Iniciación Walpurgis 2019

El ardiente deseo de calmar la sed de conocimiento que tiene Odín nunca terminó. Nuestro Padre siempre está dispuesto a intercambiar algo para obtener más conocimiento por sí mismo, para sí mismo. Si estudiamos cuidadosamente las historias sobre Odín, podemos observar nítidamente que su principal fin era buscar todas las fuentes de conocimiento posibles. A su lado tiene dos cuervos para decirle lo que sucede alrededor de los Nueve Mundos, mantiene a la cabeza de Mimir para que su consulta, y sacrificó un ojo para poder beber el agua del conocimiento. Esta vez, debemos descubrir el viaje por el cual Odín aprendió las runas sacrificándose a sí mismo en el árbol del mundo, el fresno Yggdrasil.

Según el mito, Odín se colgó en Yggdrasil durante nueve días y nueve noches. Nadie sabe con certeza cuál era su objetivo inmediato, seguramente todos los caminos por los que transitó ya no le decían nada y tenía que buscar nuevos horizontes…fue entonces cuando las runas se revelaron desde los troncos. Dicen que fueron las Nornas las creadoras de las runas talladas que se le mostraron a Odín en Yggdrasil. Solo quien estaba ansioso de conocimiento por aprender runas podía hacer el sacrificio y aprenderlas. Entonces Odín decidió auto sacrificarse, convirtiéndose en la primera figura en el cosmos que conoció las runas. Se colgó en Yggdrasil para hacer el sacrificio. Permaneció allí durante nueve días y nueve noches. Su lanza Gungnir, le atravesó el pecho. No comió ni bebió nada durante todo el sacrificio. Muchos dioses vinieron allí para ofrecer ayuda a Odín, pero el gran padre simplemente rechazó todo y decidió hacer su ritual sagrado, y cuando el sacrificio finalmente llegó a su fin, las runas se mostraron fuera del árbol Yggdrasil. Y Odín aprovechó la oportunidad para aprender a descifrarlas.

Cada detalle en la religión nórdica consiste en lecciones o mensajes. En el descubrimiento de las runas por parte de Odín, el mensaje es claro: es necesario sacrificarse para lograr algo. Esta es la ley del sacrificio. Y a partir del mensaje, llegamos a conocer más a Odín. En primer lugar, tenemos que entender cuál es el significado del sacrificio. Cuando hablamos de “sacrificio”, a menudo lo relacionamos con un hecho desinteresado. Por ejemplo, depositamos en ceremonias dones para nuestros Dioses. Pero la mejor definición de “sacrificio”, como creemos, es renunciar a algo para obtener algo que es más valioso. Y obviamente, Odín sabía lo que necesitaba más.

Podemos observar como funciona a nivel cósmico la ley del sacrificio en este supremo esfuerzo. La ley dice que no puedes obtener lo que quieres sin renunciar a otra cosa. Para obtener algo de mayor valor, debes renunciar a algo que crees que es menos valioso. Para Odín, lo que más importaba era obtener el conocimiento y la capacidad de descifrar runas. Lo que menos le importaba era el dolor físico que tuvo que soportar durante el sacrificio, el hambre o su sed, que fustigaban su cuerpo material, en definitiva, su parte “mortal” porque no olvidemos que los Dioses son también mortales como los hombres.

En esta época, todo parece negar la ley del sacrificio que Odín una vez mostró en su descubrimiento de las runas. “Perder peso sin renunciar a la comida basura”, “ganar músculos sin hacer ejercicio” o “enriquecerse sin trabajar duro”. Todo es sólo la fantasía seductora que nos envía la sociedad moderna. Porque todo tiene un precio. Si quieres perder peso, tendrás que ponerte a dieta y hacer ejercicio. Si quieres ganar algo de músculo, entrenar regularmente, es el camino. Y si deseas obtener una vida más rica y cómoda, tienes que trabajar, elaborar un plan de ahorro y luego trabajar duro para conseguirlo.

Todo esto en el plano material, valga el ejemplo porque así lo entenderemos mejor, pero al mismo tiempo, deberemos implementar nuestro espíritu, de una manera simultanea y sincrónica, en la Comunidad Odinista de España-Ásatrú, todos los años celebramos los 9 días y las 9 noches que comienzan el 22 de abril y acaban la noche del 30 de abril, Walpurgis.

¡Si os animáis a cambiar y a crecer, uniros a nuestro camino!

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El Coraje: ¿Como aprender de Odín?

El coraje, la virtud para combatir el miedo

Odín en Yggdrasil

Las nueve noble virtudes odínicas no coinciden exactamente con la categorización estándar de sus homólogos en psicología evolutiva, pues estos conceptos son asignados y etiquetados por un tipo de sociedad determinada. Nuestra sociedad actual muestra una enfermiza inversión de valores que caracterizan a todas las sociedades decadentes y no olvidemos que una sociedad solo es el reflejo del alma individual. Partiendo de estos preceptos vamos a analizar lo que significa el coraje para el hombre y la mujer odínica.

El coraje que demanda la aceptación del destino  forma parte de la materia prima que constituye al héroe, es su “fundamento último”, pero no vayamos a pensar que el héroe es un recuerdo atávico del pasado que se extinguió con la modernidad, no, se encuentra también en figuras torpes y que, seguramente, se hubieran declarado en situaciones normales a sí mismos como pusilánimes ,pero hay un momento en la vida de cada hombre en que a este se le revela para siempre quién es y quién ha sido, ese es el gran momento en que descubrimos a Odín, donde Él realmente se revela dentro de nosotros y por eso llegamos a ser conscientes de ello.

Aunque se le suele dar el mismo significado a las palabras “coraje” y “valentía”, vamos a distinguir algunos detalles sutiles:

  • en el coraje, el Odinista realiza una aceptación del miedo, una responsabilización para conseguir afrontarlo, una autoconfianza en nuestros actos y en el reconocimiento de los propios límites.
  • en la valentía podemos entrever la necesidad de demostrar algo, de aparentar lo que no somos o de obtener un reconocimiento por parte de los demás.

El coraje procede de un lugar más profundo, más interno, sereno y consciente, mientras que la valentía es más superficial, vacía e impulsiva. Reconocer los propios miedos no es cobardía, es una manera de tener confianza en uno mismo y saber que tenemos la posibilidad de enfrentarlos.

 El cobarde especula, piensa con la cabeza porque necesita seguridad; el valiente piensa con el corazón y se arriesga. Al corazón le gusta arriesgarse, el corazón es esperanza y sueña con el futuro; pero a la cabeza le gusta calcular, o mas bien le gusta “deambular”.

Un hombre apocado cree vivirá siempre
si evita el combate;
pero la vejez no le dará tregua
aunque el dardo no le alcance.
Havamal, 16

La sociedad judeocristiana nos ha enseñado a ser “miedosos” nos ha inculcado una serie de miedos a través de la educación, mensajes cotidianos, con los medios de comunicación, y estos han logrado que olvidemos en parte nuestro coraje para hacerles frente y superarlos.

