Odinismo y Naturaleza

Moncayo

La denominación “pagano” es atribuida a las religiones pre-judeo-cristianas de Europa. Aquí nos abocaremos al paganismo que entra en colisión con la visión cristiana en el terreno de la cultura occidental, y las características de lo pagano en un sentido amplio. El término pagano procede del latín pagus, y de su derivación paganus, que se traduce como hombre de campo. Pagus remite al pago, al lugar de origen o nacimiento. En ambos casos lo pagano alude a una cultura originalmente campesina; es decir un tipo de existencia originalmente rural abierta a las potencias naturales.

El término pagano se difunde principalmente a partir del siglo IV d.c, momento del conflicto entre el paganismo declinante y el cristianismo ascendente. Pablo Osorio en su Historiarum Adversus Paganus vincula lo pagano con supersticiones idolátricas en el campo, las adoraciones a los dioses de las antiguas religiones. Para algunos, lo pagano sobrevive principalmente en un ámbito rural; pero para otros también en las ciudades; aunque lo urbano, con su tendencia al racionalismo y el escepticismo, debilitará de a poco la creencia en los dioses. Sin embargo, para la época de los decretos contra la antigua religión politeísta por un Imperio Romano ya cristiano (siglo IV dc), la mayor parte de la población urbana todavía es pagana. La raíz terminológica del término pagano, que incluye la diferenciación entre lo rural y lo urbano, es el preámbulo de la comprensión del sentido general de la actitud pagana ante el mundo.

Veamos:

En la evolución de la cultura, la ciudad moderna se constituirá como ámbito autosuficiente y encerrado en sí mismo. La naturaleza aparece entonces como lo lejano o salvaje. En la ciudad antigua, por el contrario, en el seno de la poli griega o la urbs romana, o en la ciudad medieval, la naturaleza está todavía cercana y conserva un alto valor simbólico.

La naturaleza es el lugar de las fuerzas divinas primarias, la fuente de simbolismos míticos altamente significativos.  En el horizonte antiguo, los rituales de Ostara, se relacionan con la renovación de la vida en la primavera, por ejemplo; es decir se renueva la vida desde las estaciones naturales, desde lo que fluye entonces fuera de la civilización.

Es en la ciudad moderna de masas en la que de manera particular la percepción de la naturaleza se debilita, como lugar divino y no humano. Hoy, para el hombre contemporáneo replegado dentro de la ciudad, la naturaleza sólo sobrevive como lugar de descanso, como escenario de aventuras bajo cobertura de GPS y teléfonos satelitales; o el cielo astronómico o los paisajes naturales no son contemplados ya en sí mismos, sino solo como posibles fondos de escritorios de computadoras.

El Odinismo como cosmovisión empieza como experiencia de la naturaleza en tanto realidad diferente y superior. La naturaleza no se comprende solo como medio para la acción humana y su cultura. La relación entre lo rústico, lo campesino, y el origen etimológico del término pagano detenta una significación principal: lo rural o rústico como vida diferenciada de la ciudad supone valorizar un vivir dentro de las fuerzas naturales que escapan al control del hombre.

El hombre antiguo inmerso en la naturaleza sabe que para su supervivencia depende de las fuerzas naturales en un doble sentido: de ellas brota el don de la vida, y el de la supervivencia. Para el cazador paleolítico la vida es siempre un don que se agradece, y la inseguridad que se repite. En un estadio originario de la mentalidad pagana la tierra es símbolo de la fuente de la vida, o de su renovación en los ciclos estacionales de la naturaleza. El principio de lo matricial es la diosa y su vientre, la matriz y la fuente, la primera creación y aparición de la vida, que luego es ordenada por el segundo principio: lo paterno, los dioses Ases que imponen una ley, una autoridad, y el orden estable del universo creado. En el comienzo es el abismo misterioso, lo matricial que se da y despliega. Es la fuente o matriz de la diosa madre; luego, la ley del principio paterno. De ahí surgen las dos familias de Dioses: Ases y Vanes.

Para la mentalidad de signo arcaico germánico, la pretensión de reinar sobre la matriz o abismo inicial de la vida misteriosa es delirio y locura regresiva (no la locura extática que acerca a poetas o chamanes a la vida divina). Para la conciencia antigua, la vida humana no es lo no dependiente de lo natural (actitud preponderante en la modernidad), sino el vivir dentro de las fuerzas de una naturaleza divinizada. Las fuerzas de la naturaleza (en tanto fuerzas divinas) dan la vida. Pero a su vez suspenden o cancelan la vida a través de la destrucción física, las catástrofes geológicas o atmosféricas (terremoto, inundación, sequía), o la enfermedad inesperada, la peste, el hambre y, en definitiva, la muerte. El sentimiento de la naturaleza como fuente constante de peligro y amenaza forzó en el hombre antiguo la estrategia psicológica de la protección mágica, por el sortilegio y el encantamiento; o por las ofrendas como pedido de bienes y protección a los dioses ante el mal; mal que no surge desde la interioridad (como en el sentimiento de culpa por el propio pecado en el alma cristiana) sino por un mal exterior (como una hambruna o una sequía), o por el ataque de demonios o espíritus malignos.

El Odinismo germánico empieza a perfilarse, así como veneración y temor ante las fuerzas de una naturaleza divinizada. El punto máximo de esta veneración es lo numinoso, la vida como majestad o esplendor; pero este sentimiento de plenitud es acompañado por una sensación paralela e intimidante de terror. Por otro lado, la trasformación de la tierra, el aire, el agua o el sol en distintas divinidades supone también la humanización de los elementos naturales. La luz solar o las aguas pueden estar vivas y conscientes como el alma humana. El hombre suaviza la amenaza de lo otro desconocido mediante su humanización; es decir: los elementos naturales (divinizados) son asimilados a lo familiar y conocido.

Lo humano nunca deja de estar dentro de un hervidero de fuerzas pre-humanas; fuerzas creadoras representadas por los gigantes y los Jötuns, las de la naturaleza, en definitiva, siempre duales y ambivalentes, de destrucción y de afirmación y plenitud. Un “estar” en una tierra imbuida de sentidos cosmológicos. Y el estar dentro de las fuerzas naturales divinizadas, es también una salida hacia la vida como lo que está ahí afuera como don, misterio y abismo, que el hombre intenta capturar, a veces impotentemente, con sus interpretaciones y metáforas, mitos y religiones.

