Vighugr

El Vighugr (Espiritu de Lucha) es la pasión por la vida y el furor del espíritu que simboliza en la psicología de los pueblos germánicos el concepto de Wyrd, donde el ser humano es agente voluntario y lúcido ante lo inevitable de su destino. El Vighugr no es un espíritu que se rinda a la fatalidad sino al contrario es un revulsivo al desaliento, un respeto por lo sagrado de la vida.

“Lo mejor de la vida es la vida misma.”

Ernust

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Mi comentario al Papa Francisco I

Ernust

El papa Francisco ha concedido al diario francés La Croix una entrevista de más de una hora. El encuentro tuvo lugar en el Vaticano, en la Casa de Santa Marta, el pasado lunes 9 de mayo de 2016. He querido transcribir la entrevista literal, añadiendo mis comentarios a sus declaraciones, ni que decir tiene, que estas observaciones  no representan la postura oficial de COE, sino mi opinión propia.

Estamos en épocas de cambio y la iglesia ha tornado a su verdadera cara ya no responde a las tradiciones europeas a las que parasitó, y que una vez ya no le han hecho falta, con odio superlativo quiere destruirlas y disolverlas .

Por tanto, esto es un importante aviso para que las personas que han creído que el cristianismo era algo propio de Europa, despierten y se den cuenta del veneno que suponen para nuestro pueblo, que el único camino de Europa es el retorno a su religión autóctona, el Odinismo, el culto a nuestros Dioses y ancestros, rechacemos el veneno de oriente que viene a través de Roma.

El Cristianismo Odia y desea la destrucción de Europa.

«El deber del cristianismo hacia Europa es el de servicio»

«Hay que integrar a los migrantes»

Santidad, en vuestros discursos sobre Europa evocáis las raíces del continente; sin embargo, nunca las calificáis de cristianas. Definís más bien la identidad europea como dinámica y multicultural. En vuestra opinión, ¿la expresión raíces cristianas es inadecuada para Europa?

Papa Francisco: Hay que hablar de raíces, en plural, pues hay muchas más de una. En ese sentido, cuando oigo hablar de las raíces cristianas de Europa, a veces temo el tono que se emplea, que puede ser vengativo o triunfalista. Entonces se convierte en colonialismo. Juan Pablo II hablaba de ellas con un tono tranquilo. Sí, Europa tiene raíces cristianas. El cristianismo tiene el deber de regarlas, pero con espíritu de servicio, como en el lavatorio de los pies. El deber del cristianismo hacia Europa es el de servicio. Erich Przywara, gran maestro de Romano Guardini y de Hans Urs von Balthasar, nos lo enseña: la aportación del cristianismo a la cultura es la de Cristo con el lavatorio de los pies, es decir, el servicio y el don de la vida. Y no debe ser una aportación colonialista.

Ernust: Por vez primera la iglesia reniega de las raíces cristianas de Europa, y las tachas de COLONIALISTAS.  Pone literalmente las raíces cristianas “en el lavatorio de los pies” Es grande pues el odio que este Papa tiene hacia Europa y su pueblo.

Es por esto que a su juicio al analizar las “raíces cristianas de Europa”, concluye que la historia de Europa alberga fuertes “manifestaciones colonialistas”

Fue muy contundente vuestro gesto de traer a Roma a los refugiados de Lesbos el pasado 16 de abril. Pero, ¿Europa puede acoger a tantos migrantes?

Papa Francisco:

Volvamos a los migrantes. La peor forma de acogerlos es recluirlos en guetos, cuando lo que hace falta es integrarlos. En Bruselas, los terroristas eran belgas, hijos de migrantes, pero procedían de un gueto. En Londres, el nuevo alcalde (Sadiq Khan, hijo de paquistaníes y musulmán, NDLR), prestó juramento en una catedral y, sin duda, será recibido por la reina. Eso muestra la importancia que tiene para Europa la capacidad de integrar. Pienso en Gregorio el Grande (papa de 590 a 604,) quien negoció con los entonces llamados bárbaros, que se integraron de inmediato. Esta integración es aún más necesaria hoy que Europa padece un grave problema de natalidad negativa, en razón de una búsqueda egoísta del bienestar. Se perpetúa un vacío demográfico.

Ernust: ¡Vaya este Papa!  ¡Que el Papa Gregorio negoció con los “llamados Bárbaros” Sí, creo que la negociación era “…o conversión o muerte…” Que bonito, que los bárbaros “se integraron de inmediato”. Parece mentira que una persona que ha alcanzado este puesto en la jerarquía religiosa católica adolezca del conocimiento de la historia de la religión en Europa. Sencillamente NO ME LO CREO . Además, pide “la integración de la inmigración actual porque no hay natalidad en Europa. El incremento de la natalidad debe realizarse orgánicamente, dentro de nuestro pueblo, no desde situaciones exógenas y patógenas.

Es en este contexto de la entrevista cuando Francisco da a entender a las mujeres europeas (pues a ellas les ha sido asignado el papel reproductivo) a “multiplicarse” con los inmigrantes musulmanes de cara a combatir la “baja tasa de natalidad”, que, según él, se debe al egoísmo de los hombres autóctonos europeos.

Cuando dice: “Se perpetúa un vacío demográfico” parece referirse a la situación actual de los pueblos indoeuropeoa, que al parecer no son capaces de reproducirse y perpetuarse.

El temor a acoger migrantes se nutre, en parte, del miedo al islam. ¿Está justificado, en vuestra opinión, el miedo que suscita esta religión en Europa?

Papa Francisco: No creo que haya un miedo al islam como tal, sino a Daesh y a su guerra de conquista, extraída en parte del islam. La idea de conquista es inherente al alma del islam, es verdad. Pero se podría interpretar con la misma idea de conquista el final del Evangelio de Mateo, en el que Jesús envía a sus discípulos a todas las naciones.

Ernust:  O sea que la actitud totalitaria y universalista de tratar de doblegar a todo el mundo con sus doctrinas es común al islam y al cristianismo…Buena Conclusión. Cristianismo= islam

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El Paganismo germánico en España desde el siglo V.

Godos emigrando

Una de las mentiras mas grandes que difundió la iglesia católica y que se usa frecuentemente contra la restauración del culto germánico en la península Ibérica y sur de Francia es que los visigodos cuando entraron en el siglo V, eran ya cristianos. Nada mas falso que esa afirmación:

El pueblo visigodo siguió conservando su religión ancestral, sus practicas y ritos que junto con el pueblo Suevo constituyeron el principal aporte de culto germánico en las Españas, además de Vándalos y Alanos.