  • El temor a Dios es una idea presente en todas las religiones abrahámicas:
  • La Iglesia católica considera el temor de Dios como uno de los dones del Espíritu Santo
  • “¿A mí no me temeréis?” dice Jehová. ¿No os amedrentaréis ante mí?” (Jeremías 5:22).
  • Servid a Jehová con temor y alegraos con temblor (Salmo 2:11).
  • “Se prosternan ante Allah con los ojos llenos de lágrimas” (al-Isra’ 17: 109).
  • “Temed, pues, a Dios tanto como podáis”. El Sagrado Corán (64:16

No sin motivo, el “temor a Dios”se ha relacionado con el síndrome de Estocolmo, en el que los rehenes sienten una conexión y un afecto por aquellos que los capturaron. En este caso el secuestrador es Jehová/Dios/ Alláh

El coraje es la fuerza de voluntad que todo individuo tiene capacidad de desarrollar y estimular. No es lo mismo, sin embargo, tener coraje que ser temerario ya que esto último puede ser parte de uno como cualidad natural o rasgo de carácter. Para comprender esto último es fundamental incorporar el concepto de la conciencia de finitud (el-ser-para-la muerte de Heidegger), incorporar la muerte a nuestras vidas nos salva y nos distancia de ella. Solo así nuestra dimensión temporal adquiere significado y así podemos proyectarnos hacia la trascendencia.

Es fundamental “anudar” y direccionar el coraje hacia un fin con determinación y valor. Es decir, estar dispuesto a hacer a pesar de uno mismo algo que sea significativo, capaz de generar un efecto positivo. La debilidad no es otra cosa que un modo inauténtico del Ser. Es no reconocernos como personas que se definen a través de sus actos en relación a otro, que no es sino uno mismo. Es escapar a la libertad para ser esclavos de modos alienados de nuestro ser.

“Solo a través del coraje alimentaremos nuestra existencia del bálsamo que calme nuestro grito ensordecedor de la muerte”

Coraje es la firme resolución frente al futuro desconocido por nosotros.  El Odinista que está lleno de coraje:

– Actúa siguiendo sus convicciones y creencias frente a cualquier peligro o dificultad (valentía).

– Vive su vida de acuerdo a sus valores personales y se responsabilizan de quienes son y de lo que hacen (integridad).

– Se mantiene firme a pesar de los obstáculos y visualiza sus metas hasta el final (perseverancia).

– Y abraza a la vida con alegría y entusiasmo (Si a la vida).

Escucha a Odín y aprovecha los momentos de peligro. Se conoce a una persona y una situación de manera totalmente distinta cuando su hacienda y su honor, su vida y la muerte, uno mismo y sus seres más queridos están en peligro en todos y cada uno de sus movimientos. Desempolva tu instinto heroico y vivirás para siempre

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La Sociedad Visigoda Pagana

Estandarte, escudos y yelmo godos

Los odinistas en España soportamos el calvario de que el pueblo Godo a su entrada en la península “oficialmente” ya estaba cristianizado, etc… y tal y tal… si como eso sucediera de una manera súbita, de la noche a la mañana; Como si eso ya invalidara la esencia Odinista germánica que corre por nuestras venas. No, en otro estudio analizaremos como lo que se pensaba “temprana evangelización” en realidad fue mucho mas tardía e incompleta de lo que nos ha hecho creer la iglesia, pero ahora vamos a centrarnos como vivían la religión nuestros antepasados, hombres y mujeres fuertes y con coraje.

A través de estas líneas iremos reconociendo los paralelismos entre la sociedad visigoda y la vikinga, incluso reconoceremos palabras que para nosotros ahora son habituales, sus Dioses, sus reyes, en estos tiempos en que los vikingos son las “estrellas” de los pueblos germánicos ni se nos ocurre pensar que para ellos,-los vikingos- el pueblo mas admirado por ellos por sus hazañas fue el visigodo. Sintámonos orgullosos de levantar su espíritu cada día que amanece, de ser capaces de vivir plenamente y revivir sus glorias, y cuando debamos partir, reencontrarnos con ellos.

Estructura Social

 Hay pruebas de que después de la conquista de Dacia, y hasta 376, los visigodos tuvieron una doble estructura social- en parte paralela, horizontalmente hablando, como en los tiempos remotos; en parte entrelazada, verticalmente hacia arriba, atravesando las clases en determinadas ocasiones. – De acuerdo con una concepción que prevalece aún, hasta el otoño de 376 los Tervingios vivían en una “confederación tribal” y habían estado agrupados en “tribus”. En realidad, la noción de «tribu» (thiuda) siempre ha manifestado una unidad política, aunque inicialmente también implica una cierta conciencia de una ascendencia común, y por el III-IV siglos, ha llegado a designar a toda la comunidad Tervingia, es decir, el pueblo visigodo y su país. En lugar de “tribus” y “jefes de tribu”, hubo una fuente central de poder (thiudanassus) dirigida por un único thiudans. En Wulfila la traducción, el equivalente del griego ‘basileos‘ es el de thiudans, y ciertamente no en el sentido de un “jefe de la confederación tribal».

En los días de los siglos III y IV, los visigodos se dividieron en ‘kindreds‘ y clanes (kunja = phylapagi) y asentados de conformidad con esta división, cada clan ocupa un territorio independiente (garvi). En esa época, los diversos clanes (como se desprende de su designación Latina) existieron  más bien hipotéticamente que la realidad  que los distinguía originalmente, lo que se refleja en el hecho de que el clan (Kuni) no fue dirigido por un “kuning” – una término que denota el líder de una comunidad y consanguíneos que ya no apareció en Wulfila del gótico -, sino por la kindins (es decir, dux, arconte, y aplicado por los godos a procónsul  romano), lo que denota un familiar de alto rango.. En el III siglo, las campañas militares fueron encabezadas por kindins. Los ‘clanes’, que en realidad referenciaban a las unidades territoriales (garvi), consistían en la unión de grandes familias asociadas (sibja)… Un siglo más tarde, solo había algunos de estos últimos representados por sus consanguíneos en comunidades o grupos armados (siponjos); Principalmente, este término (garvi) designaba las comunidades de los núcleos de población que poseían una estructura social estratificada.

Sin embargo, es imposible vivir fuera de la sibja; unsibja, es una palabra obtenida por la adición de un prefijo privativo, significa «marginados» o «sin Dios» … Por lo tanto, la sibja fue una sólida política, económica y de unidad de culto; y una Unidad Social que se impuso incluso a aquellos que no estaban vinculadas a él por lazos de sangre… En general, cada aldea (haims) fue ocupada por una sola sibja. Sus miembros, los habitantes del pueblo, pertenecían a familias patriarcales (fadreins); grandes familias acomodadas ejercen la titularidad conjunta sobre la tierra que rodea las aldeas (haimothlis). La situación de los extranjeros o “huéspedes” (gasteis) no está claro como fue en aquel tiempo de asentamiento.

Las comunidades de las aldeas preservaron (o más bien trataron de preservar) las viejas instituciones del Clan. En ocasiones, el consejo (gamainths), en el que «los ancianos» (sinistans) habían desempeñado un papel de primer orden, junto a otros preeminentes aldeanos, celebraba la reunión en la aldea en terreno dedicado el efecto o en el mercado (garuns). Sin embargo, en el siglo IV el sinistans lo más que podía aspirar era a “burlar” el poder real de la comunidad, en otras palabras, que sólo ejercía la autoridad nominal.