El Odinismo siempre ha sido apertura a los procesos vitales de la naturaleza. Su inteligencia de la vida es biocósmica. La vida se eleva al participar de una naturaleza sacralizada. En su sensibilidad, el mundo físico, lo exterior, el afuera, es percibido como espacio de circulación de dioses con sus dones y castigos, de espíritus benefactores o demoníacos. Si todo está poblado de dioses, es porque en acto o en potencia nada escapa de su origen y realidad divina.

Y el paganismo es la creencia en los muchos dioses. Politeísmo. Entonces, la potencia divina se expresa por la diversidad de los fenómenos naturales divinizados, devenidos hierofanías. Como le refiere Mircea Eliade, cada fuerza natural se convierte en un dios o diosa, en una expresión de potencias materiales divinizadas de alto alcance simbólico[1]. El politeísmo pagano es consecuencia entonces de la creencia de que la presencia de lo divino es inseparable de su manifestación a través de la naturaleza múltiple y material del universo. Así, la manifestación de lo divino no acontece principalmente en la intimidad invisible del alma o el pensamiento. Sin embargo, en lo pagano, el encuentro con la divinidad o con el más allá también acontece dentro del individuo; o desde experiencias extracorpóreas que proyectan el deseo espiritual en canales de invisibilidad. Un ejemplo: el éxtasis del Berserker es el momento del olvido y salida del yo, en el que el prosélito de Odín siente en su interior la divinidad poderosa y se une fugazmente con el dios.

Éxtasis

Pero el éxtasis, o la travesía extracorpórea de la magia Seidr, no se divorcian nunca de un canal de lo físico como puente o vehículo hacia la elevación religiosa. El éxtasis es resultado de una previa inmersión en la danza, la música percusiva, el canto y lo festivo, las intensidades de los cuerpos excitados. Y el viaje extracorpóreo se relaciona con un estado de salida del cuerpo para luego entregarse a la mediación del viento, del aire ligero; el viento, otro pliegue del mundo exterior y físico. Estas fuerzas naturales se convierten en puertas hacia el otro mundo o más allá invisible. Así, la mística del éxtasis o del viaje al más allá recurre a la interioridad, a la intimidad y a la invisibilidad; pero sin disociarse, en lo pagano, de lo material como medio de una elevación religiosa.

El Odinismo, es representado entonces como divinización del afuera de las fuerzas o elementos naturales, pero también como posible éxtasis íntimo, experiencia interior de elevación. Una religiosidad que integra lo interior (alma, mente) y lo exterior (cuerpo, extensión, afuera, sentidos, espacio próximo y lejano de la naturaleza).

La diversidad politeísta nunca es una forma de separación estricta del mundo en distintas regiones especializadas (las regiones-fuerza del cielo, la tierra, el sol, la luna, o la rueda estacional del año). En contra de una primera impresión, la diversidad politeísta pagana tiende a la unidad. Este proceso se relaciona con la veneración de una divinidad máxima y superior. La superioridad, por ejemplo, de Odín-Tyr, Zeus-Júpiter, o Mitra-Varuna impone una autoridad unificadora. Pero la unidad del mundo en la creencia politeísta pagana, en su expresión más profunda, remite a la unidad de una fuerza o energía omnipresente en la multiplicidad del universo cuyas partes o regiones están bajo el control de distintos dioses o diosas. Esa fuerza única conduce a un monismo energético de una fuerza universal no visible presente en toda la naturaleza. Chamanes, brujos, poetas, sacerdotes, héroes son especialmente receptivos a la circulación de la fuerza única en o través de lo natural. Los pueblos germánicos llaman a esta fuerza Ørlög, así como otros: daimon[3] o wakan[4].

Y el monismo de la fuerza no puede ser separado de una percepción animista. En su versión más primitiva lo animista es la creencia de que todo tiene vida consiente o alma. En el paganismo germánico, por ejemplo, los elfos convierten al bosque en una multitud de espíritus, que incluyen también la supervivencia de los antepasados como puente integrador entre los vivos y los muertos. Pero el animismo más complejo confirma el monismo de la fuerza que subyace a las muchas formas y dioses.

El odinismo tiene la convicción de que existe “una única fuerza superior que constituye una amalgama de materia, espacio-tiempo y fuerzas, encuadrada en un todo integrador y armonioso”.

La intolerancia de los monoteísmos

Por otro lado, las religiones monoteístas institucionalizadas se construyen sobre una revelación. Dios, primero oculto en su misterio, se abre y revela para hacer partícipe al hombre de la única verdad. El dios se revela a través de una figura fundamental de mediación: el profeta: Moisés, Isaías, Mahoma; y, en el caso del cristianismo, la mediación incluye la kenosis o vaciamiento del Dios Padre en la figura del Dios Hijo. La verdad revelada por los mediadores elegidos no se modifica a través del tiempo; lo revelado es lo que permanece y su aceptación debe ser impermeable a la duda o la discusión racional. Es el dogma. Sí es posible interpretar todo el alcance o significado de la revelación, pero no la realidad de la misma. Y la fe en la verdad revelada definitiva impone un deber: propagar la suprema revelación de la Biblia, el mandato evangelizador. La propagación de la verdad desde el Pueblo de Dios hacia los pueblos profanos no alcanzados todavía por la única verdad. Esta voluntad misionera no ocurre en el judaísmo, pero sí en la evangelización cristiana e islámica.

El cristianismo, quizá bajo la influencia del expansionismo romano, y a través de San Pablo, concibe la necesidad de la expansión ecuménica y misionera. Esto a su vez instituye la intolerancia respeto a lo distinto, respecto a toda creencia no compatible con la revelación original de la verdad. Si nos creemos en posesión de la verdad exclusiva, las otras formas de interpretación de lo divino o son un error, o son, a lo sumo, una preparación para la aceptación del único Dios. La conciencia evangelizadora cristiana ayuda también a la difusión de la profecía. La profecía que no sólo anuncia la llegada del Hijo del dios único, sino también su triunfo definitivo en la historia. Bajo la voluntad del único dios cristiano, la historia del hombre caído terminará con la destrucción apocalíptica, a lo que seguirá el nuevo mundo trasfigurado de los justos.