Para el siglo VI en el Regnum Suevorum contamos con la obra de San Martín de Braga, “De Correctione Rusticorum”. La enumeración de ritos y usos paganos que hace San Martín demuestra que a finales del siglo VI persistían en Gallaecia los mismos cultos célticos que habían realizado los antiguos pueblos que habitaban la Península y los propios del paganismo grecorromano, junto con los cultos germánicos provenientes de la población sueva.

El Canon XIV:

“También hemos decidido que debe guardarse y observarse para consolidar la disciplina de la fe católica lo siguiente: que si fueren hallados algunos hombres o mujeres adivinos de los que dicen  que  son  agoreros  o  sortílegos  en  casa  de  algún  godo  o  romano,  sirio,  griego  o  judío,  o  si  alguno se atreviese de ahora en adelante a consultar sus engañosos cánticos y no quisiere acusar esto públicamente, por haberse atrevido a ello, no sólo será separado de la iglesia sino que también  deberá pagar al conde de la ciudad seis onzas de oro. Y aquellos que llenos de esta maldad echan suertes y adivinaciones y engañan al pueblo con sus prevaricaciones, dondequiera que sean hallados o halladas, sean libres siervas o siervos, sean duramente azotados en público y vendidos y su precio repartido entre los pobres”

EMPIEZA LA CARTA DEL OBISPO SAN MARTÍN AL OBISPO POLEMIO

1. Recibí la carta de tu santa caridad en la que me dices que te escriba algo, aunque sea a modo de síntesis, sobre el origen de los ídolos y de sus crímenes, para la instrucción de los rústicos, que retenidos todavía por la antigua superstición de los paganos, dan un culto de veneración más a los demonios que a Dios. Pero como es conveniente el ofrecerles ya desde el origen del mundo, para que lo saboreen, algún elemental conocimiento racional, me fue necesario hacer, de esa selva ingente de los tiempos y hechos pasados, una breve síntesis para de este modo presentarles a los rústicos un alimento también con estilo sencillo. Por eso, y con la ayuda de Dios, así ha de ser el principio de tu predicación.

2. Deseamos, hijos carísimos, instruiros en el nombre del Señor, en algunas cosas, o que todavía no las oísteis, o que si las habéis oído, las habéis tal vez olvidado. Rogamos, por consiguiente, a vuestra caridad que escuchéis atentamente lo que se dice para vuestra salvación. Sobre esta materia se ha escrito mucho en las divinas Escrituras, pero a fin de que conservéis en la memoria, de entre esas muchas cosas os recomendamos lo poco que sigue.

3. Habiendo creado el Señor en el principio el cielo y la tierra, hizo para aquella morada celeste creaturas espirituales, esto es, los ángeles que estando en la presencia del mismo lo alabasen. Y uno de éstos, que primero había sido hecho como arcángel, viéndose en el esplendor de tanta gloria, no dio el honor debido a Dios su creador, sino que se proclamó semejante a Él, y a causa de esta soberbia, con otros muchos ángeles, que lo imitaron, fue arrojado de aquella celeste morada a este aire que está debajo del cielo. Y aquel que primeramente había sido arcángel, perdida la luz de la gloria, se convirtió en el diablo tenebroso y horrible.

Igualmente aquellos otros ángeles que estuvieron de acuerdo con él, juntamente con él fueron lanzados del cielo, y perdiendo su esplendor, se convirtieron en demonios. Los otros ángeles restantes que se sometieron a Dios perseveraron en la gloria de su caridad en la presencia del Señor, y se llamaron ángeles santos. En efecto, aquellos ángeles que juntamente con Satanás, su príncipe, fueron arrojados a causa de su soberbia, se llaman ángeles apóstatas y demonios.

4. Después de esta caída de los ángeles fue del agrado de Dios formar al hombre del barro de la tierra, a quien puso en el paraíso, diciéndole que si observaba el precepto del Señor, pasaría sin muerte para aquel lugar celestial, de donde cayeron los ángeles apóstatas; pero que si quebrantaba las órdenes del Señor, moriría. Viendo, pues, el diablo que el hombre había sido creado para sucederle a él en el reino de Dios, en aquel lugar precisamente del que él había caído, movido por la envidia persuadió al hombre que violase los mandatos del Señor. Y por este pecado fue arrojado el hombre del paraíso al destierro de este mundo, en donde tendría que padecer muchos trabajos y dolores.

5. El primer hombre fue llamado Adán, y su mujer, que el Señor creó de la carne del mismo hombre, se llamó Eva. De estas dos personas descienden todos los hombres; los cuales, olvidándose de su Dios y Creador, y cometiendo muchos crímenes, provocaron a Dios a la ira. Por eso envió el Señor un diluvio con el que hizo perecer a todos, a excepción de un justo por nombre Noé, al que reservó, juntamente con sus hijos, para la reparación del género humano. Desde el primer hombre Adán hasta el diluvio pasaron dos mil doscientos cuarenta y dos años.

6. Después del diluvio se propagó otra vez el género humano por medio de los tres hijos de Noé, que habían sido reservados con sus mujeres. Y cuando empezó la muchedumbre reproducida a llenar el mundo, olvidándose otra vez los hombres del Señor que había creado el mundo, empezaron a dar culto a las criaturas, despreciando al Creador. Unos adoraban al sol, a la luna o a las estrellas; unos al fuego, otros al agua del profundo, o a las fuentes de las aguas, creyendo que todas estas cosas no habían sido hechas por Dios para uso de los hombres, sino que habían nacido de sí mismas.

7. Entonces el diablo, o los demonios sus ministros, que fueron arrojados del cielo, viendo a los hombres que por ignorancia despreciaron a su Creador, empezaron a servirlo por medio de las criaturas. Y empezaron a manifestarse en diversas figuras, a hablar con ellos y pedirles que les ofreciesen sacrificios en los montes altos y en los bosques frondosos, y a honrarlos como a Dios, poniéndoles los nombres de hombres malhechores, que habían llevado una vida de toda clase de crímenes y de maldades.

Y de este modo a uno le denominaron Júpiter, que era un mago y que estaba tan cargado con tantos adulterios, que tuvo por esposa a su propia hermana llamada Luno, marchitó a Minerva y a Venus su propia hija; e igualmente deshonró con incestos a sus nietos y a toda su parentela. Otro demonio se llamó Marte, diseminador de litigios y de discordias. Otro demonio, por fin, quiso llamarse Mercurio, que fue el inventor doloso de toda clase de robos y fraudes. A éste los hombres avaros le ofrecían en sacrificio, como al Dios del lucro, montones de piedras, que lanzaban al pasar por encrucijadas de los caminos. A otro demonio le aplicaron también el nombre de Saturno, el cual, viven en una total crueldad, devoraba a sus propios hijos apenas nacían. Se fingió también otro demonio con el nombre de Venus, que fue una mujer meretriz, la cual se prostituyó no sólo con otros innumerables, sino también con Júpiter, su padre, y con su hermano Marte.