El Núcleo ancestral de las antiguas instituciones de los originales clanes tribales de la sociedad estaban condenados a desaparecer. Después de la conquista de Dacia, la tradicional asamblea popular (mathl, fauramathleins), que formaban el conjunto de hombres libres (frijai) de las grandes unidades territoriales, poco a poco se convirtió en inoperante. Después de 376, la institución sufrió un rápido y terminal declive y al cabo de unos años su lugar fue tomado por el “gran consejo” (gafaurds).

reunión entre Athanarico y valente enmedio del Danubio

A partir de la II-III siglos en adelante, el poder real de Dacia, estuvo en manos de los visigodos’ señores de la guerra y su séquito militar. Reiks, el término que designa a un comandante militar (griego: «basilikos», latín: «Regulus»), con frecuencia aparece en los nombres compuestos (Ao-ric, Aria-ric, ric-gebe, Munde-ric) en el inicio como el III de siglo, y que también aparece, un tanto vagamente, en las fuentes romanas contemporánea con el sentido de rex… Inicialmente, el término denota probablemente el rango militar de grandes y poderosos líderes de los clanes, en este sentido, el Reiks también podría ser un kindins, y viceversa. Este título militar figura en el nombre de Athanaric/Athana-rik, el rey más poderoso de los Visigodos del siglo IV. Fue el único que fue distinguido por los romanos de su tiempo con el título de iudex (juez), si bien, en latín del siglo IV, este último término ha llegado a significar gobernador o virrey, en un ejemplo, fue identificado como “iudex potentissimus‘, en el sentido de la thiudans que está por encima de todos los demás Reiks. Atanarico fue evidentemente el thiudans; en 369, Fue el único Tervingio a que habló en igualdad de condiciones con el Emperador Valente. Winguric, uno de los jefes militares que participaron en la quema de iglesias, de la gran campaña anticristiana ordenada por Athanarico, era sólo un lugarteniente del thiudans, así como también Munderic, el comandante de la élite de su ejército: la caballería Tervingia, unidad de acción rápida que siempre actuaba en vanguardia, y que fue decisiva cuando Alarico tomó el poder.

El título de Reiks ha sobrevivido a los nombres de algunos de los sucesores de Atanarico, después de que 376 mantuvieron unidos el pueblo visigodo (Ala-ric I y II, Theode-ric I y II, Amala-ric), pero se perdió por completo en la segunda mitad del siglo VI. En el 4 º siglo, sin embargo, la presencia de nombres compuestos en Reiks, no significa necesariamente un rey o un señor de la guerra; Frithareikeis (= Fridarik), martirizado en la campaña anti-cristiana de Atanarico, fue quizá, el representante de una familia noble.

El Reiks (o varios juntos Reiks) obtenían su apoyo de la clase de los Optimates o megistanes, y fue él mismo un miembro de esta clase. El término griego megistanes (= ‘grandes, poderosos hombres “) se corresponde perfectamente con el gótico mahteigs (=’ potente, poderosa”, y también «agresiva»; cf. Mahts = ‘poder’, ‘podría’) y maistans (= ‘ gran pueblo»). Los miembros de esta clase fueron ya los propietarios de tierras en los III-IV siglos. El dominio de un miembro de esta clase social, consistía en una casa señorial (gards, también indicaba que poseían las tierras circundantes), así como bienes raíces (aihts) y ganado (faihu, aquellos que poseían ganado fueron llamados “los ricos” faihu habands,).

El terrateniente era el Señor (frauja = Despotes) de las personas que se unieron a la casa señorial e impuso sus normas con la ayuda de su séquito armado privado (andbahts = ‘administrador‘). En los destacamentos armados aterrizó la aristocracia visigoda de cada Reiks, los cuales formaban el ejército visigodo (harjis) y sus pequeños destacamentos (hansa); por el IV siglo, este ejército estaba compuesto principalmente de soldados “profesionales” (gadrauhts = millas; Drunhtinonds = guerrero). Sus principales armas eran espadas (meki) y escudos (skildus), pero también se utilizó la armadura (brunjo) y cascos (hilms).

En el siglo IV las organizaciones territoriales del Clan, por un lado, y la estructura de poder militar, por la otra, estaban todavía unidos por muchos vínculos, los kindins, el Reiks y la thiudans podría ser uno y la misma persona (por ejemplo, Atanarico), aunque esto es más la excepción que la regla. Pero la realidad estuvo muy lejos de ser armoniosa. Uno de los conflictos más latentes en aquella época fue la lucha de poder entre la autoridad central armada y los clanes que controlaban la autonomía local. En este siglo IV, el hombre “libre” (freis) en la sociedad visigoda se había convertido en un rango estratificado. Las clases sociales más grandes fueron los de los campesinos libres (waurstwja) y de los pobres (unleths), a ellos probablemente se sumaron los esclavos liberados (fralets). El salario de trabajadores (asneins = ‘contrato a los cosecheros») en las tierras “aigin” (comunales), presumiblemente procedían de estas clases.

En cuanto a los funcionarios de clase, es complejo explicar su posición en aquellos tiempos. Los prisioneros de guerra (bandja) se convirtieron en cualquiera de los productos de comercio ‘o esclavos públicos (skalks) y trabajadores agrícolas (thewisa). Los sirvientes (thius) y doncellas (thivi) que trabajaron en los hogares disfrutaron de mejores condiciones de vida.

La estratificación social de los cementerios es similar a la de la aldea del mártir gótico, Saba. Eran comunidades compuestas desde 50 a 100 personas, había cuatro o cinco parejas ricas, una élite que probablemente desempeñan un papel de liderazgo en el consejo de la aldea. La mayoría de los aldeanos eran pertenecientes a familias de campesinos comunes, más o menos iguales en rango y riqueza. Los pobres (de los cuales fue uno Saba) se distinguen de los esclavos sólo por su condición jurídica, sus tumbas son diferentes de los de los esclavos, ya que en su inhumación fue acompañada de ritos funerarios. los esclavos fueron enterrados en el cementerio de la aldea – que sin duda indica un cierto grado de patriarcalismo por parte de sus amos-y en su inhumación carecían de cualquier ceremonia. Los esclavos fallecidos, eran enterrados por sus compañeros supervivientes.

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La mujer y el hombre en la sociedad vikinga

Los vikingos no compartían nuestros ideales modernos de igualdad entre hombres y mujeres y por tanto la libertad de los individuos para actuar fuera del rol social típico de su género. En cambio, la sociedad, generalmente les otorgó a los hombres una posición social más alta que a las mujeres, ya que creían que el valor de un individuo consistía en gran medida en que tan bien cumplía el rol de género/sexo al que pertenecía. Como con todas las normas sociales en todas partes, hubo excepciones; hubo algunos hombres y mujeres nórdicos que a título individual actuaron en contra de las normas de género de su sociedad. Algunos de ellos ni siquiera parecen haber sido despreciados por la sociedad en general. Pero nos centraremos en las reglas generales y generalizadas en lugar de las pocas excepciones.