Revelación única, dios único, dogma, profetismo, mesianismo… Certezas ausentes en las creencias paganas. Más allá de la intuición de la única fuerza, el politeísmo pagano (su veneración de muchos dioses) es multifacético. Allí donde el dogma cristiano se muestra rígido y omnipotente, lo pagano carece de cualquier libro sagrado y dogmático. En el Odinismo, la verdad es la acumulación y trasformación dinámica de mitos, ritos, fiestas, sacrificios y ofrendas sin el monopolio de un texto absoluto ni de una institución clerical. No hay ni dogma, ni texto sagrado ni un monopolio sacerdotal de lo divino, impera la descentralización y la transformación de una verdad no retenida.


[1] Ver Mircea Eliade, Tratado de historia de las religiones, México, Biblioteca Era. Las hierofanías son las formas de manifestación de lo sagrado en la naturaleza, desde una percepción espiritual-animista del hombre antiguo y pagano. Así el sol, la luna, las piedras, las aguas, el cielo son diversas manifestaciones de poderes en una naturaleza de fuerzas divinizadas.

[2] Tolkien (en griego antiguo: μακάρων νῆσοι / makárôn nễsoi) son el lugar donde, según la mitología griega, las almas virtuosas gozaban de un reposo perfecto después de su muerte, equivalente al Paraíso de otras tradiciones escatológicas (creencias acerca del más allá o ultratumba). El lector de J.R.R. Tolkien quizás recuerde a Avallone, aquel puerto de la Isla de los Elfos, enclavada presumiblemente en medio del Océano Atlántico; y es el propio Tokien quien, de hecho, penetró con mayor agudeza en el mito de Avalon, aunque su naturaleza cristiana no le permitió vociferar abiertamente el secreto que ocultan sus playas.

[3] Término griego (que no se suele traducir) con el que los griegos se referían al destino individual de cada cual; el término tenía connotaciones religiosas, y se consideraba que el destino de cada cual era algo divino o asignado por los dioses.  En ese contexto era, con frecuencia, personificado, de forma similar a lo que otras culturas percibieron como ángeles o demonios.

[4] es el término para lo sagrado o lo divino en la cosmovisión sioux

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¡Odinistas, no Vikingos!

En la entrada de hoy me gustaría hacer una reflexión sobre quienes asocian el odinismo con los vikingos. Es un estereotipo que se han impuesto desde fuera (como el término pagano cuando se produce la Cristianización de Europa fue impuesto desde fuera) debido a que, aunque nuestra religión se remonta a las creencias nativas europeas de la Prehistoria, es en la Era Vikinga de donde proceden la mayoría de las fuentes y los países nórdicos fueron el último reducto de la vieja religión germana. Así mismo, el hecho de que las Eddas, principal fuente histórica de nuestra fe, estén escritas en nórdico antiguo y de que, por lo tanto, se usen muchos términos en esa lengua (del mismo modo que el cristianismo usa términos en latín o en griego) o de que se denomine a los dioses con los nombres nórdicos por esa cuestión, hace que desde fuera se asocie el odinismo con los vikingos. El problema viene cuando el estereotipo es asumido por los propios odinistas y se autodenominan a sí mismos vikingos. A ellos especialmente les animaría a que se hicieran ciertas preguntas:

¿Vives en el siglo IX? ¿Tienes un drakkar y saqueas monasterios los veranos? ¿Eres escandinavo? Si la respuesta a todas estas preguntas es no, lo siento mucho pero no eres vikingo, por mucho que te guste el Viking Metal o la serie Vikings.

¿Qué era un vikingo?

Supongo que esta es la primera pregunta que hay que responder para dejar claro por qué un odinista de hoy no es un vikingo. La palabra vikingo se refiere a un pirata o asaltante escandinavo que realizaba expediciones de saqueo en el siglo entre el siglo VIII y el siglo XI, en lo que se denomina la Era Vikinga. Hay que decir que durante este periodo las fuentes cristianas se refieren a estos asaltantes como normandos (hombres del norte) o con otros nombres, pero el término vikingos se empezó a usar durante el Romanticismo del siglo XIX, así como la imagen estereotipada de gente sucia, bárbara, con cascos con cuernos…

Esto quiere decir que no todos los escandinavos eran vikingos y que es un término empleado desde la perspectiva cristiana, no desde la de estos pueblos nórdicos, cargado de connotaciones negativas, pues se presenta a los vikingos como una suerte de demonios paganos que saqueaban y masacraban a pacíficos monjes… en una época en la que las costumbres de la Europa cristiana eran tanto o más salvajes que las de los nórdicos. Para saber más sobre este tema recomiendo el libro de Laia San José Beltrán Quienes Fueron Realmente los Vikingos.

Lo que realmente somos

Si se asocia el odinismo a los vikingos es fundamentalmente porque en Escandinavia es donde más tiempo perduró la vieja religión europea (sólo los lituanos, que aguantaron hasta el siglo XIV, y los saami, hasta el siglo XVIII, resistieron más) y también donde la cristianización fue mucho más superficial y el folclore conserva mejor la tradición anterior. Así mismo, fue en Islandia donde por primera vez el Asatrú moderno fue reconocido por un Estado soberano, en 1973. La lengua nórdica es la lengua de las sagas y de las Eddas y en definitiva los países nórdicos son el último reducto de la vieja fe de los pueblos germanos, que hunde sus raíces en el tronco común europeo. Algo similar ocurre con los celtas e Irlanda, aunque hubo pueblos celtas desde el Danubio hasta la Península Ibérica, se tiende a asociar lo celta con Irlanda y con la lengua gaélica por motivos similares.

Pero debemos entender, para empezar, que existe una religión europea común desde hace 40.000 años. Los pueblos del sur de Europa recibieron la contaminación oriental más que los del norte, por eso la religión griega o romana tiene mucha más similitud con religiones del Próximo Oriente, a las que se fue pareciendo por su carácter estatal y por existir una casta sacerdotal. En el centro y norte de Europa, la contaminación fue menor. Por otro lado, el odinismo es una expresión de esa religión europea, la de los pueblos germanos como los sajones, los godos, los francos, los suevos, los vándalos, los jutos, los queruscos… que se expandieron por todo el continente. Si usamos los nombres nórdicos para referirnos a los dioses es por comodidad, pero no debemos perder de vista ese tronco ancestral común.

