáculo encantador, que un héroe cae bajo el encanto y se deja hechizar por el hada. El color rubio y el oro son claros símbolos solares. En aquel entonces se decía que el cabello era el arma de la mujer, un arma mágica de seducción. El hecho de que su pelo fuera mostrado o oculto, y o suelto, era generalmente un signo distintivo. Para la mujer esto podía expresar su disponibilidad en relación con la situación conyugal. En Rusia, heredera de las tradiciones paganas eslavos, la mujer casada escondía su pelo, y era costumbre decir que una chica puede divertirse hasta que su cabeza esté cubierta. El pelo no atado era un signo de independencia y libertad. Las niñas rusas también tenían una estera, lo que simbolizaba su virginidad, mientras que las mujeres casadas llevaban dos esteras.

En las tradiciones paganas, para el hombre, el pelo es una manifestación del poder masculino, del sol que viene a fecundar la tierra. La fuerza y el poder que residen en el cabello del hombre son también una expresión de su fervor guerrero. Una hermosa cabellera refleja la fuerza interior, una fuerza vital que debe ser ardiente. El pelo se comparó simbólicamente con los árboles en la montaña o la hierba que crece en las colinas verdes. Esta imagen pone el pelo en relación con el concepto de crecimiento y abundancia, donaciones ofrecidas por el poder del sol que fecunda la tierra. El pelo largo también es una señal de nobleza aristocrática dentro del clan, haciendo eco de la apariencia solar y real. Esta idea se ha mantenido durante mucho tiempo en Europa, incluso en la época decadente de los reyes maquillaje vestidos con encajes y otros frou, cuando los nobles llevaban pelucas de pelo largo. Lejos de esta decadencia posterior a la edad media, el guerrero celta o germánico veía en su cabello la nobleza de su valor y fuerza. También veía una marca de identidad, elemento que ha demostrado ser de gran importancia en la conquista de la Galia, por ejemplo. Porque en efecto, hubo un tiempo en que la galia se dividió en dos. Por un lado se encontraba el gallo romano, celta que había elegido o forzado a adaptarse a la cultura latina y a su pelo corto, y al otro lado estaba la “Galia peluda”, la gallia comata. El Galo que llevaba el pelo largo, era entonces el que seguía siendo independiente y orgulloso de su identidad heredada de sus padres.

Por supuesto, este tema nos lleva al problema del pelo corto. Siendo yo mismo un seguidor del pelo corto, me preocupé lógicamente. Podemos ser paganos y tener el pelo corto? Una pregunta que debemos tomar con un retroceso, e incluso con humor, porque las realidades modernas y los modos son muy diferentes de las de antaño. Veamos lo que era para nuestros antepasados. Cortar el pelo equivalía por supuesto a una pérdida de la fuerza. Además, esto expresaba a menudo una posición social menor. Pero llevar el pelo corto no se resumía simplemente en esta pérdida de fuerza vital, ya que correspondía a un doble aspecto simbólico: una sumisión o un deseo. Al cortar el pelo o bien la cabeza, el pagano marcaba por ahí que ofrecía su fuerza y la ponía al servicio de un jefe de clan o de un noble señor. Se sometía así al principio de fidelidad y de un cierto código de honor. Además, cortarse el pelo también podía ser fruto de un deseo. Por amor a alguien, o bien para lograr un deseo en el que se busca poner toda la determinación posible, era posible sacrificar su cabello, lo que se consideraba un acto responsable y respetable. En el siglo XIX se ha podido observar como una anécdota, el mismo tipo de deseo, pero de forma inversa. Así fue, por ejemplo, con los “Barbudos” de Cuba, los rebeldes cubanos, que en los años 60 habían hecho la promesa de no cortarse el pelo ni afeitarse la barba hasta que su revolución se coronó. Por la victoria.

Que nos gusta el pelo corto o largo, es seguro en todo caso que el simbolismo del pelo no puede dejar a ningún pagano indiferente.

Hathuwolf.

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