Las propuestas de matrimonio fueron iniciadas por hombres, y las familias del pretendiente y su novia deseada se reunieron y negociaron los términos del matrimonio. La futura novia no tuvo mucho que decir en el proceso; su familia negoció en su nombre, con sus objetivos, y no necesariamente los de ella, en mente. Ni siquiera se le permitió decidir si aceptar o rechazar a un pretendiente en particular en primer lugar. [1]

El adulterio casi siempre era inadmisible para una mujer, y de acuerdo con las leyes de algunos códigos de leyes provinciales vikingos, si un esposo atrapaba a su esposa en el acto de adulterio, podía matarla legalmente a ella y a su amante. Algunos códigos de la ley vikinga contenían también castigos para los esposos atrapados en el acto de adulterio, pero otros no. Sin embargo, los asuntos extramaritales de los hombres generalmente recibieron menos censura social que las de las mujeres. De hecho, era un lugar común para los jefes y reyes tener múltiples esposas e incluso concubinas. Un caso extremo es el noruego Håkon Sigurdsson, quien se dice que ordenó a sus súbditos que les enviaran a sus hijas para su placer. Se acostaría con cada uno durante una o dos semanas antes de enviarla de regreso con su familia.[2]

El divorcio era común, relativamente fácil, y podía ser iniciado por el hombre o la mujer. Si la mujer iniciaba el divorcio por un delito cometido por su marido, tenía derecho a una compensación monetaria significativa de él para asegurarse de que tendría un medio para mantenerse por sí misma una vez que volviera a estar soltera.[3] Así que las mujeres que se encontraban atrapadas en arreglos de matrimonio infelices al menos tenían una salida. Pero si una mujer tenía ambiciones fuera de los límites de cuidar a los niños y realizar su parte de las tareas aparentemente innumerables, interminables, tristes y físicamente exigentes involucradas en el mantenimiento de una granja de vikingos, casi nunca tenía suerte.[4] [5] [6]

Con total seguridad, los hombres tenían su propia parte de estas tareas domésticas, sin embargo, la diferencia era que los hombres a menudo podían asumir otros roles además de o en lugar de los de un agricultor si así lo decidían. La mayoría de las mujeres tenían poca o ninguna opción en tomar otra elección que no fuera sino la vida de un ama de casa. Solo los hombres podían ocupar cargos políticos y legales, y solo los hombres podían hablar en asambleas legales y declarar como testigos ante un tribunal.[7]

Esto probablemente nunca sucedió.

Sin embargo, lo más importante en el contexto de la Era Vikinga, es que no hay evidencia de que las mujeres hayan luchado en la batalla; Por lo que podemos decir, esto se dejó enteramente a los hombres. [8] [9]  [10] Solo los hombres podrían convertirse en guerreros y viajar a tierras lejos de sus granjas con su Männerbünde para luchar en nombre de su líder. Lo único que hicieron las mujeres en un campo de batalla de la era vikinga fue huir para que no fueran violadas por el ejército victorioso.[11]

Algunas personas han esperado encontrar en las valkirias de Odín una imagen mítica de guerreras que tenían alguna contraparte en la realidad histórica. Pero la contraparte histórica y humana de las valkirias no eran mujeres guerreras.[12] Mas bien, son Dísir, entidades femeninas menores que servían a Odín bajo el mando de Freyja.  Su propósito era elegir a los más heroicos de aquellos caídos en batalla y llevarlos al Valhalla donde se convertían en Einherjar. Esto era necesario, ya que Odín precisaba guerreros para que luchasen a su lado en la batalla del fin del mundo, el Ragnarök. Su residencia habitual era el Vingólf, situado al lado del Valhalla. Dicho edificio contaba con quinientas cuarenta puertas por donde entraban los héroes caídos para que las Valkirias los curasen, deleitasen con su belleza y donde también «sirven hidromiel y cuidan de la vajilla y las vasijas para beber».[13]

Hablando de magia, y en particular de seidr, que era virtualmente sinónimo de magia nórdica como tal, esta era una función social fuera del hogar que estaba esencialmente reservada para las mujeres con exclusión de los hombres. No eran habitualmente los hombres quienes practicaban la magia, pero quienes lo hacían fueron despreciados apasionadamente por la sociedad en general, y en algunos casos incluso fueron asesinados por sus propias familias por el extremo deshonor que sus prácticas trajeron sobre sus estirpes. Esto se debió a que la magia se consideraba equivalente a la homosexualidad (por razones que son demasiado complejas para entrar en un artículo de este tipo), y la homosexualidad se consideraba equivalente a la afeminación y la cobardía, rasgos que fueron despreciados como pocos por el guerrero macho.

Los germanos consideraban a las mujeres dotadas de notables capacidades para lo mágico-religioso, y en este marco su consejo era valorado y estimado[14]. Esta influencia de la mujer en el mundo de las creencias del pueblo germano se articulaba a través de un sacerdocio femenino con facultades adivinatorias[15], dentro del cual algunas mujeres fueron objeto de especial veneración. Este sacerdocio femenino, posiblemente jerarquizado en función de la edad, era ocupado por mujeres ancianas, o bien en algunos casos muchachas núbiles, que llevaban como distintivos el color blanco de su ropa, la desnudez de sus pies y el uso de Torques de bronce[16], prácticas, especialmente las dos últimas, de claro sentido mágico-religioso, y que constatamos también entre los pueblos prerromanos del centro y norte de Hispania[17], así como la costumbre de utilizar el criterio de la edad para establecer una jerarquía entre los miembros de la comunidad.

Tenemos previamente las afirmaciones vehementes de Tácito y Estrabón sobre el extraordinario desarrollo físico de la mujer germana, en consonancia con la constitución vigorosa de los varones de este pueblo. Se trataba de mujeres robustas, de pelo rubio, más claro incluso que el de sus vecinos galos, y de ojos azules[18]. Esta fortaleza física facilitaba a la mujer germana la supervivencia en un entorno geográfico duro y difícil[19]. Los detalles de su indumentaria, adaptada a este medio físico, nos los proporciona Tácito, quien constata el uso de pieles y tejidos de lana, y sobre todo de mantos de lino adornados con franjas de púrpura. Tampoco dejaban a un lado estas mujeres el gusto por las joyas y el adorno personal[20].

Ciertamente en la sociedad escandinava, hubo un reparto inverso de papeles entre hombres y mujeres, que implicaba que la mujer desempeñaba otras tareas al margen del hogar y aparte de las propiamente femeninas, especialmente algún trabajo que en la sociedad romana estaba reservado a los hombres. Tácito nos da la pista de cuál podía ser este reparto inverso de papeles entre los sexos en la sociedad germana prerromana. Era ésta una sociedad muy belicosa, de manera que la principal actividad de los varones, o de un grupo importante de ellos, era la guerra y el pillaje[21], que por otro lado constituían también una fuente importante de ingresos para la comunidad. El varón germano—y por consiguiente, el vikingo— se consideraba fundamentalmente un guerrero, y ésta era la ocupación más prestigiosa para los hombres[22]. Las mujeres se encargaban del cuidado de la casa, pero también del cultivo del campo y de la recolección de frutos, trabajos que no eran propios de un guerrero, y que por tanto debían realizar aquéllos que eran débiles para luchar en el combate[23]. Se trataba, por otro lado, de una ganadería familiar asentada en granjas familiares y una agricultura fundamentalmente cerealística, de escasos rendimientos y de técnicas rudimentarias, que podía llevarse adelante únicamente con la fuerza femenina.[24]

Esta situación es muy similar a la que Estrabón describe con respecto a la forma de vida de las mujeres de los pueblos prerromanos de la franja norte de la península Ibérica[25]. Entre estos pueblos las mujeres se encargaban del cultivo de la tierra y de una rudimentaria minería, lo que, unido a sus actividades artesanales para abastecer a la familia, les otorgaba un indudable peso económico en la vida de la comunidad. Al mismo tiempo, esto permitía a los varones dedicar todas sus energías a las expediciones belicosas y a la guerra. Esta importancia de las actividades femeninas para la supervivencia del grupo era la base que sustentaba una cierta preeminencia del papel de la mujer en las sociedades norteñas, hecho que Estrabón califica como matriarcado, y que parece corresponder más bien a una serie de estructuras matrilineales y matrilocales[26] que conviven con la clara existencia en estas sociedades de una autoridad masculina[27].