Veamos por ejemplo el nombre de Odín. El origen de la divinidad que honramos como el Padre de Todo es Woþanaz, dios protogermánico que representa la furia guerrera. El verbo germánico woudden significa “rabiar” o “encolerizarse”. De Woþanaz deriva Woþan y de ahí Wotan, que es el nombre que le dieron los germanos continentales a este dios. En Escandinavia evolucionó de Woþan a Woðan y de ahí a OðanOðinn. Castellanizado, Odín. Usamos el nombre Odín por ser el referente más moderno, del mismo modo que un cristiano usa el nombre Dios y no el latino Deus o usa el nombre Cristo y no el griego Χριστός, Mesías y no Māšîaḥ en hebreo, etcétera.

¿Por qué eres odinista sino eres escandinavo?

En definitiva un español de hoy no tiene herencia vikinga, como tampoco la tiene un francés (salvo que sea normando) o un italiano. La recurrente pregunta que a veces nos hacen de ¿por qué eres odinista sino eres escandinavo? Es fruto del desconocimiento que se tiene sobre lo que es el odinismo. En lugar de hacernos los vikingos, lo que hay que hacer es analizar las cosas y tener en cuenta varias cosas para responder a esa pregunta.

En primer lugar que el Odinismo hunde sus raíces en la vieja religión europea y que las diferencias entre germanos y celtas, en muchas ocasiones eran simplemente lingüísticas o del nombre que griegos y romanos les dieron a estos pueblos. En segundo lugar, desde la protohistoria, tenemos presencia germánica en la Península Ibérica. Hubo tribus que emigraron desde más allá del Rin y se establecieron en Iberia, asimilando luego las costumbres celtas o ibéricas, por ejemplo los oretanos.

Por otro lado, nuestra herencia celta e ibérica pervivió en el campo frente a la Romanización, que era eminentemente urbana. Cuando cayó el Imperio, el campo volvió a ser el modo de vida más común, por lo que aunque latinizados y cristianizados, nuestros ancestros mantuvieron sus costumbres anteriores. La llegada de pueblos germánicos como suevos y vándalos y el asentamiento de estos en el ámbito rural fundamentalmente hizo que estos se fundieran con los celtíberos. Con el establecimiento de los visigodos, en las ciudades acabaría asentándose el cristianismo, pero en el campo se mantuvieron las viejas costumbres.

Esto quiere decir que los españoles de hoy tenemos una herencia germana que es visible en el folclore, en nombres como Carlos, Fernando, Alfonso, Gonzalo, Blanca, Matilde, Rodrigo… en los apellidos terminados en –ezo en –iz, típicos de Castilla, o en –es o –is, típicos en Cataluña, Portugal o Galicia, que son de origen visigodo y significan “hijo de”. Somos suevos, vándalos, visigodos, celtas, iberos, latinos… y por lo tanto nativos europeos. No tenemos que tener ningún tipo de complejo ni querer ser vikingos para ser odinistas porque sencillamente, en nuestra herencia, podemos encontrar esas raíces.

Vikingos posers

En todos lados cuecen habas, como se suele decir, y los odinistas no íbamos a ser menos. Hay gente que llega al odinismo después de un profundo proceso de reflexión, de búsqueda espiritual. Pero hay gente que llega por moda, porque le gusta la mitología o porque le gusta algún grupo de música con letras de vikingos y entonces va de vikingo por la vida. Por supuesto no profundiza más, sencillamente se queda con el estereotipo vikingo y con la idea preconcebida que la gente tiene de lo que es un vikingo. En ocasiones ese poserismo se limita a la forma de vestir o a brindar por Odín en un bar heavy cuando lleva un par de cervezas… pero en ocasiones se adentra en la religión.

Los grupos de viking metal, o los de folk metal cuya temática tiene que ver con la Era Vikinga, pueden ser una puerta de entrada para que una persona sienta por así decirlo la llamada del norte, es decir, sienta curiosidad y profundice más. Los caminos para llegar al odinismo pueden ser muy variados y normalmente los vikingos son lo más atractivo, la punta del iceberg que hace que algunos bucen hasta el fondo del asunto. Una persona puede llegar al odinismo porque le gusta la mitología nórdica, porque le gusta el viking metal, porque le gustan los videojuegos como el Age of Mythology o el Skyrim, porque descubre la serie Vikings, porque siente curiosidad por las runas, porque le gusta el arte… cualquiera de esas cosas puede ser la chispa que haga investigar más. Como en cualquier ámbito de la vida, habrá gente que profundice más y gente que se quede en la superficie, en ser los más vikingos de su pueblo hasta que se le pase la moda.

Esto pasa en todas las religiones, por lo que no debemos enervarnos por ello. Pondré el ejemplo de la religión cristiana, por ser muy conocido. Existen cristianos sinceros, que van los domingos a misa, cumplen los Diez Mandamientos, celebran las fiestas, ayunan en Cuaresma, hacen penitencia en Semana Santa… pero son una minoría. La mayoría han nacido en una cultura cristiana, hacen la primera comunión y no vuelven a ir a una iglesia salvo para bodas, bautizos y comuniones, viven más o menos de acuerdo a los valores cristianos e incluso llevan la medallita con la virgen de su pueblo que le regaló su abuela. Rezan cuando tienen un examen y en Semana Santa a lo mejor incluso son cofrades. Celebran las fiestas más importantes como la Navidad pero realmente saben poco sobre el cristianismo.

En nuestro campo ocurre lo mismo. Hay gente que se ve atraída por la cultura nórdica, celta… lo cual ya es un paso, porque es la llamada de sus raíces, lleva un Mjöllnir, un trisquel, o cualquier otro símbolo, le gusta la mitología, le gusta el folclore… y quizás celebre alguna fiesta importante pero no profundiza más en el plano espiritual. En muchas ocasiones hay gente que siente una llamada más profunda y que si da con las personas adecuadas comienza a investigar más y sigue un camino espiritual ancestral. Hay personas a las que sencillamente no les llama la atención o no sienten esa inquietud, pero estudian este tipo de cosas porque les gusta el tema. Otros, la mayoría, se quedaran en esa superficie de ser los más vikingos de su grupo de amigos y no profundizarán más.

