Tras el rastro de la épica goda en Tolkien.

Reflexiones a partir de los estudios filológicos de Tolkien

Introducción

No pocas veces se ha dicho que la Batalla de los Campos del Pelennor tiene una relación directa con la Batalla de los Campos Cataláunicos, en su narración y significado. En ella se enfrentaron Atila y Roma, con sus aliados, en las llanuras bien de la actual Châlons-sur-Marne, o de Méry-sur-Seine, pues también se la llamó la batalla de los Campos Mauriacos. Tolkien, como veremos, seleccionó algunos elementos de esta extraordinaria batalla para insertarlos en su relato a través del proceso de sub-creación. Pese a todo lo dicho, creemos que una lectura comparada y ordenada podría dar buenos resultados en esta temática, y esperamos que a través de las siguientes líneas los relatos que vamos a recoger os inspiren, como han hecho con nosotros, nuevas reflexiones que enriquezcan las ya existentes.

El profesor Tolkien sintió desde joven una facinación por la lengua gótica que le llevó, por su entusiasmo, a concebir su estudio también como un pasatiempo. Así lo reconoce en la carta 272: a menudo ponía inscripciones «góticas» en los libros, le respondió a Zillah Shering cuando éste le preguntó sobre una rara inscripción que había encontrado en un libro de segunda mano que, finalmente, resultó ser un poema realizado por Tolkien en su juventud.

Sin embargo, la pasión de Tolkien por esta lengua estaba determinada por la escasez de vestigios que nos han llegado sobre ella. Sólo se conserva de esta lengua la famosa Biblia de Ulfila (el Codex Argenteus) y las posteriores glosas escritas en el XVI en la zona de Crimea. Nada más, hasta que Tolkien realice el único poema en gótico que existe: el ‘Bagme Bloma’, recogido en el Apéndice B de The road (pp. 30 y 400). La importancia política pero sobre todo ideológica de los godos fue de primer orden, ya que durante toda la Edad Media permaneció fija en la memoria la gloria de su peripecia y los triunfos que obtuvieron. Por contra, no se han conservado ni su lengua ni sus escritos, más allá de la Biblia de Ulfila.

De este modo Tolkien, como ya realizó con la Edda en su Sigurd & Gudrún o con el Beowulf en su Hobbit, también salvó esta laguna que sufren los godos con su obra, y más concretamente con el pueblo de los rohirrim y la Batalla de los Campos del Pelennor. Siguiendo su lógica, los rohirrim representan una mezcla entre anglosajones y godos, siendo la unión ideal que él habría deseado ver en unos anglosajones jinetes, cuando en la realidad éstos eran completamente inexpertos en este arte. Como dice Shippey, he knew the dim tradition that the word ‘Goths’ itself meant ‘Horse-folk’, esto es, que la palabra godos significa etimológicamente, por sí misma, pueblo de jinetes. (The road, 144). Efectivamente, todos los reyes hasta Eorl tienen nombres en lengua gótica (The road, 148), encajando en la cosmogonía de Tolkien como los antepasados históricos de los anglosajones: si lingüísticamente eran afines, cronológicamente el gótico es la lengua de tronco germánico más antigua de la que se conservan documentos escritos.

La batalla de los Campos Cataláunicos fue considerada desde su tiempo como un momento históricamente decisivo. Más allá de su época, pervivirá en la memoria de las gentes a través de cantares, crónicas e historias, olvidándose su nombre pero perviviendo en la mentalidad popular. Aquí compararemos la visión de las descripciones más antiguas, trataremos la gran laguna de los textos góticos, y cómo Tolkien se une a la tradición épica que mantiene viva la memoria de esta batalla, a través de la mitopoiesis.

La referencia más clara que hemos encontrado comparando la Batalla de los Campos Cataláunicos con el Pelennor está de hecho en Shippey, cuando dice:

On a larger scale the Battle of the Pelennor Fields closely follows the account, in Jordanes’s Gothic History, of the Battle of the Catalaunian Plains, in which also the civilisation of the West was preserved from the ‘Easterlings’, and in which the Gothic king Theodorid was trampled by his own victorious cavalry with much the same mixture of grief and glory as Tolkien’s Théoden. (The road, 18)

En otras palabras, ambas batallas comparten, en general, el desarrollo descrito por Jordanes y la actitud de sus principales personajes, en particular la defensa de la civilización occidental ante la amenaza de los «orientales» y algunos aspectos de la muerte del rey godo Teodoredo que luego comentaremos en más profundidad.

Dichas estas notas introductorias, veamos más detenidamente a continuación la batalla de los Campos Cataláunicos, y su transformación en la del Pelennor por obra de Tolkien. Dos son las fuentes básicas de la primera: Jordanes e Isidoro de Sevilla, cuyas versiones comentaremos antes que la de Tolkien para hacer más comprensibles sus aportaciones.

El ambiente previo a la batalla

San Isidoro de Sevilla, siglo y medio después de que tuviera lugar la batalla, describe los tiempos que precedieron inmediatamente al combate así en Historia de los Godos, Vándalos y Suevos (HG):

Durante este tiempo se sucedieron muchos signos prodigiosos en el cielo y en la tierra, que eran significativos de una guerra tan cruel. En efecto, se produjeron frecuentes terremotos, la luna se oscureció por el oriente, un cometa apareció por el ocaso y brilló durante algún tiempo con gran fulgor, por el norte el cielo se puso rojo como fuego o sangre y, en medio del ígneo resplandor, se destacaron unos trazos más claros, conformados a la manera de lanzas resplandecientes. Y nada de extraño hubo en que se produjesen por obra divina tantas apariciones de prodigios para significar un montón tan grande de cadáveres. (HG, 26)

Isidoro no duda en realizar la más expresiva descripción para referirse a la batalla, dejando de lado el rigor y la precisión histórica. Una cosa parece quedar clara: Isidoro sabía que en 451 se produjo un acontecimiento extraordinario que marcó el rumbo de la historia y que, al margen de los detalles minuciosos que de la misma se pudieran dar, debía de ser explicada de esta manera.

La descripción no era tan diferente de la que empleaba Jordanes, que nos ofrece el más extenso y detallado capítulo a la batalla, pese a escribirlo casi un siglo después de la misma.

Se concentraron, pues, las tropas en los Campos Cataláunicos, que se denominan también Mauriacos y que tienen cien leguas, como dicen los galos, de largo, y setenta de ancho [220×155 km] […] Aquella parte de la tierra se convierte entonces en punto de encuentro de innumerables pueblos, se enfrentan dos ejércitos valerosísimos, no hay ya lugar para tretas, sino que ahora se lucha en campo abierto ¿Qué motivo se puede hallar para una movilización tan ingente? ¿Qué odio los incitó a todos a armarse unos contra otros? Quedó probado que el género humano obedece a sus propias leyes, puesto que la locura de un solo hombre provocó con su ataque la destrucción de tantos pueblos, y el capricho de un rey arrogante destruyó en un instante lo que la Naturaleza había tardado tantos siglos en crear. […] Si la batalla en sí fue memorable, las peripecias de que se vió rodeada fueron también múltiples y sorprendentes. (De origine, 192- 194).

La visión de Jordanes.

Lo que Jordanes transmite es el enfrentamiento de los dos grandes poderes que dominaban el mundo conocido: el choque de dos masas de pueblos que en suma constituyeron la representación de toda la Humanidad, que en el campo de batalla van a decidir, sirviéndose únicamente de su coraje y valor, el rumbo de los tiempos. La historia se detendría, expectante, en ese momento según su visión. Él mismo se pregunta cómo ha podido producirse un acontecimiento semejante. Pero nos presenta un punto que ya ha desaparecido en la visión de Isidoro, medio siglo después. Cuando describe la masa de ambos ejércitos, destaca entre el bando romano a los francos, alanos y visigodos. Mientras, al servicio de Atila sólo cita a los ostrogodos y gépidas, destacándolos por su lealtad, honor, palabra y confianza:

No le debieron faltar razones a Atila para pensar que ambos iban a luchar contra sus parientes los visigodos. La restante muchedumbre de reyes y caudillos de diversos pueblos, si es que se los puede llamar así, estaban atentos a las órdenes de Atila como si fueran su propia escolta, y tan pronto como hacía un gesto con los ojos, sin murmurar siquiera una palabra, acudían todos ante él muertos de miedo y terror, dispuestos a llevar a cabo cualquier cosa que mandara. (De origine 199-200)

Frente al ejército romano, unido por el coraje y el deseo de defender sus tierras en lugar de entregarse al dominio huno, la única cohesión de las tropas de Atila era la dependencia personal al general. Dependencia que Jordanes presenta basada en el terror y el miedo, frente al bando opuesto que mantiene un pacto establecido libremente y en igualdad de condiciones. Presentada la posición inicial de la batalla, seguimos a Jordanes en su relato para ver el desarrollo del combate…

Tan fuerte era el miedo que inspiraba la batalla que fue Teodoredo, el rey visigodo, el que inflamó de coraje el corazón de sus hombres:

Aunque la situación generaba un gran temor, sin embargo la presencia del rey hacía que desapareciera la vacilación de sus hombres. Se entabla combate cuerpo a cuerpo. La batalla es atroz, confusa, cruel y encarnizada, totalmente distinta a cualquier otra de las que se libraron en la Antigüedad. Se cuenta que se vieron allí tales hazañas que el que se privara de contemplar este espectáculo jamás en su vida podría haber visto nada más extraordinario. (De origine 207)

El rey Teodoredo

Tras esta preciosa consideración de Jordanes, vemos cómo las tropas visigodas actuaron en dos áreas: la mayor parte junto a Teodoredo, en el flanco derecho, y una pequeña parte junto a su hijo Turismundo, que apoyaba a los romanos en el flanco izquierdo. Pero Teodoredo morirá prácticamente al inicio del combate:

Entonces el rey Teodoredo, mientras pasaba revista a su ejército para infundirle valor, cayó de su caballo y fue pisoteado por los suyos, muriendo a una edad ya bastante avanzada. Pero hay quien dice que lo mató una flecha lanzada por Andagis, que pertenecía al bando de los ostrogodos que estaban a las órdenes de Atila. […] Entonces los visigodos, separándose de los alanos, se lanzan contra las masas de los hunos y están a punto de matar a Atila, pero éste se percata de ello y con rapidez, logrando escapar con los suyos y ocultarse… (De origine 209- 210)

Teodoredo, muy anciano, tiene una muerte tan deshonrosa que el mismo Jordanes recoge la posibilidad de que fuera al menos una flecha la que tuviera el honor de matar al rey. Y no una flecha cualquiera, sino una lanzada por un ostrogodo, parientes de los visigodos.