En cuanto a la participación de las mujeres germanas en la guerra, Estrabón y Tácito insisten en lo que consideran actitudes no usuales, ajenas a la mentalidad romana sobre la mujer, y en rasgos típicos de la imagen del germano, como son el carácter aguerrido de las mujeres y su apasionado amor por la libertad[28], con los que enfatizan aún más el barbarismo de estas gentes. Por ello, señalan ciertas actitudes sorprendentes, como que las mujeres acompañaban a los hombres a sus expediciones, que permanecían cerca de ellos en la batalla, junto con los niños, aunque no aparecen tomando las armas directamente, a diferencia de lo que ocurría en los pueblos prerromanos de la mitad norte de la península Ibérica, sino que ofrecen apoyo moral a los combatientes, animándoles en la lucha, y cuidando y honrando sus heridas.

Los hombres y las mujeres fueron juzgados en función de lo bien que desempeñaron sus roles sociales esperados. Para los hombres, esto significaba ser un guerrero y/o granjero de hombres, honorables. Para las mujeres, esto significaba sobresalir en sus tareas domésticas. Este trabajo no fue menospreciado en aquel entonces de la misma manera que a menudo se hace hoy en nuestra sociedad, censurando a la mujer mujer que se queda en casa al cuidado de sus hijos; La mujer que era una madre y ama de casa capaces fue genuinamente apreciada y muy apreciada por su familia y por la sociedad en general, y su trabajo fue realmente valorado.[29]

Sin embargo, ese tipo de trabajo bastante humilde no se presta exactamente al nivel de prestigio y renombre que disfrutaban los guerreros, exploradores y gobernantes.[30] Los hechos de tales grandes hombres fueron recordados y celebrados en canciones, poesía e inscripciones rúnicas en monumentos de piedra, todos los cuales son proverbiales por su capacidad para resistir el paso del tiempo y servir como una especie de media-inmortalidad para el persona conmemorada Sin embargo, a las grandes amas de casa no se les cantaron canciones, no se recitaron poemas sobre ellas y no se les erigieron monumentos. En los casos en que las piedras rúnicas conservan los nombres de las mujeres, esas mujeres eran simplemente las que tenían las piedras encargadas en nombre de sus parientes masculinos.[31]

Por otro lado, estas mujeres eran también las guardianas de la memoria histórica y de las tradiciones guerreras de su pueblo, que se transmitían de generación en generación contenidas en antiguos versos y canciones de guerra. Así, las prácticas adivinatorias de las sacerdotisas, considerablemente sangrientas, toman su sentido en la necesidad de profetizar el triunfo de su gente en la batalla, cuestión fundamental para una sociedad eminentemente guerrera. Incluso estas sacerdotisas podían estar presentes en los combates, demostrando una doble vinculación de la mujer con dos mundos, a su vez muy ligados entre sí, que son el de la guerra y el de lo mágico-sagrado.

No eran unas mujeres muy alto estatus en la época de los vikingos, aunque por lo general adquieren esa condición a través de los medios pasivos de haber nacido en una familia de alto estatus o casarse con un hombre de alto estatus. Algunos de los lujosos entierros de barcos descubiertos por los arqueólogos modernos fueron las tumbas de mujeres.[32] Las mujeres podían heredar propiedades, pero esto solo ocurría en circunstancias bastante excepcionales, como la muerte de todos los parientes masculinos adecuados.[33] Incluso había algunas poetas, pero eso era muy raro. [34]

Los escritores musulmanes de la época que visitaron la sociedad vikinga se sorprendieron con frecuencia de la variedad de voliciones que disfrutaban las mujeres escandinavas, especialmente el derecho a divorciarse de sus esposos. Esto testimonia el hecho de que, por muy malas que las nórdicas las hayan tenido, y ciertamente lo tuvieron bastante mal, las mujeres en otras sociedades del período (incluso algunas hasta la actualidad) lo tuvieron considerablemente peor.[35]

 

[1] Wolf, Kirsten. 2004. Viking Age: Everyday Life During the Extraordinary Era of the Norsemen. p. 13-14.

[2] Ibid. p. 15.

[3] Ibid. p. 16.

[4] Ibid. p. 16-17.

[5] Winroth, Anders. 2014. The Age of the Vikings. p. 165.

[6] Graham-Campbell, James. 2013. The Viking World. p. 111.

[7] Wolf, Kirsten. 2004. Viking Age: Everyday Life During the Extraordinary Era of the Norsemen. p. 16.

[8] Ibid.

[9] Roesdahl, Else. 1998. The Vikings. p. 60.

[10] Winroth, Anders. 2014. The Age of the Vikings. p. 230-231.

[11] Ibid.

[12] Ibid.

[13] Price, Neil S. 2002. The Viking Way: Religion and War in Late Iron Age Scandinavia.

[14] Tácito, Germ., VIII.

[15] Estrabón, VII, 2, 3.

[16] Estrabón, VII, 2, 3.

[17] J. M. Blázquez, «Magia y Religión entre los pueblos indígenas de la Hispania Antigua»

[18] Estrabón, VII, 1, 2; Tácito, Germ., IV

[19] Tácito, Germ., II.

[20] H. Hubert, Los Germanos, México, 1955, 89 y 96.

[21] Estrabón, VII, 1, 2; VII, 1, 3; VII, 1, 4; VII, 2, 1-2; TÁCITO, Germ., VI, XIII, XIV

[22] Tácito, Germ., XIV

[23] Tácito, Germ., XV.

[24] Cfr. para España, J. CARO BAROJA, Los pueblos del Norte…, 55-56.

[25] H. Gallego Franco, Femina dignissima. Mujer y sociedad en Hispania antigua, Valladolid, 1991, 18-23.

[26] A.J. Dominguez Monedero,«Reflexiones acerca de la sociedad hispana reflejada en la Geografía de Estrabón», Lucentum, 1984, 211-212

[27] J. Caro baroja, Los pueblos del Norte…, 62-63;

[28] Encontramos en estas narraciones ecos de mitos clásicos, como el de las Amazonas: cfr. F.J. Gómez Espelosín, «La imagen del bárbaro en Apiano…», 111; S. Said, «Usages de femmes et sauvagerie dans l’ethnographie grecque d’Herodote à Diodore et Strabon», en La femme dans le monde mediterranéen, I: Antiquité, Lyon, 1985, 143 s.; H.D. Rankin, Celts and Classical World, Londres, 1987, 25, 253 s.

[29] Roesdahl, Else. 1998. The Vikings. p. 59.

[30] Ibid.

[31] Winroth, Anders. 2014. The Age of the Vikings. p. 161.

[32] Wolf, Kirsten. 2004. Viking Age: Everyday Life During the Extraordinary Era of the Norsemen. p. 20.

[33] Roesdahl, Else. 1998. The Vikings. p. 59-60.

[34] Winroth, Anders. 2014. The Age of the Vikings. p. 233.