Los que somos odinistas, los que tenemos nuestro camino claro después de años, debemos orientar a aquellos interesados que nos pidan ayuda, pero no debemos tratar de atraer a todo vikingo que veamos para que “el Odinismo crezca” (como suelen decir muchos). Esta actitud es una rémora del proselitismo cristiano, de querer evangelizar a todo el mundo, que debemos evitar a toda costa. Cada uno ha de ser libre para seguir su propio camino y quien esté interesado en nuestra senda espiritual, con independencia del camino que le haya llevado a llegar a ella, acabará profundizando en ella y solicitando ayuda si la necesita. Aquellos que se quieran quedar en la superficie, igualmente es su decisión y sería un tremendo error ir como testigos de Jehová a “convencerlos” de que sigan algo que el corazón no les pide seguir.

Fuente:
http://renacimientogotico.blogspot.es/1440934357/odinistas-no-vikingos/

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Fuego para pedir ayuda al dios Wotan

El Biikebrennen (en alemán), Biikebrånen (en Frisia del Norte) o el Pers Awten (en danés) es una celebración anual que se celebra el 21 de febrero en Frisia del Norte, en el alemán estado de Schleswig-Holstein y en el sur de Jutlandia.

El 21 de febrero de 2019 en toda Frisia Septentrional  se arde de entusiasmo: cientos de hogueras tradicionales llamean a lo largo de la costa báltica de Schleswig-Holstein y en sus islas e islotes

Biikebrånen

El origen de las “Biike” – palabra frisona que significa “señal de fuego” – se remonta a tiempos paganos: hace 2.000 años ya se hacían estas ofrendas ígneas para pedir ayuda al dios Wotan y conseguir que pusiera fin a la estación helada, para que el más alJen las hogueras un muñeco de paja.

Cada 21 de febrero la costa del Mar del Norte se ilumina con el fuego de las hogueras, coronadas por un muñeco de paja. Éste simboliza el invierno y su quema pretende ahuyentarlo.

Más tarde, después de la cristianización, estas hogueras cobraron un nuevo significado: el 22 de febrero, el día de San Pedro, el día de “Cathedra Petri”, un día de conmemoración cristiana.Es interesante que la muñeca de paja antes mencionada a veces también se llamaba Piader, (pequeño Pedro).No significa que el San Pedro fue quemado simbólicamente aquí, sino que el Papa, como símbolo de que en tiempos germánicos la fe cristiana fue inicialmente rechazado en la región.

También se conmemora el comienzo de la pesca de la ballena. Las mujeres encendían hogueras a lo largo de la playa en honor de ese santo, patrón de los pescadores, para ofrecer una señal segura a los hombres que se hacían a la mar. Una leyenda de la isla Sylt dice que esta señal era también una aviso para los hombres daneses en el continente y que les indicaba que las mujeres de las islas estaban de nuevo solas en la granja y precisaban ayuda con el trabajo y “otras cosas” necesarias. Hacia el año 1.700 unos 3.600 hombres de Frisia del Norte, principalmente de las islas Sylt y Föhr, fueron a cazar ballenas.

 

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A la eternidad por el Valhalla

En todo Hombre hay dos polos que pugnan por dar forma y orientación a su alma. Es de mano del propio Hombre que una de esos polos termina por prevalecer…

Son el polo del Espíritu y el polo del Materialismo y del Nihilismo. De la muerte o de la vida eterna, a la cual solo se llega a través del Valhalla.

Nuestra época es la del Reino del Nihilismo. La de la caída en la ignorancia, la ofuscación, el miedo y la esclavitud. El reino de cantidad en contraposición a la espiritualidad germánica.

Sin embargo, esta será también la época de la Forja. La de la preparación de un Nuevo hombre para un Nuevo tiempo.

Un Hombre que mirará de nuevo más allá de la vida mundana y que hará del Espíritu la corriente central de su Ser; y de la Trascendencia, el Origen y Destino de su singladura vital. Pero sin dejar de vivir plenamente nuestra existencia en la Tierra, un mundo de lucha, de combate por el Ser, alabando la vida, pero sin caer en su antítesis, en su sombra oscura.

Queremos construir un Hombre por forjar y que es en sí mismo el sentido de toda verdadera lucha una vez arribamos a la Edad Oscura.

Su presencia entre nosotros será el anuncio de una Revolución como nunca antes vieron los ojos de los Hombres y de los Dioses

Siembra, anuncio y profecía de la Revolución.

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ARYA MARGA. ORIENTACIONES ESPIRITUALES PARA JÓVENES CYMERIOS

Kalki

“De la “Raza del Espíritu” son aquellos que han aceptado una clase particular de cultura del ser y camino de vida… de práctica interna y externa orientada a la forja interior y la acción en el Mundo, conforme a un ideal de “Señorío y Nobleza”. Esto es, de superior libertad y gobierno de sí más allá de todo lo que nos aliena, envilece o adormece”…

El Arya Marga, el “sendero noble”, la vía que el Sanatana Dharma o “Tradición Eterna”, señaló como camino seguro hacia la auto realización y la Trascendencia. El más antiguo camino, el más puro, el primero…

Siguiendo las palabras del maestro Aurobindo sobre el sentido originario y auténtico de la arianidad[1], y respondiendo al origen supra histórico y en última instancia metafísico de dicha “tradición aria”, el “sendero noble” se nos mostrará como brújula y orientación cierta sobre el cómo vivir y qué llegar a ser. Una vía de forja interior y acción en el Mundo que bebe de fuentes primordiales y que hoy día sigue vigente, quizás ahora más que nunca, una vez arribamos al Kali Yuga…

Quienquiera que haga esa elección y siga ese camino, quienquiera que anhele subir de nivel en nivel para ascender a “las Cumbres del Espíritu”, sin dejarse amedrentar por el temor, sin desalentarse por el retraso o la derrota, sin amilanarse por la inmensidad, por la altura o la grandeza; aunque puedan parecer demasiado para nuestra inteligencia, fuerza o coraje… Ése, es el Hombre del Arya Marga, el Hombre del “Noble Sendero”. El “conquistador de sí mismo”, el único Hombre realmente Libre”…

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De la “Raza del Espíritu” son aquellos que han aceptado una clase particular de cultura del ser y camino de vida… de práctica interna y externa orientada a la forja interior y la acción en el mundo, conforme a un ideal de “Señorío y Nobleza”. Esto es, de superior libertad y gobierno de sí más allá de todo lo que nos aliena, envilece o adormece