Mientras todo esto sucedía en el flanco derecho, una pequeña tropa que seguía al príncipe Turismundo se había distanciado del grueso de tropas y desconocía todo de lo que sucedía en el flanco de Teodoredo:

Por lo que respecta a Turismundo, el hijo del rey Teodoredo, se había adelantado junto con Aecio a ocupar la posición elevada [una pequeña loma que destacaba en el campo de batalla] y había rechazado desde allí a los enemigos. Cuando creía que volvía a sus propias filas en medio de la oscuridad de la noche, llega sin saberlo hasta los carros [campamento] de enemigos. Allí se vio forzado a luchar valientemente, pero alguien lo hirió en la cabeza y lo hizo caer del caballo. Sus hombres lo rescataron con gran previsión y tuvo que abandonar la lucha. (De origine 211)

Ante esta acometida, liderada por un valor de Turismundo matizado por una situación comprometida que no buscaba, los hunos se replegaron a su campamento, protegido por una muralla de carros, y se produjo una pequeña tregua en la lucha.

Es en este impasse cuando Jordanes nos ofrece los funerales de Teodoredo:

Durante esta tregua del asedio los visigodos se dedicaron a buscar a su rey, y los hijos de Teodoredo a su padre, conmocionados por su desaparición en un momento venturoso. Después de buscarlo durante mucho tiempo, como suelen hacerlo los hombres valientes, lo encontraron entre el amasijo de cadáveres y lo honraron con sus cantos antes de llevárselo ante la mirada atenta de los enemigos. Se podían ver grupos de rudos godos con sus voces discordantes que se ocupaban de sus honras fúnebres entre los fragores de una guerra que aún continuaba. Derramaban lágrimas, pero como suelen hacerlo los hombres valientes. Se trataba de una muerte, sí, pero una muerte gloriosa, como podían atestiguar los hunos, y se podía pensar que con ella quedaba aplacada la soberbia de los enemigos, que se limitaban a contemplar cómo se trasladaba el cadáver de un rey tan poderoso con sus propias insignias. (De origine 214)

No olvidemos, para cuando veamos la perspectiva de Tolkien, el detalle de que pese a haber sido pisoteado por sus propias tropas el cuerpo del rey, su muerte seguía siendo gloriosa porque lo fue en primera línea de combate.

El nombramiendo de Turismundo

Seguidamente se produjo la coronación de Turismundo:

Aún estaban los godos celebrando los funerales de Teodoredo, cuando haciendo resonar sus armas, otorgaron la dignidad real al valerosísimo príncipe Turismundo, para que prosiguiera las exequias de los gloriosos manes de su queridísimo padre como correspondía a un hijo. Cuando éstas se dieron por concluidas, movido por el dolor de su orfandad y por el impetuoso valor que lo caracterizaba, decidió vengar la muerte de su padre atacando a los hunos que aún resistían…

Pero Jordanes frena el tono de su narración al recoger la petición de consejo que Turismundo hace a Aecio, el general romano: […] y para ello pidió consejo al patricio Aecio, dada su mayor edad y su experiencia en tales lides, sobre lo que debía hacer en aquellas circunstancias. (De origine, 215). Aecio le aconseja volver a Tolosa para consolidar su posición como rey de los visigodos. Sin entrar en más detalles, Atila huye y continúa devastando Italia, pero sin la fuerza que antes tenía, ya que al poco sería derrotado por los romanos.

La visión de San Isidoro

Medio siglo después de Jordanes Isidoro elaboraba su Historia de los Godos, Vándalos y Suevos, que se ha conservado en su edición breve inicial, y en la edición definitiva que revisó y amplió los contenidos ante la expulsión de los romanos de Cartagena y la destrucción de esta ciudad, c. 625. Dos cuestiones marcan su Historia: La identificación de Hispania con el Reino Visigodo, gracias a la conversión de éstos al credo católico niceno, y con ello un rechazo al Imperio que desde Constantinopla continuaba. Si Jordanes era un godo que estaba convencido de la supremacía de Roma, sin entrar en contradicción con el prestigio de los godos, Isidoro era un hispanorromano que se identifica con la política de la gens gothorum y buscaba el distanciamiento respecto a los romanos de Constantinopla. Por ello estudia en su historia los orígenes de este pueblo, considerándolo como el instrumento divino para castigar y finalmente sustituir a los romanos como pueblo elegido por Dios.

De este modo, su visión sobre los godos es positiva siempre que vaya de la mano de la ortodoxia religiosa. Además, se esfuerza por presentarlos como aliados de Roma en todo momento, pero siempre según su libre elección, al considerarlos un pueblo muy celoso de su libertad (HG 9). En su concepción, los visigodos son la representación de la virtus (el valor guerrero) pero carecen de la pietas o religiosidad, hasta que todo el pueblo se convierte al credo católico niceno siguiendo a Recadero, en el 589.

De esta forma, la narración de la batalla de los Campos Cataláunicos es un punto importante dentro su Historia. Mucho más corta que la versión de Jordanes, ya hemos citado al principio de este trabajo cómo Isidoro también concibe esta batalla como un suceso extraordinario, único en el tiempo y decisivo por su entidad. Pero antes de este fragmento Isidoro relata el desarrollo de la batalla con estas palabras:

Teuderido [Teodoredo], hecha la paz con los romanos, con la ayuda del general romano Aecio entró nuevamente en lucha abierta en los Campos Cataláunicos contra los hunos, que tenían sometidas a una cruel devastación las provincias de la Galia y causaban la destrucción de muchísimas ciudades, y allí sucumbió victorioso en medio del combate. Los godos, entonces, con la intervención en la lucha de Turismundo, hijo del rey Teuderido, se lanzaron a la pelea con tal fuerza que entre el primer combate y el último quedaron tendidos en tierra casi trescientos mil hombres. (HG 26)

Lo que podemos extraer de este fragmento es un importante cambio cualitativo respecto a Jordanes: en primer lugar contemplamos a un Teodoredo que muere victorioso en medio del combate. En medio siglo, y por la intención del narrador, el embarazoso tema de la muerte de Teodoredo queda superado por medio de una muerte gloriosa en la batalla, luchando en primera línea. Pero todavía más interesante nos parece la actuación de Turismundo, en un segundo momento de la contienda, que encabeza y lanza a los godos a la victoria de forma contundente, sin dejar que la muerte del rey frene su ímpetu o valentía guerrera, su virtus. La exageración en el número de muertos no sería sino el resultado de hacer visible y verídica la figura de unos guerreros que, terribles e imparables, chocan contra las fuerzas enemigas, arrasándolas.

Los detalles de Jordanes aquí no tienen cabida: Isidoro muestra cómo el resumen de la batalla no son las dudas, las retiradas o las treguas que antes veíamos, sino la convicción firme e inquebrantable de la esencia guerrera de los visigodos, siguiendo la coherencia de su relato al combinar la virtus goda a la pietas romana. Así, Isidoro termina diciendo cómo los hunos, destrozados casi hasta el exterminio, abandonaron las Galias con su rey Atila, huyendo a Italia (HG 27), donde el emperador derrotó a los restos del ejército. No obstante, Isidoro continúa con una breve descripción de las costumbres del pueblo de los hunos, citándolos como el instrumento de la ira de Dios, que castiga a los romanos por sus vicios e impiedades, pero también presentando a los godos como el instrumento divino, providencial, que los frena, por su virtud y fuerza.

Si nos acordamos, Jordanes no estableció separación entre batalla y coronación de Turismundo. Pero Isidoro ha insertado este paréntesis narrativo para cambiar el tono de su relato, con el fin de decir lo siguiente:

En el año primero del imperio de Marciano, Turismundo, hijo de Teuderido, es promovido al reino durante un año. Éste, como ya desde el comienzo mismo de su reinado, por su carácter salvaje y criminal, inspirase sentimientos hostiles y actuase de modo insolente, fue muerto por sus hermanos Teuderico y Frigdarico. (HG 30)

Frente al Turismundo que en Isidoro unas líneas antes era el guerrero glorioso, que con su arrojo y coraje guió a los godos a la victoria, ahora nuestro autor presenta su faceta impía, por la que en última instancia es rechazado en su relato. Mientras, Jordanes nos dice que Turismundo reinó tres años, y que tras la batalla vivió en paz, querido por su pueblo en Tolosa, pero al tiempo cayó enfermo y fue asesinado por Ascalco, uno de sus clientes. Jordanes finaliza diciendo: Pudo no obstante vengar su propia sangre matando a algunos de los conspiradores con un escabel que cogió con la única mano que tenía libre (De origine 228); es decir, mantiene su fuerza hasta la hora de la muerte.