[35] Wolf, Kirsten. 2004. Viking Age: Everyday Life During the Extraordinary Era of the Norsemen. p. 22.

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Evidencias en contra de las “Guerreras Vikingas”

Los expertos ponen en duda un reciente descubrimiento de ADN en una misteriosa tumba sueca.

Ilustración de la tumba basada en el plano de su descubridor Halmar Stolpe en 1889. Hay esqueletos de caballos y armas a su lado. Atribuida a un hombre, estudios de ADN la han clasificado como mujer

Al principio, el artículo científico parecía una confirmación científica de un mito tan preciado sobre los vikingos. Los expertos en ADN y geoquímica volvieron a examinar la famosa tumba sueca de un guerrero vikingo de alto rango y descubrieron que la persona enterrada junto a espadas, armaduras y dos caballos de sacrificio era genéticamente femenina. En un artículo publicado en American Journal of Physical Anthropology , la arqueóloga de la Universidad de Uppsala Charlotte Hedenstierna-Jonson y su equipo anunciaron que, por fin, habían demostrado que había mujeres guerreras entre los vikingos.

La afirmación parecía encajar con la evidencia. Los vikingos masculinos solían ser enterrados con espadas, y la espada, sin duda, estaba asociada con el ideal de masculinidad marcado por la batalla en la cultura vikinga. Si asumimos que los hombres enterrados con espadas son guerreros, entonces una mujer enterrada con uno probablemente también sea una guerrera. El análisis de los isótopos estables en el esmalte de sus dientes sugería que esta mujer había viajado mucho, tal como lo haría un guerrero. Además de todo eso, Hedenstierna-Jonson y sus colegas señalaron las numerosas referencias a las mujeres que luchan en la poesía y las Sagas del Nórdico Antiguo. Las Valquirias sedientas de sangre son un colectivo de criaturas mágicas completamente femeninas que acuden a cada batalla y deciden quién caerá. El reciente artículo en American Journal of Physical Anthropology fue simplemente nuestra primera evidencia científica de que había mujeres de la vida real luchando junto a los hombres.

Este dibujo es una reconstrucción de como la tumba de la mujer podría haber sido originariamente. Los académicos dudan que esto signifique que la mujer haya sido una guerrera.

Lo que queremos ver contra lo que realmente hay

Fue una historia emocionante, y los titulares sobre las mujeres guerreras vikingas han estado en todas partes en los medios de comunicación. Pero la realidad es más compleja y probablemente dice más sobre nosotros que sobre los vikingos. Varios expertos se han presentado para cuestionar la evidencia. Escribiendo en su blog, Judith Jesch , profesora de estudios vikingos de la Universidad de Nottingham , dice : “Siempre he pensado (y hasta cierto punto todavía lo hago) que la fascinación por las mujeres guerreras, tanto en la cultura popular como en el discurso académico, es muy fuerte, demasiado fuerte, probablemente influenciado por los deseos del siglo XX y XXI “. Hoy en día, muchos de nosotros estamos ansiosos por encontrar ejemplos de mujeres líderes en el pasado que sean tan rudas como nuestras líderes de hoy. Y eso podría llevar a malinterpretar la historia.

Jesch ha escrito extensamente sobre los roles de género en la sociedad vikinga en su fascinante libro The Viking Diaspora , y ha refutado muchos detalles  en los análisis de los investigadores. Por un lado, incluso cuando los hombres estaban enterrados con espadas, eso no significaba que fueran necesariamente guerreros. Las espadas eran a menudo decorativas o simbólicas. También rechaza la idea de que el entierro con caballos y piezas de juego sugiere tener a”un individuo con responsabilidades relacionadas con la estrategia y las tácticas de batalla”, como afirman Hedenstierna-Jonson y sus colegas. “Todo esto me parece que se mueve rápidamente de la evidencia a la especulación que se presenta como un hecho”, escribe Jesch.

Pero la crítica más condenatoria de Jesch es que los investigadores no reconocen un punto clave: los huesos que analizaron podrían no haber sido de la tumba en cuestión. El sitio arqueológico sueco de donde provinieron los restos fue excavado originalmente en el siglo XIX, y el científico pasado que dirigió la excavación sacó todos los huesos y los puso en bolsas. Algunas de las bolsas están mal etiquetadas y no parecen corresponder a la tumba de manera significativa.

Para descubrirlo, los intrépidos lectores tendrían que seguir una única nota a pie de página en otro artículo escrito por la arqueóloga Anna Kjellström, que también trabajó en el estudio con Hedenstierna-Jonson. Ella describe la cadena de evidencias “como muy desordenadas” en Birka, el sitio en Suecia donde se identificó a la “mujer guerrera”:

Mapa mostrando la localización de BIrka y la tumba Bj 581

Durante el presente análisis, quedó claro que el material óseo y la información contextual dada en la caja o la bolsa no siempre coincidían con los datos … hay bolsas de huesos marcadas con números de tumbas que no existen en ningún otro lugar. En otros casos, hay huesos sin quemar en bolsas de las tumbas documentadas y registradas según [el arqueólogo Erik] Arbman como “cremaciones” y bolsas que incluyen los huesos de varias personas mientras se documentan como la tumba de una persona.

Otro hallazgo interesante (y posiblemente polémico) fue una tumba donde los huesos conservados se ajustan a los dibujos y descripciones originales del siglo XIX. Esta es una tumba de cámara amueblada con una armadura fina y caballos sacrificados. Sin embargo, tres exámenes osteológicos diferentes encontraron que el individuo era una mujer. Es demasiado pronto para decir si estos no son los huesos correctos para esta tumba o si abre reinterpretaciones de las tumbas de armas en Birka.

Y ahí está el quid del problema. La única evidencia que tenemos de vincular un esqueleto innegablemente femenino a la tumba del guerrero es el hecho de que el material de identificación en la bolsa se ajusta a “los dibujos y descripciones originales del siglo XIX”. Incluso los arqueólogos que creían que esta bolsa de huesos estaba asociada con la espada y la armadura dudaban que eso significara que habíamos encontrado a una oficial militar. El arqueólogo Søren Sindbæk de la Universidad de Aarhus le dijo a Science News que se mostraba escéptico. “¿Hemos encontrado a la Mulán de Suecia o una mujer enterrada con los símbolos de rango de un marido que murió en el extranjero?” Ella se preguntó. Su pregunta no es retórica. Los arqueólogos han encontrado muchas tumbas de hombres enterrados con los broches ovalados que las mujeres usaban para abrocharse las capas, y estos bienes funerarios siempre han sido interpretados como recuerdos de una amada esposa o pariente femenina.

Tres Valkyrias portadoras de cerveza- Hild, Thrud y Hlokk- en Valhalla en una ilustración para el poema Grimnismál

La excepción que confirma la regla.

El arqueólogo de la Universidad de Baylor, David Zori, dijo a National Geographic que “es posible, aunque improbable, que los familiares de la mujer la sepulten con un equipo de guerrero sin que esa haya sido su función en la vida”. Aún así, dijo que estaba bastante convencido. Incluso Jesch admitió que los investigadores podrían estar en lo cierto.