Forja en la que nuestra esencia más profunda, puesta en relación con el acontecer de la vida misma, nos va otorgando la oportunidad de crecer en poder y avanzar el camino, conduciéndonos paso a paso, hacia la conquista de nosotros mismos y de nuestra más alta posibilidad. Esa que la tradición sapiencial nos dice que está enraizada en los Cielos y llamada a dar fruto en la Tierra…

Todo ello genera un estilo propio que se cultiva y trabaja día a día, y que orienta la acción en el mundo de acuerdo a un ideal de Sabiduría y Honor. De valor, nobleza, disciplina, caballerosidad, presencia de ánimo y espíritu resuelto. Pero también de inteligencia, conciencia, lucidez, claridad, humildad, justicia, grandeza de alma y alegría… De saber ver, entender y actuar. De saber ser y saber estar en un ideal combinado que aúna las figuras paradigmáticas del “Druida” y del “Guerrero”. Siendo todo lo que nos conduce a encarnar dicho ideal “El camino de la Raza del Espíritu”, y todo lo que no aleja del mismo, la desviación que si no rectificamos y aprendemos la lección correspondiente, nos acaba convirtiendo en esclavos muchas veces inconscientes, de nuestra propia ofuscación o bajeza…

Aquel que “forje su alma y su vida” conforme a este ideal, por dentro y por fuera, en su propia persona y en su accionar en el Mundo, ése es el que está en el “buen camino”. Ese es el que puede llegar a ser quien está llamado a ser y puede más allá de las contingencias y miserias de la vida, ayudar a los demás a alcanzar el mismo ideal de Plenitud.

Y de poco más va la vida… para quien sabe de verdad que está vivo…

Pues Sabiduría es el conocimiento y elección de lo Mejor; de lo más noble, de lo que más nos hace crecer y eleva, de lo que más nos despierta, de lo más Verdadero…

Y Honor es determinación, lealtad, coraje, paso al frente y ánimo irreductible, en cumplir con el camino que la Sabiduría señala… Una y otra vez y a pesar de nuestras debilidades y zozobras. No cejando jamás en seguir el camino de “La Luz del Norte”…

“Quienquiera que haga esa elección y siga ese camino, quienquiera que anhele subir de nivel en nivel para ascender a “las Cumbres”, sin temer a nada, sin desalentarse por el retraso o la derrota, sin amilanarse por la inmensidad porque es demasiado vasta para su inteligencia, ni por la altura porque es demasiado encumbrada para su ánimo, ni por su grandeza porque es demasiado inmensa para su fuerza y coraje”… Ése es el Hombre de la “Raza del Espíritu”.

“El paladín de los Cielos en la Tierra”, el “Héroe que vencerá al Dragón y liberará el Reino”…

“Intrínsecamente, en su sentido más fundamental, “āryamārga” significa un esfuerzo, un levantarse, una superación… Una lucha y victoria frente a todo lo que dentro y fuera de nosotros, se opone al avance del Espíritu en el alma humana”.

La “autoconquista” es así la primera ley de su naturaleza y la llamada que va inserta en el centro de su alma… No consintiendo en dejarse con indolencia en brazos sin rumbo de la inercia, la rutina muerta, la torpeza, la pereza, la desidia, lo ordinario y lo banal…   Ni tampoco en manos de la agitación, de la voracidad, de lo febril, de lo insomne, del ansia, del miedo… “El Hombre de la Raza del Espíritu” no consiente así las cadenas y busca siempre en todo la verdad, en todo lo correcto, en todo lo alto y libre.

“La autoperfección es el objetivo de su autoconquista y por lo tanto, lo que él conquista no destruye, sino que ennoblece y consuma. Él sabe que el cuerpo, la vida y la mente, le son dados para alcanzar algo más elevado… Pero también que lo Más Elevado no el algo ajeno al mundo, sino que es aquí y ahora

El “ Hombre de la Raza del Espíritu” se desborda así sobre el Mundo en una vida hecha de misión, tarea, encuentro, amistad, amor, alegría, conocimiento… “No ahorrándose ningún esfuerzo mental o físico, ya sea para buscar lo Más Elevado, ya sea para servirlo. No evitando ninguna dificultad ni dejándose vencer por la fatiga. Luchando siempre por la venida del “Reino” dentro de sí y en el Mundo”…

La encarnación del Espíritu será en definitiva la encarnación de la Luz de la sabiduría y la conciencia, y del Calor del valor y el amor. Luz y Calor que serán expresión simbólica del Espíritu y que el Arya Marga nos impele a encarnar. De manera acuciante y sin dudar, como si el sentido mismo de la vida, del ser o no ser, dependiera de ello…

*

La “tradición aria” señalará así a nuestra persona y a nuestra vida, como una “lucha” por encarnar dicha Luz y Calor, que serán a su vez coraje, fuerza interior y Libertad… La Libertad de quien se conquista a sí mismo. De quien se descondiciona de su inconsciencia, ignorancia, ofuscación, miedo, estupidez, desvarió o bajeza… De quien se afirma en su ser más íntimo frente a todo “el ruido” del Mundo y de la mente, y se mantiene firme más allá de todo miedo, de toda estupidez, de toda ignominia, de toda esclavitud

Valientes, entregados y despreocupados, sin más horizonte ni camino que la “Luz del Norte”. Así nos quiere el Arya Margacon Grandeza de alma y ligeros de corazón.

Con Pureza, Autenticidad y Épica.

La Pureza de quien todo lo hace sin querer ni esperar nada a cambio. De quien libera su actuar de todo interés particular y sólo busca en la acción, la expresión de la Luz y el Calor del Espíritu.

Autenticidad de quien sabe que el camino es arduo… De quien sin complejos ni dramas sabe que tiene debilidades y miedos, cicatrices y “mochila”, que todo el mundo también las tiene y que eso hace parte de la vida; pero que no pasa nada… porque se está en marcha, porque la conquista de uno mismo se gana día a día y ése, es el argumento de la vida…

Y Épica… la épica de dar lo mejor de sí mismos y afrontar el camino con determinación y alegría, dispuestos a sobreponernos a todo. A vencer al final a todo aunque caigamos cientos de veces. Porque no nos rendiremos jamás. Porque nos afirmaremos en la Verdad frente a toda estupidez u ofuscación que nos pueda alienar o encadenar, y lo haremos una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez… Sin claudicar jamás.