La visión de Tolkien

Pocas referencias hay para esta batalla después de estos relatos, y ninguna tan larga. Si hubo un poema o cantar, como parece apuntar la altura y consideración de la misma, no se nos han conservado referencias directas o indirectas. Sin embargo, su altura épica y lírica es evidente. Esto debió considerarlo Tolkien tras su lectura, y decidiría convertirla en uno de los puntos de inflexión determinantes en El Señor de los Anillos. Ya en boca de Gandalf realiza una premonición que es la siguiente:

Os diré [a los gondorianos] que habéis tardado mucho en reparar el muro del Pelennor. El coraje será ahora vuestra mejor defensa ante la tempestad que se avecina… el coraje y la esperanza que os traigo. (SA 5 I:24)

Esto recuerda a la visión de Jordanes de que no es momento para tretas, sino la hora de confiar en la virtus, en el espíritu o virtud militar. Pero veamos ya como comienza propiamente su relato, con Théoden:

Ante la oscuridad y ya frente a los campos del Pelennor, la figura encorvada del rey se enderezó súbitamente. Y otra vez se le vió en la montura alto y orgulloso […] nadie era tan rápido como el rey Théoden. Galopaba con un furor demente, como si la fervorosa sangre guerrera de sus antepasados le corriera por las venas en un fuego nuevo; y transportado por Crinblanca parecía un dios de la antigüedad, el propio Oróme el Grande, se hubiera dicho, en la batalla de [los] Valar, cuando el mundo era joven. El escudo de oro resplandecía y centelleaba como una imagen del sol, y la hierba reverdecía alrededor de las patas del caballo. (SA 5 V:64-68)

Théoden es aquí el Teodoredo anciano que veíamos arengar a sus tropas y encabezarlas en la batalla pese a su edad. En plena carga continúa Tolkien, intentando recoger las canciones de los rudos godos de Jordanes en su obra:

Y de pronto los ejércitos de Rohan rompieron a cantar, y cantaban mientras mataban, pues el júbilo de la batalla estaba en todos ellos, y los sonidos de ese canto que era hermoso y terrible llegaron aun a la ciudad. (SA 5 V:68)

Luego Tolkien aborda el capítulo VI del libro 5, dedicado expresamente a La Batalla de los Campos del Pelennor, con una referencia al Capitán Negro de la siguiente manera:

No era un cabecilla orco ni un bandolero el que conducía el asalto de Gondor. Las tinieblas parecían disiparse demasiado pronto, antes de lo previsto por el amo del Capitán Negro… (SA 5 VI:1)

Esto nos recuerda a la imagen de Atila que dibujó Jordanes, sobresaliendo sobre la masa de guerreros que, más allá de los ostrogodos y los gépidas, a sus ojos eran mediocres. No hay que olvidar cómo, por ejemplo, Tolkien recoge en la carta 270 a Christopher Tolkien sus reflexiones sobre Atila, o la conferencia sobre Bárbaros y ciudadanos en el St. Anne’s College que cita Tom Shippey (The road… 17).

El momento de la muerte de Théoden tiene lugar prácticamente al principio de la batalla, al igual que la de Teodoredo, pero Tolkien dará su particular interpretación:

En la plenitud de la gloria del rey, el escudo de oro empezó a oscurecerse. La nueva mañana fue quitada del cielo. Las tinieblas cayeron alrededor. Los caballos gritaban, encabritados. Los jinetes arrojados de las sillas se arrastraban por el suelo. […] Crinblanca, enloquecido de terror, se había levantado sobre las patas, luchaba con el aire, y de pronto, con un grito desgarrador, se desplomó de flanco: un dardo negro lo había traspasado. Y el rey cayó debajo de él. (SA, 5 VI:4-5)

Tolkien no duda de la muerte que narra Jordanes en su obra, pero tampoco de la imagen idealizada que pretende transmitir San Isidoro. Él opta por una vía propia en Théoden, armonizando la presencia de la flecha perdida que comentábamos en su momento, y que cayera de su caballo, siendo pisoteado únicamente por éste, y por accidente. Todo ello añadiendo la imagen de un rey que mantiene su gloria pese a morir de esta forma.

Lo que Tolkien no concibe, como tampoco lo hizo San Isidoro, es la imagen de un rey pisoteado por sus propios soldados. Para ello pone en boca de Éomer las órdenes que evitan esta escena. Al seguir la narración leemos:

En ese momento llegó Éomer al galope, acompañado por los sobrevivientes de la escolta […] quienes lo rodeaban lloraron, clamando:— ¡Théoden Rey! ¡Théoden Rey! Pero Éomer les dijo: ¡No derraméis excesivas lágrimas! Noble fue en vida el caído y tuvo una muerte digna. Cuando el túmulo se levante, llorarán las mujeres. ¡Ahora la guerra nos reclama! Sin embargo, Éomer mismo lloraba al hablar. —Que los caballeros de la escolta monten guardia junto a él, y con honores retiren de aquí el cuerpo, para que no lo pisoteen las tropas en la batalla. Sí, el cuerpo del rey y el de todos los caballeros de su escolta que aquí yacen. (SA 5 VI:31-36)

Lo valorable de este pasaje es, además, la visión de unos rohirrim que en este momento representan a los godos, llorando ante el cuerpo muerto de su rey, como hombres valientes ante una muerte gloriosa.

Finalmente cabe citar los últimos fragmentos de la batalla. Ya aclamado como rey, Éomer,

Sin esperar la llegada de los hombres de la ciudad, montó y volvió al galope hacia la vanguardia del gran ejército, hizo sonar un cuerno y dio con fuertes gritos la orden de iniciar el ataque. Clara resonó la voz de Éomer a través del campo: — ¡Muerte! ¡Galopad, galopad hacia la ruina y el fin del mundo! (SA 5 VI:37-38)

Como Turismundo avanzó fuera de sí para vengar la muerte de su padre, según los relatos vistos, aquí Éomer clama por un contundente ataque. Pero con el revés de las naves del sur aproximándose al campo de batalla, dice Tolkien:

Se proponía levantar al fin un muro de escudos, y resistir, y combatir a pie hasta que cayera el último hombre, y llevar a cabo en los campos de Pelennor hazañas dignas de ser cantadas, aunque nadie quedase con vida en el Oeste para recordar al último Rey de la Marca. Cabalgó entonces hasta una loma verde y allí plantó el estandarte, y el Corcel Blanco flameó al viento. […] el señor de un pueblo indómito. (SA 5 VI:59-61)

A esto último ya hizo referencia San Isidoro expresamente, con el carácter de los godos como pueblo libre en base a su coraje o virtud guerrera. Pero podemos ver dos elementos más: primero, la convicción plena de realizar hazañas que merecerían cantos y el recuerdo de generaciones futuras, tal y como sucedió con los Campos Cataláunicos en vista de Jordanes. Y por otro, el guiño que creemos poder ver con el detalle de la loma verde, que recuerda a la pequeña loma tomada por las tropas de Turismundo y Aecio en plena batalla contra Atila, y cuyo dominio facilitó la victoria.

Los testimonios de la épica goda

Bien es cierto que los rohirrim, en la Batalla de los Campos del Pelennor, tal como reconoce Tolkien en la carta 187, muestran en los cantos realizados en la batalla el esquema aliterado anglosajón. Pero esto no va en detrimento de poder ver en la batalla una visión particular de Tolkien sobre otras historias «reales», como la de los Campos Cataláunicos, que ha remodelado y dinamizado con otros elementos de su propia subcreación, reformulándolos y recogiéndolos de forma armonizada en el relato.

Cuando vemos a Éomer disponiéndose a realizar hazañas dignas de ser cantadas, podemos ver una actitud de gran altura: la misma que tuvieron en su tiempo los godos en la Batalla de los Campos Cataláunicos. El mismo relato de Jordanes sobre los funerales de Teodoredo, en plena contienda, donde se realizaron cantos mientras lloraban la muerte de su rey, son un testimonio directo de la existencia de los mismos. Pero no es el único, como veremos con Hermanarico. Y es que el mismo San Isidoro, para centrarnos en los autores que hemos recogido en este breve ensayo, cita otro suceso con elementos extraordinarios que bien pudieran haber sido dignos de mención en cantos: nos referimos al extraño milagro que sucede en el reinado de Eurico, pocos años después de la muerte de Turismundo:

Eurico, estando cierto día reunidos los godos en asamblea, observó que las lanzas, que todos llevaban en sus manos, cambiaron durante algún tiempo, por la parte metálica, es decir, por la punta, la forma propia del hierro, tomando unas el color verde, otras el rosáceo, unas el azafranado, otras el negro. (HG 35)

Esto se ha interpretado como un presagio de su muerte, pero poco más se ha comentado. Igualmente Atila tuvo presagios de su derrrota antes de la batalla, según fragmentos de Jordanes que no hemos recogido para no hacer más pesada la lectura.

La presencia de una épica en lengua goda, al menos oral, se manifiesta como decíamos en otro fragmento de Jordanes, referente al tan mitificado Hermanarico, al que, según dice nuestro autor, algunos de nuestros antepasados lo comparan con razón con Alejandro Magno (De origine, 116). Hermanarico también conoció la presencia de los hunos, a los que se enfrentó: Aunque había obtenido el triunfo sobre muchos pueblos no dejó de inquietarse ante la llegada de los hunos (De origine, 129), tal era el miedo que parecía preceder siempre a los hunos. Pero existe otro poema que es necesario recoger y comentar.