8. He aquí cuales fueron en aquel tiempo estos hombres depravados los cuales, a causa de sus pésimas invenciones, dan culto los rústicos ignorantes Los demonios se apropiaron sus nombres, como nombres de dioses, a fin honrarles como a tales, ofrecerles sacrificios, e imitar sus acciones, cuyos nombres invocaban.

Los demonios les persuadieron también a que les edificasen templos, que colocasen en ellos imágenes o estatuas de hombres facinerosos, y les levantasen altares en los cuales no sólo derramasen sangre de animales sino también de hombres. Además de todas estas cosas, muchos de estos demonios, que fueron expulsados del cielo, presiden o en el mar, o en los ríos, o en las fuentes, o en bosques, a los cuales los hombres igualmente ignorantes que no conocen a Di los honran como a Dios y les ofrecen sacrificios.

En el mar lo llaman Neptuno, en los ríos, Lamias; en las fuentes, Ninfas en los bosques, Dianas; todas estas cosas no son más que demonios malignos y espíritus malos que pervierten a los hombres infieles que no saben protegerse con el signo de la cruz. Sin embargo, no pervierten sin permiso de Dios, porque estos tales tienen a Dios airado contra ellos, y no creen de todo corazón en la fe de Cristo, al bien, viven con tal ambigüedad hasta el punto de poner a cada día los mismos nombres de los demonios, y por eso denominan el día de Marte, y de Mercurio y de Júpiter, y de Venus, y de Saturno, los cuales no hicieron ningún día, que fueron hombres pésimos y malvados entre la gente de los griegos.

9. Pero cuando el Dios omnipotente hizo el cielo y la tierra, creó también la luz, la cual mediante la distinción de las obras de Dios tuvo siete veces su rotación. En efecto, en primer lugar hizo Dios la luz, a la que llamó día. En segundo lugar hizo el firmamento del cielo. En tercer lugar la tierra separada del mar. En cuarto lugar fueron formados el sol, la luna y las estrellas. En quinto lugar los animales cuadrúpedos y los volátiles. En sexto lugar fue formado de barro el hombre. En el día séptimo terminó todo el universo y su ornamentación, y lo llamó Dios el descanso. Y a la que fue la primera entre las obras de Dios, teniendo siete veces su rotación, por la distinción de las buenas obras, se llamó semana.

10. ¿No es, por tanto, una locura que el hombre bautizado en la fe de Cristo no honre el día del domingo, en el que Cristo resucitó, y diga que honra el de Júpiter, y de Mercurio, y de Venus, y de Saturno, los cuales no tienen ningún día, sino que fueron unos adúlteros, y perversos, e inicuos y desgraciadamente muertos en su Provincia? Pero, como ya dijimos, debajo de la apariencia de estos nombres, los hombres necios le prestan veneración y honor a los demonios. Igualmente se introdujo entre los ignorantes y rústicos aquel otro error por el que piensan que el principio del año son las calendas de enero, lo cual es falsísimo.

En efecto, como dice la Santa Escritura, en el mismo punto de equinoccio fue el principio del primer año. Y por eso se lee así: «y dividió Dios entre la luz y las tinieblas». Ahora bien, en toda división recta hay igualdad, como sucede en los veinticinco de marzo, en el que tanto espacio de horas tiene el día como la noche. Por eso es falso que el principio del año sean las calendas de enero.

11. ¿Y con qué pena se debe hablar de aquel estúpido error de guardar los días de las polillas y de los ratones, y si es lícito hablar de que un hombre cristiano venere en lugar de Dios a los ratones y a las polillas? Porque a estos animales, si no les aleja o el pan o la ropa cerrando bien o el armario o el arca, no perdonan cosa alguna de la que encuentren. Sin motivo alguno se engaña el hombre miserable con estas patrañas, como si porque al principio del año está alegre y saturado de todo, así le va a suceder durante todo el año. Todas éstas son observancias paganas, han sido buscadas por imaginación de los demonios. Pero hay de aquel hombre que no tiene propicio a Dios, y que no tiene como dada por Él la abundancia del pan y la seguridad de la vida. He aquí que vosotros realizáis oculta o públicamente estas vanas supersticiones, y nunca os apartáis de estos sacrificios de los demonios.

¿Y por qué no os conceden el que estéis siempre saturados, seguros y alegres? ¿Por qué cuando Dios se enfada, vuestros sacrificios vanos no os defienden de la langosta, del ratón y de muchas otras tribulaciones que Dios enfadado os envía?

12. ¿No veis clarísimamente que os engañan los demonios en estas vuestras observancias, que vanamente realizáis, y que os lleváis un chasco en los agüeros que tan frecuentemente atendéis? Porque, como dice el sapientísimo Salomón: «la adivinación y los agüeros son vanos» (Ecco 34,5). Y cuanto el hombre más las teme, tanto más engañado está su corazón: «no les des tu corazón, porque a muchos ha servido de tropiezo» (Ecco 34,6-7).

He aquí lo que dice la Santa Escritura, y así es ciertísimamente, porque tanto tiempo inculcan los demonios a los infelices hombres el canto a las aves, hasta que por estas cosas frívolas y vanas pierden la fe de Cristo, y encuentran en su muerte el fin de los réprobos.

Dios no mandó conocer las cosas futuras, sino que viviendo siempre en el temor de Dios, esperasen en Él el gobierno y el auxilio de su vida. Es propio de solo Dios el conocer los acontecimientos antes de que sucedan; sin embargo, los demonios engañan a los hombres vanos con diversos argumentos hasta conducirlos a la ofensa de Dios, y hasta arrastrar consigo a las almas al infierno, como por envidia hicieron desde su principio, a fin de que el hombre no entrase en el reino de los cielos, de donde ellos habían sido arrojados.

13. Por esta causa, viendo Dios a los hombres miserables engañados de este modo por el diablo y por sus ángeles malos, y que olvidándose de su Creador, adoraban a los demonios en lugar de Dios, envió a su Hijo, es c su Sabiduría y su Verbo, con el fin de reconducirlos al culto del verdadero y alejarlos del error del diablo. Y precisamente porque la divinidad del Hijo de Dios no podía ser visto los hombres, tomó carne humana en el vientre de la Virgen María, carne que fue concebida, no de la unión con un hombre, sino por el Espíritu Santo.

Nacido, por consiguiente, el Hijo de Dios en carne humana, pero que d estaba oculto el Dios invisible, y en el exterior el hombre visible, predicó hombres: predicó a los hombres, enseñándoles a que dejados los ídolos malas obras, saliese del poder del diablo y volviese al culto de su Creador. Después de haber enseñado, quiso morir por el género humano. Padeció voluntariamente la muerte, no obligado; fue crucificado por los judíos s Juez Poncio Pilato, que había nacido en la Provincia de Ponto y que en tiempo era gobernador de la provincia de Siria. Bajado de la cruz, fue colocado en el sepulcro.