Pero advirtió que esta tumba, y un puñado de otros donde las mujeres fueron enterradas con armas, no significa que los vikingos aceptaran a las mujeres como guerreras. La abrumadora preponderancia de evidencia sugiere que se esperaba que las mujeres en el mundo vikingo tuvieran familias, sirvieran a los hombres y tuvieran hijos. Incluso las míticas valquirias, con sus gritos de batalla, se representan con mayor frecuencia en imágenes donde ofrecen cuernos de hidromiel a guerreros (hombres) muertos.

Aunque fascinante, esta tumba realmente no cambia mucho nuestra imagen del mundo vikingo. Incluso si los investigadores concluyeran que esta mujer era una líder militar, simplemente nos dice que hubo raras excepciones a los roles de género generalmente rígidos entre los vikingos. Pero esos habrían sido extremadamente inusuales y no deberían tomarse como evidencia de que la mayoría de las personas aceptaron la idea de mujeres guerreras.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Indoeuropeos esteparios reemplazaron hace 4.000 años a los hombres de la Península Ibérica

Un estudio revela que grupos nómadas de la Estepa de Europa del Este reemplazaron hace entre 4.000 y 4.500 años progresivamente el ADN de los ibéricos. Este dato se recoge en el que es el mayor estudio realizado con ADN humano antiguo de la Península Ibérica, y que ha brindado nuevas perspectivas sobre las poblaciones que vivieron en la región durante los últimos 8.000 años.

La investigación, que se publica en Science, está liderado por investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard y el Instituto de Biología Evolutiva en Barcelona, centro mixto de la Universidad Pompeu Fabra y el CSIC. Sus resultados, que vislumbran la huella genómica en los españoles de poblaciones antiguas y colonizadoras, griegos, romanos y musulmanes, entre otros, se ha presentado este jueves en Madrid.

En el texto también se establece que la genética de los vascos apenas ha cambiado desde la Edad del Hierro (hace unos 3.000 años) y que el contacto entre España y el norte de África es mucho anterior a la llegada de los musulmanes.

Para el trabajo, se han analizado los genomas de 271 habitantes de la Península de diferentes épocas históricas y se han contrastado con los datos recogidos en estudios previos de otros 1.107 individuos antiguos y de 2.862 modernos. Se recopilaron muestras durante cuatro años de dientes y cráneos.

Pastores de los urales

En concreto, se ha descubierto que los linajes del cromosoma Y -que solo se hereda del padre- presentes hasta entonces en la Iberia de finales del Neolítico fueron casi totalmente sustituidos progresivamente por un linaje, R1b-M269, de ascendencia esteparia, es decir, estos nómadas que provenían de la actual Rusia acabaron con prácticamente casi todos los hombres que había en la Península.

Sin embargo, al no haber evidencias de violencia generalizada cuando este pueblo llegó a Iberia, los científicos sugieren que esta huella genética tan clara se podría deber a que las mujeres ibéricas locales prefirieron a los recién llegados de Europa central, y uno de los motivos podría encontrarse en la fuerte estratificación social que tenían. En la actualidad, los españoles tenemos un 20% de genes de este pueblo.

Estos nómadas, que provenían de la actual Rusia, acabaron con prácticamente casi todos los hombres que había en la Península

El estudio también aporta resultados todavía más lejanos en el tiempo. Así, los grupos de cazadores-recolectores dispersos en Iberia tenían una composición genética marcadamente diferente entre sí en la era Mesolítica, desde aproximadamente el 8000 aC hasta el 5500 aC. En el noroeste, los ibéricos mostraban afinidad genética con los cazadores-recolectores del centro de Europa, mientras que esto no se encontró en los del sureste de Iberia a finales del Mesolítico.

Genética vasca

El trabajo también proporciona una explicación adicional de por qué los vascos actuales, que tienen una lengua -la única preindoeuropea de Europa que todavía se habla- y una cultura tan distintivas, son tan diferentes de otros íberos, y es que se ha descubierto que los vascos de hoy en día son genéticamente similares a las personas de hace unos 3.000 años (Edad del Hierro) en toda la Península.

Los resultados también refutan algunas teorías sobre este pueblo del norte de España, que apuntaban que eran descendientes de cazadores mesolíticos o de los primeros agricultores que vivieron en la Península, ya que el estudio muestra que la influencia genética de los pueblos de la Estepa -quienes extendieron las lenguas indoeuropeas por Europa- también llegó al País Vasco. De hecho, estos tienen una de las frecuencias más altas del cromosoma Y R1b. Esto demostraría que hay una cierta disociación entre lengua y ancestralidad.

Además, no presentan influencias genéticas de migraciones posteriores, como la de los romanos, los griegos o los musulmanes, lo que evidencia su aislamiento de estas culturas a su llegada a la Península.

14/03/2019.- Combo de fotografías faciltiadas por el Archivo Museu d'Arqueologia de Catalunya sobre elmayor estudio de ADN hecho hasta la fecha que desvela hasta qué punto algunos de estos pueblos consiguieron moldear el genoma ibérico. EFE

14/03/2019.- Combo de fotografías faciltiadas por el Archivo Museu d’Arqueologia de Catalunya sobre elmayor estudio de ADN hecho hasta la fecha que desvela hasta qué punto algunos de estos pueblos consiguieron moldear el genoma ibérico. EFE

Contacto norteafricano

El estudio también señala que la distribución genética desde África hacia la Península es mucho más antigua de lo documentado hasta el momento, ya que se han encontrado considerables proporciones de genes subsaharianos en dos individuos de hace unos 4.000 años: de un yacimiento de Madrid y de otro de Cádiz. Aunque el estudio considera que se trató de contactos esporádicos que dejaron poca huella genética en las poblaciones ibéricas de la Edad del Cobre y del Bronce.

Además, los resultados indican que hubo flujo génico norteafricano en el sureste de la Península en época púnica y romana, es decir, mucho antes de la llegada de los musulmanes a la Península en el siglo VIII.

Precisamente, del periodo islámico se han analizado individuos de Granada, Valencia, Castellón y Vinaroz, que muestran un componente norteafricano cercano al 50%, mucho mayor que el residual 5% que se observa en la población ibérica actual. Según argumenta Lalueza-Fox, estos casos indican que se trata de una ancestralidad que fue casi eliminada durante la Reconquista y la posterior expulsión de los moriscos.

De los individuos analizados visigodos (dos cuerpos del yacimiento de Pla de l’Horta, en Girona), se ha encontrado genes claros del este de Europa y un ADN mitocondrial típico de Asia.

Igualmente, el trabajo ha permitido documentar por primera vez el impacto genético de los grandes acontecimientos históricos en la población ibérica. Así, los resultados revelan que un cuarto de la ancestralidad ibérica al comienzo de la Edad Media había sido reemplazada por nuevos flujos de población provenientes del Mediterráneo oriental (romanos, griegos y fenicios)

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SACRALIZACIÓN DE LA NATURALEZA

La sacralización de la naturaleza es otro rasgo dinámico de la experiencia pagana del mundo, como venimos viendo. Lo divino está en este mundo, y no en lo lejano o inmaterial; lo divino siempre está en las fuerzas múltiples y físicas de la naturaleza. Todo lo verdadero fluye en este mundo y es este mundo. Pero este mundo es una canal de ambivalencias (lo bueno y lo malo, placer y dolor); o es el canal de las alternancias de opuestos: la luz y lo oscuro, lo frío y lo caliente, y lo visible y lo invisible. Y la invisibilidad siempre es el reverso de la misma materialidad del mundo; y el más allá convive con el mundo de los vivos, y el individuo visible coexiste con el doble de su alma individual (el daimon griego o el genius romano).