La Batalla de los Godos y los Hunos

Recientemente Christopher Tolkien ha publicado la traducción inglesa de un poema llamado La saga del rey Heidrek el Sabio, del original Heidreks Saga o Hervarar Saga. Ésta pertenece al grupo de las fornaldarsogur, o Sagas de las Eras Antiguas, que constituyen el grupo de relatos más antiguos que se conservaron en la tradición nórdica. Al final de la misma encontramos los fragmentos del llamado poema de la Batalla de los Godos y los Hunos, objeto de acalorados debates sobre la situación de su escenario geográfico (The saga…, xxi). Nuestro interés reside en las conexiones que puede tener con el momento de los Campos Cataláunicos, pero también, y como está más reconocido, con la época de Hermanarico.

Shippey, en su reseña a la traducción de Christopher Tolkien, nos dice cómo este poema is in one way a mirrorimage of one of the most famous and probably most ancient Old Norse poems, “The Lay of Hamthir,” which is certainly based on a historical event of the late fourth century. (Reseña, 139)

Es decir, tiene paralelos con otro poema, el Cantar de Hamthir, situado a finales del siglo IV. Cualquier intento por identificar nombres de personajes reales con los protagonistas de estos poemas ha sido infructuoso, y la conclusión de Christopher Tolkien, a la que se une Shippey, es que las raíces de este poema no se pueden identificar ni entroncar con ningún suceso histórico que conozcamos; es más: es imposible fijar un momento preciso para la misma. (The saga… xxiiii; Reseña,141)

Lo que nos debe parecer claro es que este poema de la Batalla de los Godos y los Hunos es un elemento superviviente de una tradición de cantares o poesía épica que con certeza existió en época de los godos, pero que no llegó a fijarse por escrito, o si se hizo no se han conservado los manuscritos. No obstante, otros elementos apuntan en las mismas direcciones: es el caso del héroe Walter, en el Waltharius latino o su versión anglosajona Waldere, que se adscribe al héroe (visi)godo que llega a aparecer en el famoso Cantar de los Nibelungos.

Pero hay otros elementos que muestran la presencia de cantares elaborados con una base histórica como raíz. Están las numerosas referencias a Hermanarico en poemas y sagas, mitificado como ya hemos visto con Jordanes, que lo considera el Alejandro Magno de los godos, y también otros dos casos: La Saga de Teodorico de Verona o Thidreks Saga, y el Hildebrandslied o Cantar de Hildebrando. Ambos se encuentran en el contexto del reinado de Odoacro el hérulo, o bien del ostrogodo Teodorico, y sin duda son la permanencia en la memoria de los pueblos de tradición germánica de las hazañas que lograron algunos personajes heroicos, en este caso en el sur. No en vano, el Beowulf es otro poema que deberíamos al menos citar al participar de este proceso, aunque sus hazañas se realicen en el norte.

Hay un elemento más que apunta a la posible existencia de una épica goda todavía a finales del siglo VI o aún más tarde (la batalla de los Campos Cataláunicos es de mediados del V, como decíamos), de manos de los visigodos: nos referimos a la idealización de la figura de Brunequilda, princesa visigoda hija de Atanagildo que se casó con Sigiberto y fue madre de Childeberto II de Austrasia, llegando a tutelar los tres reinos merovingios y a tener una vida digna de un cantar. No en vano, su fuerte personalidad queda recogida en la Historia de los Francos de Gregorio de Tours, pero lo que para nosotros es más importante: también formó parte de la memoria colectiva de la época y los períodos posteriores, ya que fue tal su carácter que marcó a su generación. De este modo se llegó, a través de los años y su recuerdo, a identificarla con la valkiria Brynhildr, presente en las mismas Eddas y que igualmente aparecerá como reina en el Cantar de los Nibelungos, en el personaje de Brunhilda. No obstante, aunque tengamos registrado el proceso de mitificación de la misma a través de los cantares, no sabemos con certeza el momento en que se idealizó su figura. Es probable que ambos procesos, realidad e idealización, fueran de la mano desde el principio.

Conclusión

El mismo proceso podríamos estar contemplando con el relato de la Batalla de los Campos Cataláunicos y las referencias a la Batalla de los Godos y los Hunos. Si ya en su época se mitificó, en el cantar que cierra la Heidreks Saga podemos ver cómo se cita un Myrkvidr o Bosque Negro, situado entre hunos y godos (y que Tolkien recoge para su Mirkwood), donde los hunos estarían al sur y este de la tierra de los godos (The saga… xxvi); o cómo se hace referencia en otro cantar anglosajón, el Widsith, a que hunos y godos se enfrentaron en los bosques del Vístula. (The saga… xxvii)

Después de la lectura que hemos hecho de ambas fuentes, Jordanes e Isidoro, e indirectamente por la visión particular que da Tolkien, creemos en la posibilidad de estar viendo una superposición de dos batallas. Según hemos visto y está reconocido, lo que prima en estos relatos no es la precisión estricta de sus elementos, sino la forma en que se transmite su significación. De ahí que una primitiva batalla original, identificada con algún acontecimiento sucedido entre Hermanarico y los hunos, haya podido unirse en el relato de la Batalla de los Campos Cataláunicos, tan elevada por Jordanes, recordada por Isidoro, y con una actuación de Teodoredo y Turismundo cargada de elementos susceptibles de ser aprovechados por la épica. Ambas llegarían a identificarse por sus características, armonizando sus elementos particulares en un relato coherente.

Quizá de ahí la imprecisión e incapacidad de establecer respuestas definitivas: es la misma imprecisión que cuando vemos a un Atila aparecer en el Cantar de los Nibelungos junto con personajes posteriores, como Brunhilda, Walter o Gontrán. Simplemente porque no importa la exactitud rigurosa del relato, sino la transcendencia verdadera de su mensaje para elaborar un modelo de actuación y referencia que sea recordado e imitado por las generaciones presentes y futuras. Es aquí donde creemos que triunfa el intento de Tolkien por adecuar, en base al modelo de la batalla de los Campos del Pelennor, la memoria de la batalla de los Campos Cataláunicos, imprecisa en detalles pero tremendamente viva y dinámica. Y es que creemos que él realizó, a la manera de otros autores de la Antigüedad o del Medievo, una actualización propia y original de los acontecimientos pasados, transmitidos a través de cantos, para ser contemplados en los nuevos tiempos. Todo ello desde una visión en la que se busca articular diferentes tradiciones antiguas, llenas de vitalidad, que trascienden, inmutables en su esencia, al paso del tiempo.

Daniel Hernández San José

 

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El cerco sagrado germánico

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Si nos referimos a la mitología de los antiguos escandinavos -o más específicamente, a su cosmogonía-vemos que la tierra consta de tres áreas independientes: Asgard, hogar de los dioses; Midgard, el mundo de los hombres; y Utgard, el lugar donde viven los gigantes, es decir, la de las fuerzas hostiles del caos. Extendiéndose por todo el mundo está el océano en el que vive la serpiente de Midgard (Midgardsormr). La coherencia de todo el edificio está asegurada verticalmente, por Yggdrasil, el árbol cósmico, y horizontalmente por la serpiente de Midgard, a veces llamado el “vínculo de la tierra.” El apocalipsis (Ragnarök) ocurre cuando todos los vínculos de unión se desvanecen y las fuerzas del caos, al no ser controladas por ninguna barrera, se lanzan a atacar al mundo de los dioses.
Debe notarse, de paso, que los tres recintos del mundo son palabras compuestas que incluyen sistemáticamente gardr, una palabra que significa valla y es indicativa de lo sagrado. Es así que gardr (gart en alemán) se remonta a la raíz indoeuropea gherdh que significa “tejer, atar”. El gardr es, por tanto, el vínculo concreto y a la vez religioso que mantiene la cohesión del dominio y el asiento familiar, El centro de las actividades judiciales y de culto. El sacrificio del Disablot a los espíritus femeninos (disir) se realizó en el hogar, al igual que el Álfablot, el sacrificio dirigido a los elfos. Fue un acto de sacrilegio atacar al gardr, capaz de provocar un acto de venganza en respuesta, como ocurre en la Saga de Viga Glum (capítulo 7). Por lo tanto, el universo estaba organizado en torno a una serie de círculos concéntricos -los recintos- cuyo centro es el hogar de la familia.
Es especialmente importante evitar caer en la creencia de que esta visión del mundo estaba restringida a los antigua germanos Se ha demostrado que el espacio en la Austrasia carolingia a veces se percibía como una serie de esferas concéntricas, la más pequeña consistente en la villa, el pagus y la civitas. Que con el vicus y el castrum eran los marcos fundamentales del espacio cotidiano. La loca pagana se encontró en los márgenes de este espacio.
Las antiguas leyes anglosajonas dicen que cada santuario estaba rodeado por un fripgeard. Un gardr fue construido alrededor de todos los lugares germánicos antiguos que se consideraron sagrados, tales como una fuente, un árbol, o campos. Estos lugares fueron designados hörgr en nórdico y harug en antiguo alemán, significando “santuario, lugar de culto.” Los lombardos tenían un templo de madera (fanum) cerca de Tortona rodeado de árboles (Vita Columbani, bk. 2, capítulo 25).
¿Qué fue lo primero que ocurría una vez que se había establecido un espacio sagrado? Se construiría una cerca llamada skidgardr o stafgardr, que por su propia naturaleza indicaba la naturaleza sagrada del espacio cerrado, una santidad que probablemente se extendería a los ocupantes del espacio. De hecho, la proscripción de un hombre trataba de expulsarlo de su dominio, despojándolo así de su naturaleza sagrada (mannhelgi), que significa hacerle heilagr, “desprovisto de naturaleza sagrada”.
El hecho de que esta naturaleza sagrada derive de sus vínculos con la tierra y con su hogar emerge claramente de la historia de Örn. Según el Libro de los Asentamientos, “fue condenado de tal manera que perdió toda inviolabilidad a manos de los hijos de Örnund si lo encontraban fuera de Vaelugerdi o dentro de un tiro de arco de su propiedad” (S 348). Por lo tanto, se puede ver que la naturaleza sagrada de la propiedad marcada por un gardr se extiende dentro de un tiro de arco de esa frontera, algo que el nórdico designó por el término örskotshelgi, un compuesto de örskot, “tiro de flecha”, y helgi, sagrado.”
La arqueología ha revelado que los sitios de culto en el oeste medieval —antiguo inglés ealh / alh, baro, hearg; Nórdico; lundr, vé; Y el antiguo alto alemán, baro, harug, loh—son espacios cerrados, y cuando se trata de un bosque, también es un espacio cerrado o claro que sólo se entra en ciertas ocasiones. Recordemos lo que Tácito dijo en su Germania acerca de la adoración de Nerthus en una arboleda sagrada situada en una isla (capítulo 40, 3) y el bosque sagrado de los Semnones, que “nadie entra a menos que esté atado por un grillete, Inferior que manifiesta el poder de lo divino “(cap.39, 2). – La isla en el río o el mar es un gemelo idéntico del claro del bosque. El Lex Ripuaria (Código Legal de los Francos Ripuarios) estipula que los juramentos deben ser juramentados “en el bosque de avellanos” (in araho jurare), y en alemán antiguo la palabra forst (bosque, madera) designa el lugar donde el tribunal se reúne. Hincmar de Reims menciona los robles en 877; Los textos legales dicen “debajo del tilo o junto a él” (en 1258 y 1261), y no debe olvidarse que los dioses del panteón escandinavo se reunieron bajo el fresno, Yggdrasil-el árbol cósmico.
De acuerdo con el poema alemán Muspilli del siglo IX, la colocación del tribunal (mahalstat) tenía que ser marcada (kimarchot), y lo mismo era cierto para los antiguos escandinavos que llamaban a este lugar domhringr, el “círculo de juicio”. Fue descrito como un “lugar más sagrado” (helgistadr mikilf), porque está demarcado por “vínculos sagrados” (vebond, singular veband). El Thing, la asamblea de hombres libres donde se juzgan los juicios, está rodeada de estacas de avellana, entre las que se enlaza una cuerda (Saga de Egil, cap. 56). Ocurre que vé significa “santuario” -esto se relaciona con la antigua palabra sajona wîh, “templo” -y bönd significa tanto “lazos” como “deidades” (porque los dioses son vistos como “vinculantes”) Las estacas, conectadas por una cuerda para formar un área cerrada, se llamaron septa judicalia en 1283 y rihtepale en alemán alto medio, que significa “estacas legales”.
Para los duelos (holmgangr), que originalmente tenían lugar en una pequeña isla (holmi o holmr) -y también son un elemento frecuente en los romances medievales- un espacio sería marcado con personal de avellano y un sacrificio de animales a los dioses se haría antes del combate (saga de Gisla, capítulo 2). A veces el sacrificio (blôtnaut) tenía lugar después del combate (saga de Heidarviga, capítulo 4). Las estacas que marcan el espacio se llaman tjosnur, singular tjasna (saga de Kormàks, capítulos 10 y 23), y el sacrificio a veces se hizo como se indica por la palabra tjôsnublôt, “sacrificar a las estacas, a los marcadores de frontera”. En el poema medio alto alemán el Nibelungenlied, los juramentos son todavía jurados dentro de un círculo.