Al tercer día resucitó vivo de entre los muertos, conversó por espacio cuarenta días con sus doce discípulos, y para demostrar que resucitó su verdadera carne, comió después de la resurrección delante de sus discípulos. Pasados los cuarenta días, mandó a sus discípulos que anunciasen a las gentes la resurrección del Hijo de Dios, y que los bautizasen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo para el perdón de los pecados, les enseñasen, además, que los que hubiesen sido bautizados se apartas las malas obras, esto es, de los ídolos, de los homicidios, de los robo perjurio, de la fornicación, y que aquello que no quieren para sí no se lo hagan tampoco a los demás. Y después de haberles mandado estas cosas, viéndolo los mismos discípulos, subió al cielo, y allí está sentado a la derecha del Padre, y al fin de este n ha de venir con esa misma carne con la que subió al cielo.

14. Cuando llegue el fin de este mundo, todas las gentes y todo h que tiene su origen en los primeros hombres, es decir, en Adán y en resucitarán sean buenos o sean malos. Todos han de venir ante el juicio de Cristo, y entonces los que fueron fieles y buenos en su vida quedarán separados de los malos y entrarán en el reino de Dios con los ángeles santos. Sus almas juntamente con sus cuerpos permanecerán en el descanso e nunca más morirán, y allí ya no habrá ni trabajo alguno ni dolor; tampoco tristeza, ni hambre, o sed, ni calor o frío, ni tinieblas o noche, sino que e siempre alegres, saturados, en la luz, en la gloria, serán semejantes a los ángeles de Dios, porque ya han merecido entrar en aquel lugar de donde cayó el juntamente con aquellos ángeles que le siguieron.

Allí, por consiguiente, todos los que fueron fieles a Dios permanecerá siempre. En cambio, aquellos que no creyeron, o que no fueron bautiza que ciertamente sí fueron bautizados después de este su bautismo volvieron de nuevo a los ídolos y homicidios, o a los perjurios y a otros males y murieron sin penitencia, todos los que así fueren hallados se condenarán con el di con todos los demonios a los que dieron culto y cuyas obras hicieron. Estos serán enviados junto con sus cuerpos al fuego eterno del infierno, en donde aquel fuego inextinguible durará para siempre, y esa carne recuperada en la resurrección gimiendo en eterno tormento desea morir otra vez para no sentir los tormentos. Pero no se le permitirá morir para que sufra los tormentos eternos.

Esto es lo que dice la ley, esto es lo que dicen los profetas, esto es lo que dice el evangelio de Cristo, lo que dice el Apóstol y lo que testifica toda la Santa Escritura, de la que os hemos hecho un sencillo resumen. Es preciso, pues, hijos carísimos, que de aquí en adelante os recordéis de todo cuanto os he dicho, y que obrando el bien esperéis el futuro descanso en el reino de Dios, o (lo que esté lejos de vosotros) obrando el mal esperéis el fuego perpetuo en el infierno. Por consiguiente, la vida eterna y la muerte eterna está puesta en el arbitrio del hombre. Lo que cada uno escoja para sí, eso es lo que tendrá.

15. Vosotros, pues, creyendo que llegásteis al bautismo de Cristo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, considerad el pacto que habéis hecho con Dios en el mismo bautismo.

En efecto, cuando cada uno de vosotros dísteis en la fuente vuestro nombre, por ejemplo, o Pedro, o Juan, o cualquier otro nombre, así fuisteis preguntado por el sacerdote: ¿Cómo te van a llamar? Tú respondiste, si ya podías contestar, o si no ciertamente el que lo testificaba en tu nombre, el que era tu padrino, y dijo, por ejemplo: se llamará Juan. El sacerdote preguntó de nuevo: Juan, renuncias al diablo y a sus ángeles, a sus cultos y a sus ídolos, a sus frutos y fraudes, a sus fornicaciones y a sus impurezas, y a todas sus obras malas. Y respondiste: renuncio. Después de esta renuncia al diablo fuiste interrogado de nuevo por el sacerdote: ¿Crees en Dios Padre Omnipotente? Y respondiste: creo.

¿Y en Jesucristo, su Hijo único, Dios y Señor nuestro, que nació del Espíritu Santo y de la Virgen María, padeció en tiempo de Poncio Pilato, crucificado y sepultado, bajó a los infiernos, al tercer día resucitó vivo de los muertos, subió a los cielos, que está sentado a la derecha del Padre, y que desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos? ¿Crees?, y respondiste: creo.

Y de nuevo fuiste interrogado: ¿Crees en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en el perdón de todos los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna? Y respondiste: creo.

Considerad, por tanto, cuál es el pacto que habéis hecho con Dios en el bautismo. Prometísteis que vosotros renunciábais al diablo y a sus ángeles, y a todas sus obras malas, y al mismo tiempo habéis hecho una profesión de fe que vosotros creíais en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo, y que vosotros esperábais también, al terminar el mundo, en la resurrección de la carne y en la vida eterna.

16. He aquí cuál es vuestra garantía y vuestra confesión con la que os habéis ligado para con Dios. ¿Y cómo es que algunos de vosotros, que habéis renunciado al diablo y a sus ángeles, a sus cultos, y a sus malas obras, ahora volváis de nuevo a los cultos del diablo?

Porque encender velas junto a las piedras y a los árboles y a las fuentes y en las encrucijadas, ¿qué otra cosa es sino culto al diablo? Observar la adivinación y los agüeros, así como los días de los ídolos, ¿qué otra cosa es sino el culto del diablo?

Observar las vulcanales y las calendas, adornar las mesas, poner coronas de laurel, observar el pie, derramar en el fogón sobre la leña alimentos y vino, echar pan en la fuente, ¿qué otra cosa es sino culto del diablo? El que las mujeres nombren a Minerva al urdir sus telas, observar en las nupcias el día de Venus, y atender en qué día se hace el viaje, ¿qué otra cosa es sino el culto del diablo?

Hechizar hierbas para los maleficios, e invocar los nombres de los demonios con hechizos, ¿qué otra cosa es sino el culto del diablo? Y otras muchas cosas que es largo el decirlas.

He aquí que, después de haber renunciado al diablo, hacéis todas estas cosas después del bautismo, y volviendo al culto de los demonios y a las malas obras de los ídolos, faltásteis a vuestra palabra, y habéis quebrantado el pacto que hicísteis con Dios.

Alejasteis de vosotros la señal de la cruz, que recibisteis en el bautismo, y estáis atentos a otras señales del diablo por medio de las avecillas, estornudos y otras muchas cosas.