Lo no visible siempre como revés de la única realidad visible; y lo no visible no es lo recóndito, lo que está fuera de la materia como el dios cristiano, el espíritu puro creador del mundo, pero como dios trascendente, como divinidad que trasciende o está más allá del propio universo material que ha creado. Es decir: lo inmanente pagano (lo que está en y es en las cosas), y lo trascedente cristiano: lo divino fuera o más allá de las cosas.

DUALISMO-MONISMO

La integración de la superficie y el reverso (de lo visible y lo invisible) en la percepción pagana permite así la distinción entre lo que se muestra y lo que se oculta, entre lo conocido y lo que permanece desconocido y secreto, pero sin quebrar en términos dualistas la unidad de este mundo como lo único que es. El dualismo sólo será posible por el mundo desgarrado entre dos sustancias ontológicas, como entre el principio del bien y el mal como en las religiones pérsicas; o el dualismo de los dos mundos se da en el pensar filosófico clásico, en el que se separa el mundo ideal del mundo sensible (Platón); o el mundo sublunar del acto imperfecto separado del dios como acto puro y perfecto en su atemporalidad (Aristóteles). No en vano el dualismo platónico y la concepción aristotélica del motor inmóvil tanto sedujeron al cristianismo medieval.

Y las imágenes tampoco son separables de una religiosidad pagana de la naturaleza…En la percepción pagana de la naturaleza la imagen es presentación del universo que vemos como potencia divina. El dios del mar es inseparable de la imagen del océano; las diosas de la fertilidad son inseparables de las imágenes que remiten a la naturaleza florecida (el surco, la espiga dorada del trigo, los senos femeninos como imagen del poder de dar vida y alimentarla). El dios del cielo no es separable de la imagen atemorizante de la tormenta y el trueno, o de la cúpula diurna diáfana, soleada y apacible. Las divinidades se expresan a través de las imágenes y son una presencia visual o sonora, siendo la visualidad o sonoridad algo intrínseco a la manifestación divina pagana. Lo que al cristianismo le resulta veneración idolátrica, para lo pagano, en su fase no degradada, es un acceso a lo divino en una jerarquía sensorial desde las imágenes creadas por los hombres (las estatuas de los dioses, por ejemplo) hasta la imagen que es la divinidad misma, inseparable de las imágenes de la naturaleza.

Sin embargo, el cristianismo finalmente tuvo que aceptar el poder de la imagen; no principalmente como vehículo expresivo de la divinidad sino como explicación pedagógica, como comunicación a los analfabetos de la verdad de la Biblia por una narración visual. Esto llevó a la justificación de la iconografía de los actos de Cristo o de las vidas de los santos y María, que decoran finalmente las catedrales medievales.

Por otra parte, el rezo o la oración, la plegaria, la propia flagelación, la mortificación de la propia carne son actos de entrega y veneración al dios cristiano. Actos que nacen de la intimidad del creyente. La oración es el deseo del devoto de comunicarse con dios mediante un pedido o llamado. El sentido central de este pedido no descansa en los brazos y manos que se santiguan, en las piernas que se arrodillan, en la piel que se desgarra en el acto flagelante, o el abdomen que se contrae por la práctica ascética. La oración es siempre la entrega al dios interior, uno y trascendente; esta entrega es lo que le da sentido a la oración cristiana. En cambio, el pagano siente como indispensable la mediación plenamente material para la comunicación con la divinidad. No basta con el asentimiento interior. Es precisa también una evidencia física del deseo de relación con los dioses. Una espiritualidad de la súplica a lo divino que obra una sinergia entre lo interior del alma y el peso religioso propio de una ofrenda física. De ahí que sea indispensable una entrega material a lo divino.

Pero el acto de la ofrenda es también una paralela espiritualización de la imagen de la ofrenda y de su densidad material. Todo lo ofrendado, desde los objetos útiles hasta la vida animal o humana, se sacraliza en el acto ritual de la ofrenda. Esta acción votiva es así una forma de dignificación espiritual de la materialidad de cosas y seres. Su materialidad se diviniza a los ojos del creyente pagano. Por eso esto le permite la comunicación con lo divino, e inaugura una implícita relación contractual con la divinidad. Al darse la ofrenda, los dioses deben responder al pedido. Si la respuesta es negativa, o lo que surge es el silencio o indiferencia de los dioses, el pagano deberá insistir en la ofrenda; o, en los tiempos de derrumbe de la certeza pagana, el que ofrenda se sentirá defraudado o engañado por los mismos dioses, si no se responde a sus pedidos.

Y lo pagano convierte a la geografía en símbolo. El espacio de la tierra y el cielo visibles no son sólo magnitudes físicas; los lugares en los que acontecen hechos fundamentales de una fe o creencia religiosa se sacralizan, se convierten en lugares de culto. En la percepción pagana, por su parte, el espacio se sacraliza en tanto admite la discontinuidad entre un espacio profano, repetido, sometido a las leyes de la physis, y sitios devenidos axis mundi, centros simbólicos del mundo, puntos de apertura y comunicación entre los tres niveles básicos de la realidad:

  • lo subterráneo como residencia de los muertos,
  • la tierra, ámbito de los hombres,
  • y el cielo, morada de los dioses.

Todo templo, ciudad o incluso la casa, pueden levantarse en un simbólico centro del mundo. Pero en el orden de la geografía simbólica la diferencia principal entre lo pagano y lo cristiano radica en la versatilidad o la univocidad del santuario…

Veamos esto primero en lo judeo-cristiano: David, por ejemplo, cuyo trono es arquetipo de la grandeza de los antiguos reyes de Israel (que en Salomón alcanza su ápice) ordena la destrucción de todo altar-santuario en la naturaleza, porque el santuario debe estar siempre en la ciudad. Un templo urbano como única Casa de Dios; no la versatilidad entonces, no los santuarios en muchos lugares sino la univocidad, un único santuario, en un único lugar, en la ciudad, para el encuentro con la divinidad.

El templo-santuario modélico de la antigua Judea será el templo de Salomón. Allí el lugar más secreto del santuario es el sancta sanctorum; allí, una vez al año el Sumo Sacerdote pronuncia el nombre secreto de Dios. En el cristianismo, la iglesia románica y luego la catedral gótica asumirán el prestigio de santuario sumos. Y el santuario no es sólo una construcción arquitectónica santificada; es templo separado de lo profano, y escindido a la vez de la naturaleza. Es decir: la tendencia judeocristiana a la univocidad del santuario, bajo la forma del templo artificial construido en la ciudad.

En las creencias paganas, en cambio, el santuario es multiforme y versátil: el altar-bosque germánico, o los templos de la región greco-romana o egipcia que contienen en su interior la estatua que representa al dios, al que se le consagra el santuario. Entonces, en lo pagano, el altar-santuario palpita en el bosque, o en la cima de la montaña, o en las cuevas o los ríos, y también en las ciudades. El santuario pagano como centro simbólico se encuentra en la geografía natural o en el templo artificial. El santuario es múltiple y versátil porque está en muchos lugares y de muchas maneras

El santuario pagano en el adentro y el afuera, acaso la intuición de que lo visible o lo invisible son dos grados complementarios y necesarios de una sola realidad en la que se hace presente la majestas y el mysterium de lo divino.

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