Lo anterior no debe dejar ninguna duda sobre la naturaleza sagrada de todos los espacios que han sido cerrados o dado algún tipo de límite. Podríamos añadir a estos ejemplos los de los castillos del otro mundo rodeados por una barrera mágica.

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¡Lógica Odinista!

12523938_215597072131924_4755016448068204009_nMe gustaría confesar que antes de iniciar este comunicado me he planteado muchas veces realizarle o exponerle públicamente, debido, a que un texto puede dar a mal interpretaciones si no se escucha con el tono que se exponen las palabras, pero voy a intentar explicarlo de una forma que cualquier persona pueda entenderlo.
Antes de nada, os pido disculpas si os tomáis mis palabras en mal sentido, pero creerme si os digo que es todo lo contrario y lo expongo lo más afable que puedo.
Empezando con mi exposición en un tono bastante “campechano”, os comentare que llevo observando desde hace un tiempo, a un conjunto de personas que vienen a preguntar a C.O.E Cantabria sobre actividades que realizamos y sus respuestas son “curiosas” (por llamarlas de una manera).
Me gustaría aclarar, que nosotros somos una confesión legalmente establecida en España y registrada en el Ministerio del Interior, es decir, que no somos un grupo de amigos que nos reunimos para simular nada o crear “talleres”, somos personas normales que tienen unas creencias y las llevamos a la práctica como muchas otras religiones que se encuentran actualmente por toda España y el mundo.
De las actividades que hemos realizado, nos hemos encontrado con personas que alegaban que querían acudir a nuestros actos pero… que no realizaríamos ningún acto religioso porque eran ateas… ahora pregunto yo ¿no creen que es un sin sentido acudir a una actividad religiosa, la cual, la realiza un culto religioso para sus propios feligreses, y que nos digan, que no quieren que esta no realice acto alguno de culto porque el que acude es ateo?, LÓGICA señores, LÓGICA!!
De otras actividades que en el propio cartel que realizamos expone que solo son para miembros de la Comunidad Odinista de España(que lo expone literalmente), y que acudan personas a preguntar que NO SON DE ODINISTAS, reitero, QUE NO SON ODINISTAS y quieren entrar en nuestro local privado para ver como esta puesto todo (esto último literal) y cuando amablemente le exponemos que es un acto privado… automáticamente nos han llamado “fascistas”, ahora pregunto yo ¿Qué tiene que ver la política, con que no se le permite entrar a una propiedad privada porque es un acto privado?, por si alguien no lo entiende correctamente, es como si alguno de ustedes realiza una reunión en su casa con amigos y llega un tercero que nadie le conoce de nada solicitando entrar… como no le dan entrada les insulta… LÓGICA señores, LÓGICA!!
Todavía la cosa se pone más graciosa, cuando te envían mensajes en privado para hacerte el favor de enseñarte “rezos al niño Jesús” o el “credo cristiano”, en primer lugar, muchas gracias por ese tiempo dedicado a nosotros, pero, nosotros no acudimos a otras religiones imponiendo nuestra doctrina, directamente, por que respetamos!!, pero que ya nos pongamos en pleno siglo XXI a “cristianizar” páginas web es dantesto!!, por favor, preocúpense de sus feligreses y busquen la manera que no se les vallan marchando a causa de “mi culpa, mi culpa, mi gran culpa”, ya que desde que nacen, les convierten en pecadores si o si, nunca he visto una religión que abrace la idea de no sentirse vivos ya que todo el día es una penitencia. Pero ante todo, respeten!!, por lo tanto LÓGICA señores, LÓGICA!!
Es importante citar a los perfiles falsos que mezclan política con religión o tocino con velocidad, son usuarios de las redes sociales con carencia de vida pública y que van de auténticos “malotes” de la vida, son muuu peligrosos porque juegan a videojuegos de la Play o Xbox o incluso de ordenador!!, y su peculiar visión de nuestra religión se basa en unas pinceladas en videojuegos, serie de tv, películas o cualquier circunstancia. Con todo el respeto, sus conversaciones suena a algo así: “¿Cómo te llamas? Respuesta: patatas traigo”. Les invitamos que antes de plantear cosas o mezclar cosas, les insistimos que lean libros o que entren en la web www.asatru.es , en los cuales les ayudara a comprender nuestra forma de pensar.
Por último y no menos importante, no nos dedicamos a la magia, no somos un taller solo para runas, no queremos otros “panteones de dioses”, somos simplemente una religión odinista, para aquellos que no lo entiendan pondremos un ejemplo muy explicito, en el cual, no pretendemos insultar a ninguna otra religión, ejemplo:
“Es como si ustedes acuden a la religión cristiana alegando que son musulmanes para sugerirles a estos que adoren a los dioses romanos para realizar actos a favor de la entidad de la Santa Muerte…. “
¿Ven la ilógica? Pues bien, si nosotros creemos en la confesión odinista, que solo tenemos nuestros dioses, rituales para los mismos etc… ¿Por qué quieren que nos dediquemos a otros “panteones”?, por favor!!! LÓGICA señores, LÓGICA!!
Y también decir que no somos un taller o cualquier otra índole, somos una religión!!! O acaso ustedes van a otras religiones para pedirles talleres y encima rematando la actuación alegando que “son muy retrógrados” porque no se abren a otros panteones… ¿en serio?, ¿de verdad que van a otras religiones y les sugieren otras creencias?, por favor!!! LÓGICA señores, LÓGICA!!
Podría dar un último ejemplo pero prefiero no seguir con este texto que ya se ha convertido en bastante extenso. Invitarles a que si se sienten odinistas o quieren hacer una pregunta sobre nuestra religión, aquí nos pueden encontrar para lo que necesiten, pero les pedimos por favor que antes de soltar la primera palabra, reflexionen lo que van a decir, gracias, y que los dioses estén con ustedes!!

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Beowulf, el Godo.

El poema de Beowulf es el máximo exponente de poesía primitiva inglesa. Fue escrito de forma anónima en anglosajón o inglés antiguo y ha sido objeto de estudio por ser una de las joyas más preciada de la literatura inglesa. Es el poema por excelencia de los pueblos germanos, conquistadores de los antiguos britanos.

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La leyenda fue transmitida oralmente durante siglos hasta que, gracias a los signos latinos, pudo ser escrita. Se calcula que el primer manuscrito de esta epopeya estaría entorno al siglo VII. Sin embargo, el texto más antiguo que se conserva en el museo británico es del año 1000.