¿Por qué no me va a hacer mal a mí y a cualquier otro cristiano recto el agüero? Porque donde ha precedido la señal de la cruz, nada es señal del diablo. ¿Y por qué os hace mal a vosotros? Porque despreciáis la señal de la cruz, y teméis aquello que vosotros mismos habéis imaginado como señal.

Del mismo modo rechazáis el santo encantamiento, esto es, el símbolo que recibisteis en el bautismo, que es: «creo en Dios Padre Omnipotente»; la oración dominical, esto es, «Padre nuestro que estás en los cielos», y conserváis los encantamientos diabólicos y los versos.

Por eso todo aquello que. despreciando la señal de la cruz de Cristo, y mira a otras señales, perdió la señal de la cruz que recibió en el bautismo.

Igualmente, el que guarda otros encantamientos inventados por magos y maléficos, perdió el encantamiento del símbolo santo y de la oración dominical que recibió en la fe de Cristo, pisoteó la fe de Cristo, porque no puede dar culto juntamente a Dios y al diablo.

17. Por eso, amadísimos hijos, si habéis conocido todas estas cosas que hemos dicho, y si alguien reconoce haber cometido estas cosas después del bautismo, y que apostató de la fe de Cristo, no desespere de sí y no diga en su corazón: «porque yo he cometido tantos males después del bautismo, tal vez Dios no perdone mis pecados». No quieras dudar de la misericordia de Dios. Haz de nuevo en tu corazón un pacto con Dios, y en lo sucesivo ya no quieras entregarte al culto de los demonios; no adores otra cosa que no sea Dios; no has de cometer el homicidio, ni el adulterio o la fornicación; no cometas el hurto ni perjures.

Y cuando hayas cometido todo esto a Dios en tu corazón, y no hayas vuelto a cometer otra vez estos pecados, espera con confianza el perdón de Dios, porque así dice el Señor en la Escritura profética: «en cualquier día que el malvado se olvide de sus iniquidades y obre la justicia, yo también me olvidaré de todas sus iniquidades» (Ez 18,21-22).

Dios espera, por consiguiente, el arrepentimiento del pecador. Aquélla es la verdadera penitencia, cuando el hombre ya no vuelve a cometer los males que hizo, sino que pida perdón de los pecados pasados, tome precaución de cara al futuro, para no volver de nuevo a los mismos pecados; sino que por el contrario realice las obras buenas, de tal manera que dé limosna al pobre que tiene hambre, rehaga al huésped extenuado, y que todo aquello que quiere que otros le hagan a él, que esto mismo haga él con los otros, y que lo que él no quiere que le hagan, que tampoco él lo haga a los demás, porque en esta palabra se resumen los mandatos del Señor.

18. Os rogamos, por tanto, hermanos e hijos queridísimos, que estos preceptos que Dios se ha dignado daros por medio de nosotros humildes y pequeños, los retengáis en la memoria, y penséis cómo salvéis vuestras almas, de tal modo que no sólo os ocupéis de esta vida presente y de la utilidad pasajera de este mundo, sino que penséis más en el símbolo que vosotros prometísteis creer, esto es, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Por consiguiente, si creísteis y creéis que existe la resurrección de la carne y la vida eterna en el reino de los cielos entre los ángeles de Dios, como ya os dije anteriormente, pensad mucho en estas cosas y no siempre en la miseria de este mundo.

Preparad vuestro camino por medio de las buenas obras. Reuníos con frecuencia en la iglesia o en el lugar de los santos para orar a Dios. No queráis despreciar el día del Señor, que por eso se llama del Señor, porque el Hijo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo. resucitó en ese día de entre los muertos, sino que debéis honrarlo con reverencia.

No realizaréis en el día de domingo obras serviles, esto es, en el campo, en el prado, en la viña y otras cosas pesadas, exceptuadas aquellas cosas que son necesarias para la refección del cuerpo, como es el cocer el alimento y lo necesario para emprender un viaje largo.

Es lícito hacer un viaje en domingo a lugares cercanos, pero no para realizar acciones malas, sino más bien buenas, esto es, ir a un lugar santo, o a visitar a un hermano o a un amigo, o consolar a un enfermo, o a llevar un consejo al que se encuentra en la tribulación, o una ayuda en favor de una causa buena. Así es como debe celebrar el domingo el hombre cristiano.

Es bastante inicuo y vergonzoso que aquellos que son paganos y desconocen la fe cristiana, dando culto a los ídolos de los demonios, que veneren el día de Júpiter o de cualquier otro demonio y que se abstengan del trabajo, siendo así que los demonios ni han creado ni tienen ciertamente ningún día.

Y nosotros, que adoramos al verdadero Dios, y que creemos que el Hijo de Dios resucitó de entre los muertos, no veneramos el día de su resurrección, es decir, el domingo. No queráis, pues, hacer una injuria a la resurrección del Señor sino honradla y veneradla con reverencia por la esperanza que nosotros tenemos en ella. Porque así como aquel Señor nuestro Jesucristo, Hijo de Dios, que es nuestra cabeza, resucitó al tercer día de entre los muertos, así también nosotros, que somos sus miembros, esperamos resucitar al fin del mundo en nuestra carne, a fin de que cada uno reciba o el descanso eterno o el castigo eterno, de acurdo con lo que obró con su cuerpo en este mundo.

19. He aquí que nosotros que hablamos ahora bajo el testimonio de Dios y de los santos ángeles que nos escuchan, hemos cumplido nuestra deuda con vuestra caridad, y os hemos prestado el dinero del Señor, cuyo precepto tenemos. Pertenece ahora a vosotros el pensar y el procurar cómo cada uno de nosotros presente con intereses lo que recibió cuando venga el Señor el día del juicio.

Rogamos, por tanto, a la clemencia del mismo Señor que os guarde a vosotros de todo mal, y os haga dignos compañeros de sus santos ángeles en su reino, concediendonoslo él mismo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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El Odio que acabó con Susan Sontag

Susan Sontag

El discurso del Odio

Aristóteles –que distinguía entre ira y odio– o Nietzsche –“El hombre de conocimiento debe ser capaz no solo de amar a sus enemigos, sino también de odiar a sus amigos”, escribió– son otros de los pensadores que han tratado de explicar por qué está tan presente en la psique humana. Las teorías sobre su origen adaptativo, en general, suelen ir en esas dos direcciones.

Por una parte, como sugiere Nietzsche, sirve para mantener un cierto estado de alerta intelectual. En situaciones tan peligrosas como el falso consenso grupal –cuando creemos que todos estamos de acuerdo, aunque no sea así, por mantener la cohesión– solo los odiadores son capaces de actuar con lucidez. Algo que resultaría muy útil cuando, en el pasado de la especie, las decisiones colectivas equivocadas a veces suponían la muerte.