Todo ello en un mundo que ha arribado al “Reino del Nihilismo” y que no es sino desierto, ruido y ruinas. Pero que no nos amedrantará o dejará inermes, pues haciendo de la necesidad virtud y del veneno elixir, “cabalgaremos el tigre” del Fin del Mundo; convirtiendo la “Noche” en oportunidad y el “Reino del Nihilismo”, en escenario de un renovado “despertar”

Y esta “forja interior” será la simiente y origen de “la espada” que cortará el nudo gordiano del Kali Yuga… de la acción en el mundo que es verdaderamente transformadora, pues está enraizada en la Verdad y es la “política” más honda, ambiciosa y a su vez realista, que se pueda contemplar. La única que de verdad, puede “cambiar el Mundo”…

Pero esta “Revolución y Restauración” empieza ahora, en nosotros, que debemos convertirnos en el “Guerrero Espiritual”. En nosotros mismos y en nuestras vidas. En todo lo que hagamos. En nuestra vida personal y en nuestra vida pública o profesional. Hacia dentro y hacia fuera. Encarnándolo y a su vez dando testimonio y “haciendo apostolado”, en un propósito de vida que supera las medianías de toda aspiración burguesa de vida feliz y próspera. De todo proyecto “moderno” de humanidad…

Unas líneas estas quizás tan sencillas y claras para quien está dentro, como vagas u ociosas para quien está fuera.

Pero la “Raza del Espíritu” es la que está dentro… Y su “camino” siempre fue éste. Expresado de diferentes maneras a lo largo de los siglos pero siempre en la misma dirección. Siempre conforme a la “La Luz del Norte”. También hoy, en la Medianoche del Mundo. Recorrerlo es lo único que importa. Lo demás puede ser necesario, pero no es lo Importante

[1] Texto elaborado a partir de un artículo de Sri Aurobindo sobre el “Arya Marga”.

Gonzalo Rodríguez García
doctor en Historia por la Universidad de Castilla-la Mancha

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¡Gracias 7000! A nuestros 7000 seguidores en Facebook

Midsummer 2016

Midsummer 2016

En la Comunidad Odinista de España-Ásatrú queremos dar las gracias a todos los seguidores que nos ayudaron a llegar a los 7.000 “me gusta” en nuestra página oficial de en Facebook, por todo el apoyo que se nos ha mostrado hacia nuestra Confesión. Desde el inicio del mismo hemos crecido de una manera constante, así como una marea que barre la playa, de una forma tranquila y permanente, asentando plenamente nuestra confesión y poniendo en valor al Odinismo.

El Odinismo-Ásatrú es la vida misma de nosotros y el seguir este camino espiritual lo que nos da fuerzas diarias de seguir viviendo, no es que cada uno de nosotros, navegando por internet hayamos encontrado a Odín, sino mas bien a la inversa es Odín quien nos ha señalado para vivir está experiencia única y embriagante:

Vivir plenamente la vida que se nos ha otorgado

Las redes sociales es una herramienta en la transmisión de conocimiento y valores, y aquí no están todos los que son, pues muchos prefieren no transitar por ellas, pero lo que es cierto es que SOMOS ODINISTAS todos los que estamos aquí.

Y somos 7000. El 7 es considerado un número mágico porque se compone del sagrado número 3 y del terrenal número 4 estableciendo, así, un puente entre el cielo y la tierra. Si asociamos el número 4 a la tierra con sus cuatro elementos y sus cuatro puntos cardinales, con el sagrado número 3 que simboliza la perfección, llegamos al número 7, que representa la totalidad del universo en movimiento.

“El número siete -dijo Hipócrates- por sus virtudes ocultas, tiende a realizar todas las cosas; es el dispensador de la vida y fuente de todos los cambios, pues incluso la Luna cambia de fase cada siete días: este número influye en todos los seres sublimes”.

El número 7, por la transformación que inaugura, posee en sí mismo un poder: es un número mágico.

Mil veces siete es lo que somos aquí gracias a todos vosotros, nuestro agradecimiento por haber puesto vuestra confianza en nuestras manos, y … Vamos a por otro número sagrado, el más sagrado para los Odinistas:

¡A por 9.000!

Que Odín os acompañe siempre.
Comunidad Odinista de España-Ásatrú

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No todos iremos a Valhalla

     Han pasado pocos días desde que festejamos el blót anual en honor a los ancestros y a los álfar. Durante el almuerzo que el clan Fauces de Tormenta celebró antes de la ceremonia, tuve ocasión de mantener una animada charla con mis hermanos y hermanas al respecto, como no podía ser menos, de la otra vida. ¿Qué sucede cuando fallecemos? Al profesar una fe eminentemente vitalista, en ocasiones perdemos el interés por tales cuestiones: nos centramos en vivir esta vida conforme a nuestra escala de valores. Sin embargo, nunca está de más dedicar un instante a estas cuestiones, aunque sólo sea a causa de la festividad que acabamos de dejar atrás. Y es que podemos olvidar que, por desgracia, muchos de nuestros más jóvenes hermanos y hermanas están muy confundidos al respecto de este tema, pues piensan que, como si de cristianos se tratase, tienen dos destinos posibles: un Valhalla idealizado, similar a un concierto de viking metal, y un Helheim infernalizado. A través de semejante equivocación, algunos de nuestros miembros más veteranos han partido hacia el más allá por vejez o enfermedad creyendo que su destino era terrible e injusto, mientras su familia, en un intento de cubrir la supuesta deshonra de una muerte natural, justificaban al finado diciendo que morir luchando contra la enfermedad era una forma de proclamarse como uno de los Einherjar. Siento disentir. No podemos simplificar los términos de ese modo. No todos iremos al Salón Dorado. La inmensa mayoría no iremos. ¿Entonces qué les sucederá a estas almas? No lo sabremos con certeza hasta que no nos llegue la hora, aunque algunos estudiosos del Ásatrú bosquejan algunas ideas interesantes, que creo que son importantes y bien fundamentadas. Expondré aquí algunas, que considero acertadas.