La gesta se centra en dos fases de la vida de Beowulf, héroe de los gautas. La primera narra la juventud del guerrero y la segunda su muerte, siendo ya un rey anciano. Se marca con ello los momentos cruciales de la vida de Beowulf, su iniciación como héroe y su declive, su muerte.

A pesar de las referencias cristianas la obra tiene un marcado sentido pagano, buscado por el propio autor. Beowulf es un héroe pagano. Su muerte y sus gestas no están orientadas a la búsqueda de la santidad o a la espera de otra vida, como ocurre con otros personajes medievales como el rey Arturo o el propio Cid Campeador. Tolkien opina que el autor del poema quería mostrar el ideal de heroísmo de los pueblos germanos y vikingos, anteriores al cristianismo. Sin embargo, no obvia la influencia de esta fe en la obra, su representante será Hrothgar, rey de los daneses.

  1. Beowulf y Grendel.

Hrothgar simboliza al rey anciano y sabio creyente, es decir, cristiano. Mientras que Beowulf es el guerrero ético, pero pagano. Por ello su destino, vaticinado por Hrothgar no es la vida eterna, sino el honor (dom) que le dispensara su pueblo.

La acción comienza en el reino danés de Hrothgar, que es asolado por Grendel, un ogro que odia a la humanidad. Es la música y la felicidad de los hombres de Hrothgar lo que despierta la ira de este asesino. Grendel es descrito como hijo de Caín, lo que vincula al cristianismo. Sin embrago, a pesar de ello, su figura está más cerca de la mitología germánica, en la que los monstruos eran concebidos como productos de la tierra y de la roca. Estos personajes se diferencian claramente de los elfos, espíritus y duendes, que tenían una relación más espiritual.

Grendel ataca todas las noches el castillo de Hereot, construido por el monarca danés, y devora a sus súbditos. Todas las noches se produce la matanza de los hombres, que ya no saben qué hacer contra el ogro. Por fin, llega a oídos de los gautas los asesinatos de Grendel y el más valiente de entre ellos se encamina a socorrer a sus aliados. Beowulf es descrito como “el indomable de los gautas, valeroso guerrero que en fortaleza superaba a cualquiera.”

Hereot

Para mostrar su valía Beowulf decide enfrentarse contra Grendel con las manos desnudas, tal y como pelea el monstruo. De esta forma la batalla será igualitaria. Ello juega también un rol significativo en el desenlace final, ya que una magia protegía al ogro de cualquier herida por armas. Cuando cae la noche en Hereot el asesino se desliza ansioso de sangre y da muerte a uno de los hombres de Beowulf. Pero este ataque da la alarma al resto que se abalanzan sobre él. Nadie consigue dañarle, salvo Beowulf que se arroja a la batalla.

Grendel conoce entonces el miedo cuando no logra librarse de tan temible adversario. Busca el monstruo huir a la ciénaga, pero es inútil. El gigante no consigue escapar antes de que el héroe le hiera de muerte y le arranque un brazo. Éste es puesto como señal de triunfo en el palacio. Todos celebran la derrota del ogro y se consideran libres de sus crímenes.

Sin embargo, la noche siguiente una nueva muerte entristece a Hrothgar y a sus hombres. La madre de Grendel aprovechando la oscuridad ha saciado su venganza en quienes habían dañado a su hijo. Fue descubierta la bruja y tuvo que huir a la ciénaga. Tras ella fueron los gautas y los daneses para darle muerte.

Llegan los guerreros a las aguas que son su guarida, pero ninguno de ellos se atreve a atravesarlas. Beowulf se sumerge solo en ese lago de muerte. Esto se ha comparado en algunas ocasiones con la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Lo que sí parece claro es que hay un descenso a los infiernos, elemento común en muchos mitos como el de Ulises o Don Quijote. Las aguas como símbolo de la muerte es también un lugar común en la mitología.

El héroe es atacado por serpientes y bestias hasta que llega a la madriguera de la loba. La bruja nota la presencia del héroe y se lanza contra él. Beowulf responde a este ataque. Sin embargo, por vez primera su espada hierra el golpe. El guerrero no pierde el tiempo y se arroja a la batalla con sus propias manos. La madre del ogro contratacó con fuerza y el héroe cae de espaldas. Por suerte es ahora el filo de la ogresa el que falla el golpe al chocar contra su armadura. En ese momento de apuro Beowulf ve una hoja cincelada por gigantes. La toma del suelo y la calva en el cuello de la arpía, que cae muerta.

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El guerrero examina el lugar buscando a Grendel y acabar así con los años de pesar que la bestia había causado. Pero es tarde el cuerpo del ogro yace sin vida en la cueva. Beowulf le corta la cabeza para llevársela a Hrothgar. La sangre del gigante hace que la espada mágica se derrita. Esta misma sangre hace hervir las aguas del lago. Los hombres que esperaban el regreso de Beowulf piensan al verlo que éste ha caído y se marchan a dar la noticia al rey. Sólo los gautas confían en su héroe y esperan su regreso.

Beowulf cruza de nuevo el lago y reaparece purificando esas ponzoñosas aguas. El héroe se dirige al palacio acompañado de sus guerreros y allí es cubierto de gloria. Lleva consigo la cabeza del monstruo y la empuñadura de la espada que cercenó su cabeza y mató a la bruja.

  1. Beowulf y el Dragón.

Estas dos gestas convierten al guerreros gauta en un héroe y así regresa a su tierra. Beowulf se ha alzado con la victoria no frente a un ejército o a otro hombre, sino que su lucha ha sido contra un ogro. El final de un guerrero tal tiene que estar en consonancia con su principio. De ahí que Tolkien vea en el Dragón un digno adversario, el único digno para semejante héroe.

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Pero si a Grendel y a su madre se enfrenta al comienzo de su vida como guerrero, el Dragón es la última de sus pruebas. Le llega cuando se ha convertido en un monarca justo, que protege a su pueblo. Para un héroe pagano la valentía y el honor eran elementos cruciales. No se busca la bienaventuranza de la otra vida, sino la fama en el combate. Esta importancia del coraje en todo el poema marca su tinte precristiano. Las referencias cristianas quedan en segundo plano. El fin de Beowulf es sucumbir frente al Dragón, de la misma manera que en la mitología nórdica el fin de todos los dioses y héroes era morir en el Ragnarok.

Beowulf se enfrenta al Dragón sabiendo esto. Su responsabilidad como monarca le lleva a proteger a su pueblo de esta bestia, que ha despertado de su letargo. La causa de los ataques de la sierpe es el robo de parte de su tesoro por un hombre. El Dragón simboliza la avaricia y la codicia.

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El héroe ya mayor se vuelve a enfrentarse a su destino solo. Todos sus hombres huyen al ver al gigantesco animal y el fuego que este despide, salvo Wiglaf. Este guerrero, recordando a su valeroso y bueno señor, va en su ayuda cuando el combate parecía ya decidido en su contra. Un temible golpe asienta contra el dragón haciendo que el fuego que amenazaba a Beowulf amainara. Así el rey pudo rematar a la sierpe clavándole en el vientre su puñal.

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Los guerreros salen victoriosos, pero Beowulf está herido de muerte. Wiglaf echa en cara los demás hombres su cobardía y manda emisarios a la corte para anunciar la muerte del rey. Beowulf pide ver el tesoro del Dragón antes de morir y ordena que le construyan un túmulo en la costa. Wiglaf, representación de la lealtad, obedece las últimas órdenes de su rey.

Beowulf recibe un funeral pagano. Es incinerado al lado del mar y llorado por su pueblo, al que espera, tras la muerte de su protector, un futuro desesperanzador. La muerte y la desesperanza parece el resultado final del poema, lo que marca su carácter pagano. Sólo la memoria del coraje de Beowulf queda como señal de sus gestas.

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COE: 36 años en la lucha por Odín.

Hoy es una fecha importante para el Odinismo-Ásatrú, 21 de enero.  Casi nadie recuerda que en tal fecha murió en Bizancio Atanarico, —Atahanareiks— el último kindins[1] (lo más asemejado a rey, Jefe de todos los kindreds del pueblo godo) que tuvo el pueblo Tervingio, antecesor de los visigodos. Atanarico fue plenamente consciente del veneno que constituiría para el conjunto del pueblo godo la presencia del cristianismo dentro del mismo. Fue el primero de los pueblos germánicos en enfrentarse abiertamente contra él y en defender la religión ancestral Odínica. No es de ninguna manera “casualidad” que estos dos eventos se hayan superpuesto, sabemos que el wyrd y el örlog caminan de la mano por senderos inescrutables, y nos sentimos afortunados por ello, que simbólicamente 1600 años después de morir semejante héroe ese mismo día, naciera a la vida el COE, la comunidad odinista-asatru.

Los primeros pasos en el restablecimiento de la antigua religión ni fueron fáciles ni nos fueron regalados; surgidos del cuerpo monolítico de la omnipresente presencia del cristianismo en occidente y el mundo, empezaron en el primer tercio del siglo XX, truncándose por el estallido de la segunda guerra mundial y no fue hasta los años de la década de los 60 cuando se plasmó gracias a los esfuerzos de los entonces pioneros, Else Chrístensen, Stephen McNallen y John Yeowell. El verdadero éxito llegó de la mano de Sveinbjörn Beinteinsson con el reconocimiento de nuestras creencias en Islandia, en 1973.

En España, los primeros y titubeantes pasos se dan a partir de 1977, en unas condiciones de falta de información y documentación acerca de nuestra religión. Solo unas decenas de personas se empeñan en seguir el antiguo paganismo germánico, todas dentro del entorno universitario. Y es en ese entorno, cuando en Madrid se celebra el solsticio de invierno del 1980, con la asistencia de varias personas interesadas en Odinismo. El éxito fue tal que el miércoles—día de Odín—21 de enero de 1981, tiene lugar el acta fundacional del CÍRCULO ODINISTA ESPAÑOL, en la localidad madrileña de HOYO DE MANZANARES, con el fin de estudiar, practicar y difundir esta religión, el Odinismo.