El Odio como elemento de terror en el que su discurso se basa en el exterminio del distinto, en la intolerancia más absoluta, en la pérdida del pluralismo político, y, en definitiva, en generar un terror colectivo que sea el medio con el que conseguir esas finalidades.

Shakespeare conocía bien la fuerza del odio enardecido: La cólera es mi alimento; cenaré de mi propia sustancia», exclama un personaje de ‘Coriolano’. El odio es insaciable, ama la muerte y acaba siempre prometiendo el Paraíso, con huríes o sin ellas. Es inútil querer razonar con él, se trata de una fe impermeable a las razones y la experiencia, los atavismos del odio tribal, lingüístico, religioso, han puesto en marcha un fundamentalismo que clama su venganza sobre la razón.

“Si las masas pueden amar sin saber por qué, también pueden odiar sin ningún fundamento”, decía William Shakespeare.

Como ejemplo, tomaremos a una famosa “odiadora”:

Susan Sontag (Nueva York, 1933 – 2004) fue una escritora, novelista, filósofa, y ensayista, así como profesora, directora de cine y guionista estadounidense. Sontag, que recibió al nacer el nombre de Susan Rosenblatt, nació en Nueva York. Fue hija de Mildred Jacobsen y Jack Rosenblatt, ambos judíos estadounidenses.

Susan Sontag, activista para los derechos humanos, y exponente del movimiento feminista, escribió su famosa afirmación de odio contra la raza blanca:

“la raza blanca es el cáncer de la historia de la humanidad; es sólo la raza blanca – sus ideologías y sus invenciones – la que erradica a las civilizaciones autónomas allá donde se extiende, la que estropea el equilibrio ecológico del planeta y la que ahora amenaza a la propia existencia de la vida”

Partisan Review. Spring 1967.

Quizá por eso le llamaban “la conciencia ética de Estados Unidos” y le fue concedido en 2003 el Premio Príncipe de Asturias en España.

Solo como curiosidad: MURIÓ DE CÁNCER. Quizá su odio no le dejó vivir más.

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AUDHUMLA. La Vaca primigenia

Audhumla es la vaca primigenia, También conocida como La Gran Vaca Cósmica, involucrada en el origen de las razas de dioses y gigantes.

Aunque el nombre se encuentra entre los nafnaþulur o sinónimos de “vaca”, el rol mitológico de Audhumla se encuentra solo en el Gylfaginning de Snorri. Sin embargo, es generalmente aceptada por los estudiosos como una parte auténtica de los mitos nórdicos y no descartada como una invención de Snorri Sturluson. Snorri dice que Audhumla surgió de los goteos de la escarcha justo después de que se formó Ymir, y que cuatro corrientes de leche salían de sus ubres y nutrían a Ymir. Ella a su vez lamió bloques de sal, y de estos surgió en tres días Búri, el primero de los æsir.

Aunque las vacas no son poco comunes en las historias de creación de todo el mundo, lo que más llama la atención de Audhumla es que une los dos grupos de las élites guerreras en la mitología nórdica, nutriendo a Ymir, antepasado de todos gigantes, y sacando a la luz a Búri, progenitor de los æsir. La presunta etimología de su nombre, “vaca sin cuernos rica en leche”, no ayuda a descifrar su papel mitológico. Su significado no está claro, y el nombre puede haber sido oscuro o interpretado de manera diferente, incluso en tiempos paganos. La palabra auð podría estar relacionada con palabras que significan “riqueza”, “facilidad”, “destino” o “vacío”; ‘riqueza’ es quizás el candidato más probable. La palabra um   no está clara, pero a juzgar por los cognados aparentes en otras lenguas germánicas , podría significar “vaca sin cuernos”.

El erudito sueco Viktor Rydberg, a fines del siglo XIX, estableció un paralelismo entre los mitos y relatos de la creación nórdica en la mitología zoroástrica y védica , postulando un origen proto-indoeuropeo común. La mitología zoroastriana tiene un buey primitivo que se dice que es femenino o masculino y que aparece en el medio de la tierra junto con el humano primigenio.

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Las Valkyrias

En las sociedades guerreras germanas, morir durante la batalla estaba considerado como el mejor final que un hombre podía tener. Prueba de ello son la gran cantidad de personajes que aparecen relacionados con las guerras (Valkirias, Odín,) y la devoción que estos pueblos profesaban ante ellos. Lo curioso del Ragnarök es que todos los participantes conocían su destino antes de que ocurriese, es como si a nosotros nos pasasen un guion escrito de cómo será nuestro último día de vida…

Las Valkyrias (literalmente, “las que eligen a los caídos”) son entidades femeninas divinas, doncellas guerreras servidoras de Odín bajo el mando de la diosa Freyja, representadas como mujeres jóvenes y bellas, que montaban a caballo usando armadura, escudo y lanza. Se encargan de escoger a los guerreros heroicos caídos en batalla, que son llamados Einherjar y llevados al recinto de Odín, en el palacio Vallhöll. En este lugar los héroes muertos habitan hasta la llegada del Ragnarök, cuando el dios Heimdallr suene su cuerno para la batalla del ocaso de los dioses. Las Valkyrias también eran mensajeras de Odín y cuando cabalgaban sus armaduras producían la luz de la Aurora Boreal. Las valkirias se consideraban diosas de los muertos.

Como hemos dicho ya el nombre Valkyria significa “seleccionadora de los que murieron violentamente”. No es privativo de las lenguas escandinavas, puesto que se presenta también en inglés antiguo con la forma wälcyrge (walcyrge, walcrigge). Hay también una locución escandinava antigua, kýosa val, “elegir a los matados”, cuyo significado, aparentemente sencillo, no se conoce con certeza. Acaso se refiera al acto de recoger los cadáveres del campo de batalla o al de decidir qué guerreros han de perecer en él.

Si bien en los documentos existentes no se menciona el origen de las Valkirias, éstas son consideradas muchas veces como hijas de Odín, sin embargo, parece ser que muchas de las Valkirias originales eran de padres mortales. De hecho, hoy en día, se cree que las Valkirias originales eran las sacerdotisas de Odín, las cuales se dedicaban a oficiar los sacrificios rituales en los que se ejecutaba a los prisioneros, para “llevarlos junto a Odín”.

El culto por las Valkyrias es bastante popular entre los odinistas modernos, son diosas de mucha inspiración en nuestro camino, que representan tanto virtudes generales, como cualidades para la guerra.

Las Valkyrias tenían un papel muy concreto, el de escoger a los mejores y más valientes guerreros que habían caído en la batalla, de hecho, se dice que cuando un guerrero veía a las Valkirias, éste sabía que iba a morir. Una vez que las Valkirias escogían, tomaban las almas de los guerreros y los llevaban al Valhalla, dónde se convertían en Einherjar (espíritus guerreros), y se preparaban para luchar junto a Odín cuando llegara la batalla final, el Ragnarök.