     Por ejemplo, Michael J. Smith, en su obra Amma: Think again! propone los tres destinos principales a los que llegan las almas según nuestra fe: Asgard para los escogidos por los dioses, Helheim para la mayoría de los mortales, y Midgard para el resto, en forma de ancestros y otros seres. No es una mala división, aunque excesivamente simplista. Así que yo propongo la división que expuso Volundr Lars Agnarsson en su obra Old norse religion: A family tradition: a grandes rasgos, sigue la misma línea de la argumentación de Smith, aunque más extendida. Es ahora cuando aplicaremos los conceptos de las partes del alma en los que ya abundé en anteriores artículos. ¿Preparados? Entremos en materia.
En caso de morir en batalla, la Valkiria sustituye a la Fylgja
 
     El proceso de la muerte, desde el punto de vista espiritual, sería del modo siguiente: en el momento de la muerte, el Sálfr (la personalidad espiritual) pasa a habitar el Hamr (el cuerpo espiritual), abandonando el Lík (el cuerpo físico). Es entonces cuando su Fylgja (animal espiritual) lo guiará hasta su destino, volviendo después a Midgard, junto a su familia/clan. Por ende, se deduce que, tras la muerte de un individuo, su clan queda sin Fylgja hasta que el finado alcance su último destino, a excepción, claro está, de que el muerto haya caído en batalla, en cuyo caso la Fylgja se queda con la familia, siendo sustituida por una valkiria. De este modo, vemos que, del individuo, lo que se queda en Midgard, en principio, son el Lík, la Hamingja (que, como ya se apuntó en el anterior artículo, se puede ceder o heredar), y la Fylgja una vez haya cumplido su misión con el difunto. Pero ¿y si la Hamingja no es heredada?Pues se queda en el Lík, y eso es lo que genera un Draugr (un espectro). Por ejemplo, el poder de augurio que tienen las völvas reside en su Hamingja, y por eso es importante que escojan una aprendiz o que tengan una primogénita que la herede, puesto que en draugr de una völva es un ser muy poderoso y peligroso. Puede pasar, como ya dijimos hace unos días, que la Fylgja no esté sintonizada con su elegido, o dicho de otro modo, que decida no guiarlo por un comportamiento deshonroso reiterado, en cuyo caso el alma vagará sin guía, lo que puede dar lugar a un draugr o un svartálfr (literalmente elfo oscuro, o fantasma -nótese que distingo entre espectros, osea fantasmas agresivos, y fantasmas a secas, que no sienten necesariamente animosidad contra los vivos-). Por último, deseo reseñar que hay casos muy especiales y para nada comunes, en los que el Sálfr se reencarna en el seno familiar propio, y cuando se reúne con su propia Fylgja y su propia Hamingja, dan lugar a un individuo de gran capacidad y entendimiento, con una enorme memoria inconsciente, que suele estar destinado a ser un líder y/o un gran héroe.
     Ya hemos hablado del proceso, pero ¿y el destino del alma, y el camino que debe tomar para llegar a él? Bien, pues de acuerdo con Agnarsson, todas las almas deben pasar por el oscuro reino de Svartálfheim antes de alcanzar el destino que les espere, y es en este lugar donde el alma corre el riesgo de perderse y donde necesita la ayuda de su Fylgja, como guía y como protectora frente a otros elfos oscuros y draugar que consideren al sujeto como un intruso o una amenaza.
     Una vez atravesado el oscuro reino de los muertos sin reposo, y atendiendo a las circunstancias de la muerte y a las condiciones del alma del individuo, hay diversos destinos posibles. El más común es Helgard, dominio de la diosa Hel. Y ya es hora de que nos quitemos esa idea de que Helgard es un reino oscuro, de niebla y frío eternos: es un lugar apacible, con estaciones, muy similar a Midgard, donde van a parar las almas de casi todos los humanos, plantas y animales, en sus cuerpos espirituales, de modo que en este reino no se puede envejecer, enfermar, morir o deteriorase, lo que se denomina estado de estasis. Un lugar donde reencontrarse con los familiares y amigos caídos, donde poder dedicarse a las aficiones personales, donde hallar paz, si es eso lo que se desea.
     En el caso de los escogidos, su destino será Asgard, aunque puede ser, como ya es de sobra sabido, que vayan a Valhalla bajo el mando de Odín, o a Volkvángr, bajo el mando de Freya. Los más marciales irán con el primero, mientras que aquellos guerreros con vocación artística irán con la segunda.
     Siempre hay extrañas excepciones a estos lugares, como es el caso de los ahogados en el mar o en los ríos: entrarán a servir a Ran, la diosa del mar embravecido y las olas, convirtiéndose en una suerte de draugar marinos. Tal destino se puede evitar llevando siempre algo de oro en el momento de la muerte: si se puede pagar el tributo en oro que demanda Ran, ella buscará la Fylgja del ahogado para que vaya donde le corresponda.
     También se da el caso, menos extraño y específico que el de los ahogados, en el que el alma se queda en Midgard debido a su conexión con su familia o su clan, convirtiéndose en un espíritu ancestral que acompaña a su clan y lo proteje, junto con la Fylgja.
     También hay otros destinos, mucho más difíciles de entender para los mortales, como es el caso de aquellos espíritus que se transforman en álfar y moran en Ljosálfheim, bajo el auspicio de Frey, descendiendo a la floresta y cuidando la fertilidad de Midgard; o aquellos espíritus que moran en el interior de la tierra, horadándola en busca de metales y gemas, conocidos como Dökkalfar o Dvergar (los tan conocidos “enanos”), los mejores artesanos de los Nueve Mundos; o los oscuros e iracundos elfos oscuros de los que ya hemos hablado.
     Como veis, el tema es denso e interesante, y no abarca sólo estas cuestiones, sino que, a poco que uno investiga, surgen nuevos interrogantes: ¿qué sucede con las mujeres guerreras, se convierten en Valkirias o Dísir? ¿Por qué un alma, ya estéril e inmortal, es escogida para dar vida como es el caso de los elfos de luz? ¿Son peligrosos los Svartálfar para su descendencia en Midgard? ¿Existe comunicación entre Midgard y Helheim? Son muchos interrogantes, y no tengo las respuestas. Nunca tendré todas las respuestas, y no es esa mi intención. Yo disfruto con la investigación y el conocimiento.
     Espero haber resuelto dudas tanto como espero haber generado otras. Al menos, con lo aquí expuesto, creo que se habrá generado una nueva perspectiva del más allá para algunos. Y la próxima vez que algún ardoroso ásatrúar os grite aquello de “¡Victoria o Valhalla!”, sonreíd y susurrad “Puede… o puede que no…”.
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