Creamos una plataforma de información y desarrollamos una comunidad, luchamos contra la intolerancia del postfranquismo, pero la fruta no estaba madura y el movimiento progresaba lentamente. Nos marcó a toda la terrible fuerza del destino, que nos puso a prueba. Muchos cayeron, unos absorbidos por el sistema y otros porque no tuvieron la fuerza de mantenerse firmes cuando todo se hundía y nadie se libró de la misma, que ahora sabemos que Odín nos puso a prueba, y así nos ha permitido disfrutar del éxito justamente merecido.

No nos gusta la palabra “revelación”, pero no encontramos otra más adecuada, por lo que otra vez estemos en marcha. No vamos a relatar los hechos maravillosos que nos han ocurrido y que han hecho que estemos dispuestos a luchar otra vez, a cumplir nuestra misión a la que hemos sido designados por el Altísimo. Dicen que hasta que no pierdes el miedo a la muerte no llegas a ser un verdadero creyente (de cualquier religión), al menos, hemos dado un paso más. Esperamos que cuando abandonemos este mundo, lo hagamos con dignidad y no sintamos el pánico de los cobardes, del que hablan las Eddas, cuando enfilemos el dorado puente hacia el Valhalla, Bífrost. Establecimos contacto con todos los grupos Odinistas y Ásatrú del mundo, que en aquel tiempo se limitaban a seis o siete. Hemos querido mostrar algún documento de aquella época, como testimonio vivo de nuestra fe.

Queremos dar las gracias a todas las personas que de una forma u otra han contribuido a COE a ser lo que es hoy en la actualidad, la referencia de Odinismo-Ásatrú en España. Pero no debemos vivir de los recuerdos ni dormirnos en los laureles, si difícil ha sido la lucha de aquí en el pasado, fuerte se vislumbra para el mañana, graves retos y un mundo convulso nos esperan, pero que las dificultades y los problemas sean más que un acicate para espolear nuestro espíritu de lucha y combate, donde nuestros amados Dioses nos observan atentamente.

Gloria a nuestros Dioses y Héroes.

La Comunidad Odinista de España-Ásatrú actual es la heredera de aquella asociación, ahora convertida en confesión religiosa oficialmente reconocida por el estado. Queremos desde esta pequeña sección rendir homenaje a los hombres y mujeres que hicieron posible ese proyecto, allá por los años 80, sin el cual ahora no sería posible el Odinismo en España. Queremos que nuestra lucha sirva de ejemplo para todos para aquellos hermanos que, en algún momento de sus vidas, hayan visto flaquear su fe, sepan tener constancia, ya que solo los fuertes puestos a prueba son dignos del Valhalla.

[1] Figura institucional jurídico-pública en forma bien diferenciada de lo que sería propio del caudillo de una “Gefolgschaft” o del que agrupase a varios como él.

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Hacia un nuevo Paganismo Odinista

Los conceptos modernos del paganismo tienen en común que, aun cuando son intuiciones precisas, ancladas en el inconsciente colectivo, están elaboradas de una forma incompleta. En todos los casos se toma a cada uno de los miembros físicos de la religión europea para realizar en el conjunto su proyección espiritual, a uno de los atributos por la sustancia. El problema reside  en que, en ninguno de los casos, la intuición abarca más que, en cada ocasión, un solo atributo. Si estuviésemos hablando de matemáticas, trataríamos de conseguir la ecuación integral a partir de innumerables fórmulas diferenciales.

Este estudio temprano que se realizó para la recuperación del paganismo europeo a lo largo del siglo XIX y XX adoleció de tres cosas:

-De no poder concebir el paganismo como algo perfeccionado en sí mismo,  sino como antagonista al cristianismo.

-De no poder ver al Paganismo en su sustancia, sino sólo a través de sus atributos y, aun así, en general, sólo a través de determinados atributos y no de la suma de todos ellos.

-El cristianismo, al mismo tiempo que se opone al paganismo, desciende de él, y contiene muchos elementos que de él derivan; pero el concepto así formado adolece radicalmente de haber sido concebido dentro del propio instinto cristiano del que busca deshacerse.

Unos han buscado hacerse paganos, o imitar a los paganos, educándose en una objetividad puramente visual; la objetividad pagana era, sin embargo, no sólo visual, sino estrictamente temperamental. No era sólo el empleo de lo perfectamente objetivo, o de cualquier otro sentido; era la objetividad esencial de que aquéllas representaciones simbólicas eran sólo las manifestaciones de la vida reflejadas en nuestros sentidos.

Era necesario ir más lejos, despojarse del hábito cristiano de hacer que la realidad comience y acabe con nosotros; pasar a vivir de la sensación hacía fuera, y no de la sensación hacia dentro, como ha sido el hábito en Cristo. Reconstruir el paganismo involucra, pues, como primera acción intelectual, hacer renacer el objetivismo puro de la tradición indoeuropea. Todo lo demás que se intente no pasa de reproducción estéril de los elementos secundarios o incluso accesorios del paganismo antiguo. Por eso nunca hubo, dentro de la civilización cristiana, tentativa alguna que de pagana merezca ese nombre, aunque haya habido varias con sobradas pretensiones a ese respecto. No ejemplificaremos exhaustivamente, pues la tarea, además de ser inútil, sería extenuante y larga. Enumerar toda la basura cristiana con las pretensiones paganas de los Matthew Arnolds, de los Oscar Wilde y del Walter Paters del bajo cristianismo, sería tedioso y desolador. Esta gente juzgaba estar con los antiguos paganos, cuando en realidad, chocaban en su confrontación personal con el cristianismo, por lo que ellos [sic] llamarían razones estéticas; no pasan de ser discípulos cristianos, no tienen ningún vínculo real con el paganismo, sino sólo de ciertas escuelas filosóficas que el paganismo produjo.

Pero así como los actuales paganos a fuerza de separarnos de nuestra civilización cristiana de los últimos 2000 años, hubiéramos tenido la noción precisa de lo que constituye la esencia del paganismo, no quiere decir por eso que pasemos inmediatamente a ser paganos, neopaganos o re-paganos. Esas cosas, que habitualmente tratamos de comprender sólo con la inteligencia, nada son y nada valen. Tiene el individuo que nacer con la cosmovisión general arquetípica europea  para comprenderla y colocarla  en el centro de su sensibilidad. El individuo tiene que nacer pagano para ser pagano. Pagano Nascítur, non fit, como el  decimos del poeta, y, al final, como todo lo que es estable en este mundo.

Incluso fijar una teoría filosófica del paganismo, no es posible para quien no tenga una organización naturalmente objetivista de la inteligencia y de la sensibilidad, una construcción de los sentidos y de las emociones de tal modo modelada que interprete objetivamente las cosas. Podría ser así, y nunca considerarse pagano el resultado. Si así no fuera, puede construir un alma postiza con fragmentos de las Eddas, que nunca pasará de ser un vil cristiano. Téngase presente siempre que nacer pagano representa nacer libre de más de veinte siglos de civilización cristiana, porque las influencias que finalmente se revelaron en el cristianismo estaban desde hace mucho en acción en el entorno de los países europeos cuna del paganismo. Recuperar el paganismo europeo no es utópico, porque nada es imposible. Sobre todo no lo es en nuestra época en que la civilización cristiana se esparce hacia todos los puntos de la insania, se deshace por completo, se anula a sí misma en el último arranque de su envilecidísima alma sensual, abyecta, del esclavo que mató al señor y todo lo que de noble tiene la vida.

No en necesario que nos vinieran a decir los demás que el cristianismo es más triste que el paganismo, ni que nos viniese a hablar Chesterton, para expresar lo contrario, que es más alegre que el paganismo. Ambas cosas son ciertas. El cristianismo es, de hecho, más triste y más alegre que el paganismo. Siendo por su naturaleza un fenómeno enfermizo, presenta la oscilación característica de la histeria (de aquello que se llama histeria) donde comúnmente se vive en los extremos y en el apogeo de las emociones y donde todo es posible menos el equilibrio y la sobriedad.

El odio de Nietzsche al cristianismo le aguzó la intuición en estos puntos. Fue en nombre del paganismo grecorromano que elevó su grito, creía él; pero sin embargo fue dentro del paganismo germánico de sus mayores, donde buscó y encontró sus raíces más vitales. Y aquel Dionisio, que contrapone a Apolo, nada tiene que ver con Grecia.

El cristianismo está en liquidación. Por todos lados se deteriora y se marchita. Lo que era misticismo e interioridad lo abandona, para formar la sustancia de los diversos agrupamientos ocultistas que abundan en todo el mundo. Lo que era aspiración humanitaria lo abandonó hace un par de siglos, que fue el pan del bizantinismo sociológico de los demócratas, de los socialistas y de los anarquistas. Lo que era tendencia imperialista, se impulsó para su absorción por la sociedad laica, sin embargo se desvaneció como fenómeno cristiano: pasó al campo político, y la fiebre de dominio que agita a las dementes sociedades contemporáneas no es más que un fermento cristiano, desubicado de su lugar religioso. Así, el cristianismo se descompone al pasar, como en todas las decadencias, aquellos elementos que le permiten tener una vida propia, para actuar separados del cuerpo al que pertenecían, y que lo conformaban.

La reconstrucción del paganismo es un auxilio prestado a la causa pendiente por la civilización occidental. Esa reconstrucción pagana habrá necesariamente de seguir tres caminos, porque, el cristianismo se disuelve en tres elementos, que quedan independientes de él, o que el ataque directo al cristianismo los deja vivos y sanos.