Las Valkirias, residían normalmente en el llamado Vingólf, una de las moradas de los dioses. Dicho edificio se encontraba situado al lado del Valhalla, y contaba con quinientas cuarenta puertas. Por estas puertas era por dónde entraban los guerreros caídos. Allí las Valkirias curaban las heridas de los guerreros, o les servían hidromiel y cerveza, aparte de deleitarlos con su belleza.

La distinción entre las Valkirias y las Nornas (las tejedoras del destino de los hombres y mujeres, además de las encargadas de regar y cuidar a Yggdrasil), a veces es confusa, puesto que se considera que las Valkirias, eran las tejedoras de las redes de la guerra, y que ellas decidían (bajo el beneplácito de Odín) el resultado de las batallas, y, por ende, quién debía morir y quién debía vivir. Además, la Norna más joven de todas, Skuld, era también una Valkiria. De hecho, se dice que normalmente eran Freyja y Skuld, quienes encabezaban a las Valkirias, mientras se dirigían a los campos de batalla.

Las Valkirias son representadas comúnmente como bravas y bellas guerreras, siempre vírgenes, (si bien anteriormente habían sido representadas como cuervos que devoraban la carne de los muertos) armadas con yelmos y lanzas y cuya armadura desprendería una extraña luz que crearía lo que los hombres llaman Aurora Boreal o Luces del Norte. A menudo, también vemos que estas deidades son representadas cabalgando grandes caballos alados, sin embargo, el término “caballo de Valkyria” podría ser lo que se llama un kenningar, es decir, un tipo de perífrasis escandinava. Así, en realidad las Valkirias no cabalgarían sobre grandes y majestuosos caballos alados, sino grandes y temibles lobos que en medio de la batalla buscaban los cuerpos de los guerreros muertos.

El número de Valkirias, ha ido variando, y, si bien, en algunos mitos encontramos el nombre de algunas de las principales Valkyrias, las diferentes fuentes literarias han ido añadiendo nombres y aumentando el número total de estas divinidades femeninas menores, así el número ha ido fluctuando de tres hasta dieciséis. Sin embargo, nueve son las más comúnmente citadas:

Brynhildr o Brunilda, cuyo nombre significa “cota de batalla”.

Hilda, cuyo nombre significa “batalla”.

Sigdrifa o “la que trae victoria”.

Sigrun, “conocedora de los misterios o hechizos de la victoria”.

Sváva, cuyo nombre significa “sueva”.

Ölrun, Svanhvít y Alvitr conocida también como Hervör. Su nombre puede tener dos significados, “conocedora de los misterios del hidromiel” o “hechizo extraño”.

Þrúðr, hija del dios Thor, su nombre significa “fuerza”.

A continuación, todos sus nombres y significados:

Valkyrias de connotación guerrera:

1.- Brunhilda ó Brynhildr.- malla de batalla.

2.- Skögul & Gunnr ó Gudr.- batalla.

3.– Herfjötur.- grillete de guerra.

4.- Geirahöd.- lanza de batalla.

5.- Sigrdrifa.- viento de victoria.

6.- Skeggjöld.- portadora de un hacha de guerra.

7.- Hildr.- batalla.

8.- Hlökk.- estrépito de batalla.

9.- Göll.– grito de guerra.

10.- Sigrún.- runa de la victoria, reencarnación de Sváfa ó Sváva.

 

Valkyrias de connotación virtuosa:

11.- Thrudr ó Thrud.- poder.

12.- Rádgridr.- paz divina, consejera de paz.

13.- Randgridr.- escudo de paz.

14.- Reginleif.- herencia de los dioses.

 

Valkyrias con otras connotaciones:

15.- Skuld.– la que se convertirá. (Tiene el mismo nombre que la Norna del futuro)

16.- Hrist.- la que estremece.

17.- Róta.- la que causa confusión

18.- Göndul.- maga, mujer lobo.

19.- Mist.- neblina.

20.- Kára.- tempestuosa como el viento, reencarnación de Sigrún.

21.- Sváfa.- la que adormece, antecesora de Sigrún.

 

Walkyrias adicionales:

22.- Hladgudr.- guerrera con collar.

23.- Olrún.- la que conoce todas las runas.

24.- Hjalmthrimul.- la que provoca la batalla.

25.- Hjörthrimul.- portadora de la espada resonante.

26.- Geiravör.- diosa de la lanza.

 

BAJO EL COMBATE

Bajo la lluvia y el rayo
aúllan los plañideros espectros,
cazando de los caídos el aliento.

Plantados en la tierra
mezclados con sangre,
florecen los huesos de los muertos;en las cuencas vacías
el agua se estanca
y corre entre los dientes
sin mantos de labios.

Del campo devastado,
apestando a muerte,
huyen las monturas sin jinete.

Ahora en lodoso lecho yace mansa
la carne fiera, deseosa de hazañas.
De valor, de miedo, los gritos guerreros
dan como fruto sólido silencio.

Para las implacables hijas de Odín
en charcos, en regueros, salpicaduras rubíes
son servidas en bandeja como carroñera ofrenda,
mientras sus voces frías sisean en el viento:
Nacerán gloriosos cantos de vuestros lamentos.

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Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico

Después del encarnizado debate abierto tras su publicación en inglés llega a España el demoledor ensayo en que Catherine Nixey describe el fin de una era en la hoguera del fanatismo

Tommaso Laureti – ‘El triunfo del cristianismo’ (1585)

Arrasado el jardín, entraron los barbudos en el templo de Palmira y quebraron de un golpe la impresionante estatua, la decapitaron y desmembraron, acaso temerosos de que las piedras encubrieran blasfemias contra su dios. ¿Soldados del Estado Islámico en 2012? No: soldados de Cristo en 385 d.C. “Parece que solo entonces esos hombres -esos cristianos- sintieron, satisfechos, que habían hecho su trabajo. Volvieron a fundirse una vez más con el desierto. Tras ellos el templo quedó en silencio. Las lámparas votivas, desatendidas, se apagaron. En el suelo, la cabeza de Atenea empezó a cubrirse lentamente con la arena del desierto sirio. Había empezado el ‘triunfo’ de la cristiandad”. Así comienza ‘La edad de la penumbra’ (Taurus), el demoledor ensayo en que la británica Catherine Nixey describe la extinción de una era en la hoguera del fanatismo y que ahora llega a España después de que su edición inglesa desatara un encarnizado debate.

‘La edad de la penumbra’.