-Tenemos que atacar al misticismo y al subjetivismo abyecto del ocultismo y del protestantismo decadente.

-Tenemos que atacar el humanitarismo y la forma pervertida de lo que se autodenomina actualmente “democracia”, productos cristianos, hijos pródigos del cristianismo.

-Tenemos que oponer resistencia, aunque sea de una forma intelectual, a la estulta globalización, imagen y semejanza de la Iglesia católica, que viola aquel principio de la nacionalidad cuyo símbolo máximo es la estirpe o kindred.

Y esta triple tarea —o, mejor, esta tarea triplemente orientada— tiene que apoyarse en una base, y esa base está en la íntima estructura de la naturaleza de las cosas. Esto es, tenemos que invertir los valores fundamentales del cristianismo, para que lo sequemos en su misma fuente y origen.

Así las cosas, el cristianismo no solo se deshace, sino que las partes en que se deshace, a su vez, se deshacen unas a otras. En veinte siglos de dominio de las almas, el cristianismo no consiguió ni imponerse ni deshacerse, y todo cuanto ha hecho, ha sido hecho por serie de reacciones contra él, como en la imperfecta reacción humanista, casi neopagana, del Renacimiento, y la abyecta reacción neo humanitaria de la Revolución francesa.

Nosotros, los nuevos paganos, debemos comenzar por el principio, por el adoctrinamiento abstracto, intelectual de los principios del contracristianismo. Con el asedio y Ia decadencia de la religión cristiana, con el debilitamiento, sobre todo, de su poder en los espíritus, y de su valor en las evaluaciones de la vida social —que progresivamente se revela en la época que es costumbre fechar, por conveniencia de claridad, desde la Revolución francesa, y que hoy está vigente—, sucedió que muchos espíritus intentaron, según les era posible, reconstruir el sentimiento pagano. La mayoría se vio influenciada por consideraciones provenientes por un lado del estado social creado por el crecimiento de las industrias y el consecuente aumento del proletariado más culto, y por otro lado hijas del pasajero prestigio que el estrecho materialismo científico, de moda en el siglo XIX, creó, y de ese modo, al pretender salir del cristianismo y por no poder, por la fatalidad del espíritu humano, desligarse del molde religioso, se congregaron en torno a ideales de naturaleza religiosa, pero desnudos del cuño espiritual casi siempre, en el nivel más allá de lo terrenal, que la filosofía del siglo imponía. Así se formaron las corrientes socialista, sindicalista y anarquista en el pensamiento dinámico de nuestra época.

Pero, fuera de esa mayoría, aquellos espíritus cultos para quienes la antigüedad pagana no era algo desconocido, se acogieron a su sombra benigna, e intentaron, de una forma o de otra, reconstruir en sí el paganismo latente. Se diría que el intento no pasaría de un entretenimiento de escolásticos o de eruditos, si no fuera porque en el cristianismo, y sobre todo en el cristianismo católico, están incluidos fuertes elementos paganos. El cristianismo se nos presenta compuesto por tres elementos:

-El elemento cristiano propiamente dicho.

-El elemento pagano contenido en la presencia de aquellos santos que todos sabemos son sólo sucesores deformados de los dioses,

-Aquel elemento propiamente religioso que todas las religiones contienen.

Con la disolución reciente del sentimiento cristiano se escindió el cristianismo en sus elementos que se desprendieron de él con varios rumbos. El sentimiento cristiano propiamente dicho —la compasión, la caridad— continuó, despojado de los atributos religiosos, en las doctrinas llamadas de la Revolución francesa. Libertad, Igualdad y Fraternidad es un lema que pudo ser del cristianismo, si éste no tuviera además el elemento sobrenatural típico de lo religioso. Este mismo elemento, aliado ya al religioso, motivó las diferentes broad churches y low churches, diferentes disidencias, y sobre todo las distintas formas aproximadas de socialismo cristiano que han surgido no hace mucho. El sentimiento de lo sobrenatural, liberado del sentimentalismo cristiano, desembocó en el renacimiento del ocultismo, patente hoy por todo el orbe. Ciertas escuelas del ocultismo —como la Sociedad teosófica, que es, ostensiblemente, la más fuerte— no abandonaron, es cierto, el sentimiento cristiano, en su intención fraternal. Pero el hecho es que el renacimiento ocultista, como tal, no se apoya directamente en el humanitarismo cristiano, y sí en la pura revivificación de la noción de lo sobrenatural, sin otros atributos o elementos anexos.

La pluralidad de los dioses es, en efecto, una de las características del paganismo. Pero es necesario que se entienda cuál es el sentido que subyace a esa pluralidad, hay que ver cuál es el espíritu que la anima. Y para eso es necesario tener presentes tres cosas:

-Que encima de los dioses, en el sistema pagano, está siempre el Örlog incorpóreo, que somete a dioses y a hombres a sus decretos inexplicados.

-Que los dioses se destacan de los hombres y son superiores a ellos por una cuestión de grado, que no de orden, que ellos son hombres perfeccionados o perfectos, hombres mayores, por así decirlo, antes que hombres diferentes o ultrahombres;

-Que un arbitrio absoluto, y no una razón de orden moral —como la intervención de Cristo por los suyos, o las apariciones de la Virgen a sus méritos virtuosos— rige las relaciones de los dioses con los hombres.

Con la percepción clara de estos tres elementos típicos del plurideísmo pagano, se podrá comprender el sentido íntimo de la mitología germánica.

El primero de estos elementos se refiere a la noción, intuitivamente exacta y confesa en sus creyentes, de una ley natural —el Örlog—que rige por encima de la propia fuerza y grandeza de los dioses, y cuyo sentido se desconoce, pero que actúa siempre y sobre todo impera.

En el segundo elemento se reconoce una mentalidad que tiene necesidad de objetivar todo, y para la cual los dioses no son fantasías concretizadas, sino probabilidades aumentadas.

En el tercer elemento se recoge la justa noción de las cosas que tuvieron los pueblos que observaron que la ley moral no tiene valor fuera de la ciudad y del poblado, y que, en su conjunto, no rige al mundo. Ellos vieron bien que la religión y la moral son necesidades sociales, no son hechos que valgan en la metafísica de las acciones; que en todo gobierna el arbitrio, en el sentido de lo amoral. Esta noción instintiva, de asumir la moral y la religión antes como virtudes cívicas que como realidades metafísicas, es uno de los hechos en que más hay que reparar en una apreciación del espíritu del Paganismo.

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Descubierto un Mjölnir con inscripción

 

 

Es una de las armas mitológicas más conocidas de las que hemos oído hablar, el martillo de Thor, el arma protectora de Asgard, que ayudó a impedir la destrucción de la ciudad celestial de Asgard por los gigantes.

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El descubrimiento se hizo en Dinamarca, en la isla de Lolland, donde los arqueólogos han desenterrado con éxito un siglo 10 “Thorshammer”, poniendo fin a un largo debate entre arqueólogos e historiadores sobre cómo la leyenda del martillo de Thor influyó en la mitología vikinga y sus joyas. “Esto es un martillo”, dice la inscripción tallada en un amuleto metálico de 2,5 cm que lo convierte en el único con una inscripción real.

La etiqueta de identificación, escrita en alfabeto rúnico -utilizado por los vikingos- hace de este descubrimiento una pieza única entre miles de obras similares que se han encontrado en Escandinavia, las Islas Británicas, Rusia y los países bálticos, según los arqueólogos, con que se cree que representa el arma del dios del trueno, Thor llamado Mjölnir.

El descubrimiento de esta pieza única fue realizado por Torben Christjansen, un arqueólogo aficionado, utilizando un detector de metales. En Dinamarca, el uso de detectores de metales para la búsqueda de antigüedades es legal, aunque cada artefacto encontrado debe ser entregado al Museo Nacional, que determina su origen, la autenticidad y, finalmente, premia al descubridor. “Existe una estrecha colaboración entre los museos y los arqueólogos aficionados. Nos beneficiamos de su trabajo “, dice Henrik Schilling, funcionario de relaciones públicas del museo, donde se analiza la pieza descubierta, y luego se convierte en parte de la colección del museo.

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La investigadora Lisbeth Imer del Museo Nacional de Dinamarca se encargó de traducir la inscripción “Hmar x is”. En una declaración de la institución, la especialista describe el descubrimiento como único y dice que no tiene dudas sobre las palabras que se supone que decir “Martillo”, pero apunta hacia el hecho de que la inscripción estaba mal escrita. El autor de la inscripción perdió la primera vocal de la palabra martillo “, dijo, argumentando que esta omisión podría ser por razones de espacio. Sin embargo, todo el mundo está agradecido al autor misterioso de la inscripción, ya que hizo posible aclarar finalmente las dudas que los investigadores tenían en el pasado sobre el martillo de Thor.

Todo el mundo en el Museo Nacional de Dinamarca está muy feliz con el descubrimiento; Los eruditos sostienen que estos amuletos en forma de martillo no eran sólo piezas ornamentales como muchos creían que eran, pero este descubrimiento en realidad apunta hacia la evidencia como la representación del martillo mítico de Thor.

En la mitología nórdica, Mjölnir (pronunciado ‘miol-neer’) se describe como siendo una de las armas más de gran alcance hechas siempre, capaz de los grandes hechos, destruyendo y construyendo. Su único propietario es Thor, el mítico Dios del Trueno y protector de Asgard.

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Según un informe,este objeto histórico se fundió en bronce pero tiene rastros de plata y del chapado de oro.

Desde que los investigadores han estado haciendo excavaciones en las naciones vikingas, miles de objetos han sido desenterrados, pero ninguno de ellos ha tenido la importancia de este descubrimiento.

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