Lo que los romanos entendían por “triunfo” no era exactamente lo mismo que ahora. No consistía solamente en la victoria del ganador, sino en “la total y absoluta subyugación del perdedor“. Y tal es la premisa de Nixey, historiadora y periodista de The Times e hija de unos monjes que pasaron veinte años dentro de un monasterio antes de colgar los hábitos: que si bien el cristianismo conservó parte del legado clásico en los siglos oscuros de la Edad Media, otra historia anterior, mucho menos gloriosa y conocida, desplegó un escenario de destrucción apocalíptica de la filosofía y el arte de la antigüedad grecolatina, reducido por la Iglesia a sangre y cenizas durante los siglos IV y V d.C.

“Los asaltos violentos de este periodo”, advierte Nixey, “no fueron terreno exclusivo de chiflados y excéntricos. Hombres que estaban en el corazón mismo de la Iglesia Católica alentaron y lideraron los ataques contra los monumentos de los “locos”, “malditos” y “dementes” paganos. El gran San Agustín afirmó ante una congregación en Cartago: “¡Dios quiere, lo mandó, lo predijo, comenzó ya a llevarlo a efecto, y en muchos lugares de la Tierra ya lo ha realizado en parte: la extirpación de toda superstición de paganos y gentiles!”. San Martín, todavía hoy uno de los santos franceses más populares, arrasaba los campos galos destruyendo templos y consternando a los lugareños a su paso. En Egipto, San Teófilo demolió uno de los edificios más hermosos del mundo antiguo. En Italia, san Benito destruyó un santuario dedicado a Apolo. En Siria, despiadados grupos de monjes aterrorizaban las zonas rurales, derribando estatuas y arrancando los techos de los templos”.

La batalla con los demonios

‘La edad de la penumbra’ es estrepitoso, estupendamente escrito, durísimo y muy divertido: “los ataques no se detenían en la cultura. Todo, desde la comida que se ponía en el plato (que debía sen sencilla y sin especias) hasta lo que se hacía en la cama (que debía ser igualmente sobrio y sin especiar) empezaba, por primera vez, a quedar bajo el control de la religión“. Tal vez sus páginas provoquen un corte de digestión a algunos creyentes pero será difícil que no los fascine al mismo tiempo con su brillante recreación histórica del momento trágico y surreal en que la civilización se hundió en las tinieblas. Los demonios, por ejemplo.

Al decidir a quién venerar, las congregaciones no elegían entre un dios u otro; estaban escogiendo entre el bien y el mal, entre Dios y Satanás

Aquel era un mundo de apariciones diabólicas, un lugar en que Satanás podía pasar a tu lado por un camino y un demonio podía sentarse frente a ti en la cena; un mundo en que el alma inmortal estaba en peligro perpetuo“. Esto que hoy invitaría a una sonrisa, no era ninguna broma entonces. Para los panegiristas cristianos se trataba de una amenaza mortal que además les servía como dispositivo ideológico para purgar el mundo de paganos: “Una nueva generación de predicadores inflexibles pronunciaba un sermón intimidatorio tras otro, en los que quedaban claras las opciones del pueblo. Al decidir a quién venerar, las congregaciones no elegían entre un dios u otro; estaban escogiendo entre el bien y el mal, entre Dios y Satanás“.

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Catherine Nixey recuerda que no tenía por qué haber ocurrido así, que mientras que los pastores cristianos exigían pureza, su grey, bastante menos apasionada, estaba incorporando al dios cristiano sin mayor problema al cada vez más nutrido panteón de divinidades paganas y ora le rezaba a él, ora sacrificaba un carnero en el altar de Júpiter. El propio emperador Constantino, que legalizó el cristianismo en el Imperio Romano en el año 313, se mostró comprensivo con los ritos antiguos. “Ningún hombre será privado de la completa tolerancia”, proclamó en el célebre edicto de Milán. Pero los clérigos cristianos, por fin dueños de la situación, no iban a permitirse semejantes lujos ‘demócratas’. Al poco de su legalización, los templos paganos ardían de Oriente a Occidente mientras sus sacerdotes -y miles de sus fieles- eran asesinados.

Los últimos filósofos

Año 532 d.C. Siete hombres huyen de Atenas hacia Oriente con un parco equipaje de libros. ¿Cuál es su oficio? Filósofos, los últimos miembros de la Academia, la más famosa escuela de Grecia fundada por Platón mil años antes. La cuna de la razón occidental se había tornado un lugar peligroso para su actividad, los soldados de Cristo buscaban ejemplares prohibidos casa por casa para quemarlos en grandes piras -junto a sus poseedores-, la discusión pública había sido prohibida y los frisos del Partenón, asaltados y mutilados. Apenas nos quedan hoy palabras de aquel “grupo melancólico”, como las de su líder, el septuagenario pero aún enérgico Damascio: “Toda mi vida ha sido barrida por el torrente“.

Sólo un uno por ciento de la literatura latina sobrevivió a los siglos. El noventa y nueve por ciento se perdió

¿Por qué contar ahora esta historia? Sencillamente, responde Catherine Nixey, porque nadie lo había hecho, porque la épica aventura de un puñado de monjes defendiendo de la oscuridad medieval el legado clásico es una versión real pero también tremendamente parcial: “Los palimpsestos -manuscritos sobre los que se grababa de nuevo- aportan indicios de los momentos en que desaparecieron las obras antiguas. Agustín sobrescribió el último ejemplar de ‘Sobre la República’ de Cicerón para anotar encima sus comentarios de los ‘Salmos’. Una obra biográfica de Séneca desapareció bajo otro ‘Antiguo Testamento’ más. Un códice con las ‘Historias’ de Salustio se raspó para dar lugar a más escritos de San Jerónimo…. Sólo un uno por ciento de la literatura latina sobrevivió a los siglos. El noventa y nueve por ciento se perdió“.

Catherine Nixey en portada de The Times Magazine

Concluye Catherine Nixey: “Se produjo otra pérdida definitiva, aún menos recordada que las demás, pero a su modo, casi tan importante. La memoria de que existió una oposición al cristianismo desapareció. La idea de que los filósofos pudieron haber luchado con vehemencia, con todo lo que tenían, contra el cristianismo fue, y aun es, ignorada. El recuerdo de que muchos se alarmaron por la expansión de esta religión violentamente intolerante desaparece del paisaje. La idea de que muchos no estaban entusiasmados sino disgustados por la visión de sus templos en llamas y demolidos se dejó -y se deja- de lado. La idea de que los intelectuales estaban consternados -y asustados- por la visión de los libros ardiendo en piras ha caído en el olvido. El cristianismo contó a las generaciones posteriores que su victoria sobre el viejo mundo fue celebrada por todos, y las siguientes generaciones lo creyeron. (…) El ‘triunfo’ del cristianismo era completo“.

 

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